Runa. Revista bimestral del Instituto Nacional de Cultura de Perú. Num. 5, agosto-octubre, 1977

Desde los primeros meses de 1976 el Instituto Nacional de Cultura de Perú publica la revista bimestral Runa, que da testimonio de las preocupaciones culturales de ese país. El número 5 incluye tres artículos que coinciden con el desarrollo cultural de cualquier país latinoamericano. En Un Género literario despreciado, Jorge Basadre escribe una “breve introducción a La antigua canción política popular” y presenta algunas de las letras que considera más representantivas de este género. Su lenguaje, dice Basadre, “ama el crescendo y lo fabrica con astucia o franqueza. A menudo, esta palabra busca La presentación de su objetivo mediante eliminaciones y exageraciones, sobre todo cuando va a la alusión a una persona y elabora una representación de ella en la que el rasgo característico se torna mucho más visible de lo que hubiera sido en cualquier representación pura, fiel a la realidad del retratado. Así, con su unilateralidad y su exageración, deshace la inflada pretensión del adversario y muestra desnuda su vacuidad”. El género, de gran vigencia -aunque no muy reconocida- en todos los países del continente, es motivo de estudios cada vez más difundidos y condensa una tradición que parte del romancero y ha contribuido a enriquecer la expresión popular, tanto en su música como en su literatura.

En otro artículo, Ricardo González Vigil da un recuento de la poesía y la narrativa peruanas de la década de 1960-1970. Los escritores peruanos han creado influencias importantes en el desarrollo literario de América Latina. Hace unos años, la joven poesía mexicana siguió de cerca la formación de los grupos peruanos reunidos en torno a las publicaciones de Hora Zero, a través de las cuales existía un constante intercambio interno en el Perú. Este movimiento fue impulsado con entusiasmo por la generación anterior, bautizada como “los nuevos” -Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Mirko Lauer, Carlos Henderson y Marco Martos- y de la cual salieron dos libros que son todavía fuentes importantes de la poesía que se escribe ahora en cualquiera de nuestros países: Canto Ceremonial para un Oso Hormiguero (Cisneros) y Contranatura (Hinostroza). El movimiento de poesía de Perú no ha detenido su vitalidad; desde la formación de Hora Zero participan activamente poetas como José Rosas Ribeyro, Oscar Málaga, Elqui Burgos y Tulio Mora, de quienes es muy posible esperar nuevas proposiciones en cualquier momento.

En cuanto a la narrativa, Ricardo González Vigil toma la obra de Vargas Llosa como lo más importante después de la generación de Ciro Alegría y Arguedas. Luego afirma: “En 1968 debutan tres autores de importancia para el futuro de nuestra narración: Alfredo Bryce (Huerto cerrado), José Antonio Bravo (Las noches hundidas) y José Hidalgo (Cuentos al pie del mar). Con ellos, sobre todo con Bryce y Bravo, se puede considerar establecida nuestra nueva narrativa, luego de las búsquedas del 50 y los hallazgos de Vargas Llosa.”

El artículo central de este número, sobre la importación de libros, es una serie de entrevistas con Mario Vargas Llosa, Presidente del PEN Club Internacional, Javier Sologuren, Presidente del Centro Peruano del PEN Club Internacional, Blanca Varela, gerente del Fondo de Cultura Internacional, y otros representantes de editoriales y librerías peruanas. El alto costo de libros es un fenómeno que ocurre en todas partes, pero específicamente constituye un grave problema en países como Perú y México. Sobre las causas del encarecimiento de libros que llegan a Perú desde México, Blanca Varela responde: “El libro, como cualquier otro producto -y no precisamente importado- pasa antes de llegar a las manos del consumidor (lector) por una serie de estadios que lo encarecen. Por ejemplo, en ciertos casos, en el país de origen tiene un precio y para la exportación, tiene otro. Es verdad y es lamentable que en el Perú se haya convertido en un objeto de lujo, muy caro; pero las devaluaciones que ha sufrido nuestra moneda son las que han determinado esta súbita alza de precios. Cuando los libros provienen de ciertos países, como en nuestro caso de México, tenemos como una carga mayor un flete aéreo sumamente alto; flete que nos hemos visto forzados a emplear muchas veces para poder abastecer la demanda de nuestros textos oportunamente.” ¿Se debe entonces a los fletes aéreos el alto costo de los libros importados? Sería interesante hacer en México un debate similar al que realiza la revista peruana.

El documento Bases para la Política Cultural de la Revolución Peruana, (Runa, no. 6, nov.-dic. 1977) empieza por definir la palabra cultura: “Entre los antropólogos de campo ha ido ganando terreno la idea de que la cultura es la suma o repertorio total de las expresiones y el quehacer de una sociedad determinada: sus usos e instituciones, sus creencias y mitos, su organización familiar, instrumentos, armas, vestidos, formas de gobierno, comidas, canciones, prácticas funerarias, etc. Este criterio totalizador ha dado excelentes resultados prácticos en los inventarios de los antropólogos de campo y ha venido siendo asumido por diversas disciplinas de las ciencias sociales.” Los planteamientos básicos de una política cultural revolucionaria se establecen a partir de los puntos siguientes: descolonización de la cultura, revaloración de la cultura popular, desarrollo de la conciencia crítica, democracia cultural de participación y afirmación nacional en la cultura. Según las Bases…, “en tanto se alcanza el objetivo final de la participación en la cultura, el Estado debe jugar un papel desencadenante de la acción cultural. Para ello es fundamental que se promueva una completa reformulación de las pautas tradicionales y prerrevolucionarias con las que se ha venido afrontando el problema de la cultura en el país. Será necesario, en primer término, que en el curso de la realización de las acciones de política cultural se supere el modelo impositivo de una administración pública centralizada y paternalista y se contemple el trabajo protagónico que deben cumplir las personas, grupos e instituciones relacionados con el quehacer cultural, sin que esto implique una versión tecnocrática de la cultura ni el surgimiento de variantes indeseables por sus características de exclusividad y sus implícitos riesgos de manipulación”. En cuanto a la presencia de los intelectuales en esta política cultural, el documento establece que: “La presencia de los intelectuales es imprescindible en el proceso de cambio cultural, pero es necesario transformar cualitativamente esa presencia. En este sentido, una meta clara debe ser la superación del elitismo, que aísla a los intelectuales y les impide dar a su obra una significación social y comunitaria. Se trata de que se pongan al servicio del pueblo y descubran formas prácticas de participar con los sectores marginados en la tarea de expresar sus experiencias y su pensamiento”. Esa superación del elitismo intelectual constituye un problema en países que establecen sus programas desde planteamientos revolucionarios, un problema de difícil solución si la cultura se constituye y se maneja de manera oficial.

José Maria Arguedas, actualmente uno de los escritores reconocidos en todo el ámbito cultural de Perú y del continente, sufrió en carne propia el choque que significa el ascenso cultural desde las clases populares hasta la posición de intelectual. El escritor fue criado en una comunidad indígena y toda su vida conservó el quechua junto con el español como medio de comunicación, al igual que ciertas actitudes características del indígena peruano. Arguedas sufrió toda su vida una desubicación existencial, de la cual da testimonio dramático en su última novela El zorro de arriba y el zorro de abajo (Editorial Losada, Buenos Aires 1971, tercera edición), al final de la cual se suicida después de anunciar su muerte con lujo de detalles. El número 6 de Runa publica una serie de artículos sobre este escritor, así como testimonios de amigos suyos en torno a las causas de su determinación suicida. Se habla de un divorcio y depresiones constantes que Arguedas admite en la novela, causadas por algún desajuste nervioso que nunca pudo curar. Cualquiera que haya sido la causa, la forma de su muerte y la lucha de su vida reflejan las condiciones críticas que rodean a los intelectuales que buscan, como Arguedas, crear una obra fiel a su realidad.

Las inquietudes culturales que recoge la revista Runa son representativas de inquietudes similares en nuestro país. Un intercambio frecuente con este tipo de revistas nos dará una perspectiva más amplia sobre nuestros propios problemas.