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Cuentos populares de la Madre Muerte (Siruela) reúne 44 relatos de diversas épocas y latitudes que se aproximan a antiguas formas de entender la muerte. Presentamos una de las narraciones que integran el volumen.


Un día Luna, viendo que los hombres vivían angustiados pensando en la muerte, decidió enviar a la liebre para que les contase la verdad: los hombres y las mujeres han sido hechos a imagen y semejanza de Él y por eso no mueren, sino que, igual que Luna, comienzan a menguar, a apagarse, hasta desaparecer; pero al poco tiempo, como Luna, vuelven a la vida, grandes y resplandecientes.

Pero la liebre se entretuvo por el camino y se le olvidó el mensaje de Luna. Cuando se encontró ante un hombre, comenzó a titubear:

—Ehhhh, esto… que me envía padre Luna a deciros que… que…, como él, menguaréis y os apagaréis hasta desaparecer. Pues… sí… esto es lo que me ha mandado deciros Luna.

Luego, la liebre se fue y regresó temerosa ante Luna. Cuando Luna se enteró del mensaje incompleto que había transmitido a los hombres, enfadado, la agarró de las orejas y la lanzó contra la Tierra partiéndole el morro para siempre. La liebre, dolorida, cogió su manta, la calentó al fuego y, cuando estaba ardiendo, la lanzó contra Luna provocándole quemaduras. Es por eso por lo que la luna tiene manchas, es por eso por lo que las liebres tienen el morro partido y es por eso por lo que hombres y mujeres creemos que nos morimos…

 

Cuento popular bosquimano.
Edición de Ana Cristina Herreros.

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