cuento-cubano

Los autores de Desde la isla. Joven narrativa cubana (Cal y arena), libro compilado por Caridad Tamayo Fernández, han convertido a los desclasados y marginales en sus protagonistas. Publicamos uno de los relatos incluidos en el libro.


Ésta, es la última lágrima que cayó en La Habana. Sonó como un ¡glim! Sonó como un ¡glam!… Cayó, saltó, de mis ojos. Sonó como un puaf. Como un track. Sonó como un panfletazo. Como un martillazo. Como un choque de grúas, como una lata con piedras. Como una bomba. Sonó como un grito mudo. Como un trueno en un cielo despejado. Como una campana. Como un puñal. Como un laberinto.

Esa mujer me gusta. Su silencio pequeño-burgués es el que me gusta. Su odio es el que me gusta. Podría gritar como gritaría una madre histérica, pero se queda en silencio, tranquila. Ella, esa mujer, es la que me hace recordar que traje a la muchacha bajo el puente. La traje hasta aquí y le dije, baja esa botella. Le dije, tú y yo no deberíamos hacer estas cosas. Tú y yo no deberíamos apostar. Tú y yo somos amigas de la Universidad… Somos jóvenes, somos militantes de la juventud, somos la joven promesa, somos la esperanza del mundo, somos las próximos modelos de la Playboy y la Calvin Klein, somos la promesa del software, somos la vanguardia, somos el proyecto, somos el proyecto del proyecto, tenemos esa cosa de un futuro por delante… Ustedes no deberían picarse, no deberían drogarse, no deberían raparse, no deberían acostarse hembras con hembras ni varones con varones, no deberían lastimarse, no deberían usar punzones en los bolsillos, no deberían ver pornografía, ustedes no deberían gritarse, no deberían ser tan animales…

Ella, esa mujer, es la que me hace recordar que traje a la muchacha bajo el puente. Regresa a tu casa, burguesona, y olvida a tu hija, olvida tu dolor, haciendo compras en el Mercado de 70. El dolor se cura, el dolor pasa, el dolor se amortigua llenando la cesta del mercado, el dolor se calma con un shampoo hidratante de keratina, un par de zapatos, un vestido, nueva ropa interior, sábanas nuevas, toallas nuevas, aceite de oliva, y tinte L’Oréal. El dolor se entretiene con crema de maní, con mantequilla de chocolate y maní…. Pero su odio pequeño-burgués y silencioso es el que me gusta. Podría gritar como gritaría una madre histérica, pero acepta mis empanadas de coco y guayaba, y me mira… Mira, te cayó encima una flor… La tienes enredada en el pelo… Mejor quítatela tú misma… Sí, atrás… Tienes la flor enredada, atrás…

Que las armas son peligrosas: lo sé. Que la marihuana te engancha: lo sé. Que la heroína te da sobredosis: lo sé. Que no me junte con malas compañías: lo sé. Que no se pide dinero prestado: lo sé. Que no llegue tarde: lo sé. Que no juegue por dinero: lo sé. Que el cigarro y el alcohol dan vicio: lo sé. Que debo usar condones: I know. Que estoy sola y debo cuidarme a mí misma: lo sé. Que no se aguanta leña de un tipo: lo sé. Que hay casas de la FMC1 para aprender a coser, a bordar, a tejer: ya, ya. Que hay campañas contra la No Violencia: oh, yes. Que hay otros que viven mejor que yo. Que no importa cómo voy vestida, sino lo que tengo dentro: lo sé. Que los dientes se cepillan cuatro veces al día: lo sé. Que el trabajo fortalece al hombre: lo sé. Que el dinero ilegal te vuelve ilegal: lo sé. Que con la policía no se discute: lo sé. Que no puedo dar el culo por dinero: hello. Que el hambre pasa pero la deshonra no: no lo sé.

Ustedes quizás imaginan cien tipos de asaltos. Planificados. Imaginan cien asaltos bien pensados. Una pandilla esperando a la hija de ustedes para atracarla. Una pandilla de santiagueros o tipos de Luyanó o una pandillita de Pogolotti, delincuentes, mataperros, lacras, violencia juvenil, presidiarios, reparteros, marginales, callejeros. Y sólo fue un asalto imbécil. Un atraco, un golpe, un asalto más, un asalto cualquiera, anónimo, de esos que suceden todos los días por esta zona… No le hice nada a tu hija, sólo zarandearla un poco… Apostamos por una puta de ojos verdes. Y tu hija perdió, ¿entiendes? Perdió la computadorita, perdió los audífonos, y perdió, creo, el jean, los tennis, y un poco de dinero. Boberías… La puta prefirió besar esta boca… Y llegué a mi casa con tremenda pinta, las Filas de tu hija en los pies… Tu hija, no quería que le devolvieran nada. No quería los tennis, ni el dinero, ni la computadora. No quería nada. No venía por eso. Quería pelear. Tocaba a la puerta y decía sal, cabrona, sal, hija de puta, ven, sal… Tu hija rompió la botella contra la puerta de mi casa. Tu hija quería hundir la botella en mi pecho, ¿entiendes? ¿Me pasas el azúcar, por favor? Gracias. No fue un asalto bien pensado. No fue una pandilla. Me insultaba, tu hija, con su botellita en la mano. La botella la rompió ella misma y quería usar los picos para cortarme. Yo no quería dañarle un riñón, pero el vidrio fue directamente a su riñón. Y luego al otro riñón. Yo nunca había golpeado a alguien. Pero ese día, a tu hija, le di todos los golpes que acumulé bajo este puente… Le di por todas las veces que he sido yo quien ha recibido los golpes… Estaba en el suelo, y seguía con ganas de fajarse. Dijo muchas cosas feas tu hija… Dijo que somos unos hambrientos, unos miserables, unos culo roto, unos limosneros, unos sin techo, unos asquerosos, unos del cuarto o quinto mundo, que bajo el puente viene siendo un sexto o séptimo mundo… Dijo que somos… Somos: piojosos de permetrina, larvas sin donde pegarse, subdesarrollados, imbéciles, estafadores, pobretes que no pueden quitarse del culo la tinta del papel periódico. Tu hija dijo que somos unos pegadores de suela al vapor, unos miserables, unos tomadores de café con chícharo, unas basuras, unos hongueros peste a pata que usan tintura de mangle rojo, unos carcañales cuarteados, ripiados, unos que usan el mismo cepillo el año entero, unos reciclados, unos pestíferos que raspan el fondo de la cazuela, unos parasitados con ameba, giardia, y oxiuros que no se curan nunca, eso dijo tu hija… Unos remendadores, unos cosedores de ropa vieja que debería botarse, unos pega botones, me dijo, y no nos cansamos de remendar, de reparar, toda la mierda que tenemos rota… Y dijo más, dijo… Mira, te cayó encima una flor. La tienes enredada en el pelo. Sí, ahí… Mejor quítatela tú misma…

literal-anestesia

La piedad es un sentimiento que te debilita.

La piedad te hace cargar con otros, enfermar por otros.

Nada es más asqueroso que la piedad.

La piedad es un sentimiento que te debilita.

Nada es más asqueroso que la piedad.

La piedad es un sentimiento que te debilita.

Triunfarán los rubios y los trigueñones, grandes, altos, fuertes, inteligentes, homosexuales, todos los que hagan buen uso de sus cuerpos, sus dos manos y dos pies.

Triunfarán los que sean sometidos a constantes cirugías estéticas. Los que eliminen sus colgajos, sus piedades, sus pellejos, sus lastres familiares, los que no tengan un hijo que alimentar.

Triunfarán esos, los primeros en llegar, los de la última palabra, los de voz fuerte para dar órdenes, los de arriba, los listos, los jefes, los que tengan dólares, euros, libras esterlinas, pesos mexicanos.

Triunfarán los oportunistas, los sabios sin escrúpulos, los de mentes de carril estrecho.

Triunfarán los que aprendan inglés a toda máquina, francés, y dominen más de 20 programas de computación.

La piedad es un sentimiento que te debilita. La piedad te hace cargar con otros. Nada es más asqueroso que la piedad.

Triunfarán los oportunistas.

¿Triunfaré? Triunfaré.

¿Triunfaré?

Triunfaré porque de mi vida tengo que ocuparme yo misma. Triunfaré porque he inventado nuevas formas de subsistencia, mis propios negocios, mi libra de carne del alma. Triunfaré porque ya está inventada la venta de órganos, la venta de la espalda para cargar como una mula, la venta de piernas para mover bicitaxis como en la edad de piedra, la venta de mi cerebro a un capitalismo que pueda pagarme mejor, la venta de mi estómago para transportar cocaína envuelta en preservativos. Triunfaré porque puedo sacarme una muela y venderla para que otro use un implante. Triunfaré porque soy O positivo y esa sangre es universal y la necesita mucha gente. Triunfaré porque tengo algo dentro de las piernas y eso también puede venderse. Triunfaré porque meteré dentro de mi cuerpo lo que haya que meter. Triunfaré porque puedo ser conejillo de indios y probar las comidas de los presidentes y si el pescado está ciguato seré yo la ciguatada, pero habré cobrado un millón de veces por eso. Triunfaré porque puedo ser doble de actrices famosas y partirme la cabeza saltando un barranco en una película clase Z. Triunfaré porque puedo vender fragmentos de la médula ósea que está en mi pelvis para que un millonario la guarde en un banco. Triunfaré, sencillamente, porque puedo dejarme el pelo largo. Triunfaré porque siempre, escúchenlo bien, cuando no me dejen más opciones, podré vender mi pelo y sobrevivir otro mes. Triunfaré siempre que mi cuerpo haga falta para filmar una película porno. Triunfaré porque puedo acostarme con hembras, con varones, con animales, con un poste, con un gancho de pelo, y se supone que algo que me paguen por eso. Triunfaré porque soy O positivo, y tengo un cuerpo universal al que ningún cuerpo asaltado podrá hacer rechazo… Corta sin pena. Corta, mujer… Corta… Habana, aquí está, esta es, mi última lágrima. Corta, mujer, pica aquí, raja, hunde, corta… Habana, las lágrimas te las puedes meter por el mismísimo ojo del culo. Habana, a mí ya no me quedan lágrimas…

 

Agnieska Hernández Díaz

Escritora. Ha publicado: Fiesta solemne de BacoSe cambian objetos por historias personalesSan Lunes, panóptico en dos estaciones Sol negro.


1 Federación de Mujeres Cubanas (N. de la E.)