Edición crítica de las obras completas realizada con el concurso de la Biblioteca Nacional de París y del CNRS. Con un “Homenaje” por Aimé Césaire. Prefacio de Marcel Bataillon. Introducción y notas de Dorita Nouhaud. Madrid. Fondo de Cultura Ecotómica Klincsiek. 1977. 124 pp.

La donación de los manuscritos y archivo de Asturias a la Biblioteca Nacional de París es el inicio de la edición de las obras completas de Don Miguel Angel, hoy emprendidas gracias a la colaboración editorial entre México y París, Klincsiek y FCE. Aunque el primero en salir, Tres de Cuatro Soles, es el volumen número 19 de los 23 que se proyectan publicar. La edición convoca bajo la idea de una revisión crítica, algo de ese testamento tercermundista, en la injusta ausencia del Premio Novel. En la noche del hipocampo (como quisiera Aimé Césaire en el homenaje en verso que abre la edición) la distancia desfigura a Asturias y lo convierte en el Virgilio del Tercer Mundo, el escritor que ha conjugado la historia personal con el horizonte mítico de su pueblo; una invención que Marcel Bataillon continúa en el prefacio al libro: el gran lengua de la tribu que logró impregnar la literatura de esa mitología indígena vista hoy por el erudito sistema francés como interesante esoterismo; el rescate de una tradición perdida, a través del edén petrificado y la lectura del Popol Vuh. Más allá del silencio que encierra la admiración, el intento interpretativo de las constantes de un texto solicita por lo menos la sospecha. Sin embargo, de Paul Valéry a Cuculcán, serpiente emplumada, el ensayo introductorio de Dorita Nouhaud convierte el relato de Asturias en una mezcla de símbolos incomprensibles, la literatura como una larga lista de significados y significantes oscurece cualquier posibilidad de análisis. Entre el deciframiento y la apología, la autora silencia al propio Asturias, “dialectizado por su sabiduría poética” (sic),

Un Asturias casi traducido del francés regresa desde París importado del Centre National de la Recherche Scientifique y empacado en una cuidadosa impresión de lujo con Aimé Césaire, Marcel Bataillon y Nouhaud en el control de calidad de su testamento literario. El lejano regreso de la literatura, la gran aventura mestiza en el registro de una civilización silenciada por el terror, y vendida hoy como la increíble y triste historia de los cándidos indígenas y sus conquistadores desalmados. El realismo mágico americano: un continente mítico e ilusorio envuelto en un halo cabalístico; una literatura empeñada en el símbolo del paraíso perdido.

Tres de Cuatro Soles resuelve en parte la trayectoria literaria de Miguel Angel Asturias. Lo que en Leyendas de Guatemala aparece como la unión de la naturaleza de su país con la visión mágica de los mayas interrumpida por la llegada de los españoles, (esas historias-sueños-poemas como las definiera Valéry en su carta-prólogo al libro), en El Señor Presidente se transforma en la descripción de la sociedad guatemalteca bajo la dictadura de Estrada Cabrera, un relato de frases cortantes en las sincopada recurrencia de símbolos de símbolos y mitos. Más adelante, en la llamada Trilogía Bananera: Viente Fuerte, El Papa Verde, y Los Ojos de los Enterrados, el estilo social en Asturias. La obsesión por las raíces indígenas, la naturaleza, la destrucción de una cultura y el Popol Vuh, reducen la ilusión justiciera para orientarse hacia el mito del origen; la precisión del estilo de Hombres de Maíz, acaso su obra más lograda traza la línea que seguiría en sus últimos años: la imagen de la leyenda en Tres de Cuatro Soles, escrito a sugerencia de Gäetan Picon y Roser Caillois.

En la obra de Asturias, Tres de Cuatro Soles corresponde al momento donde la riqueza verbal cede su sitio a la retórica; ahí donde la sintaxis se disloca para perderse en un sinnúmero de imágenes aisladas entre sí, una narración sin personaje sostenida en una leyenda que fragmenta la continuidad y el ritmo del relato. En este límite, el posible acierto literario se diluye en escenas plásticas supuestamente alucinadas. Para esta ilusión, la obliteración del significado no es el signo barroco, sino la expresión de una obsesiva idea de rescate cultural en la que su obra se pierde en ocasiones: “todo lo que somos, es memoria, mientras creemos ser nosotros mismos”, escribía Asturias en Leyendas de Guatemala, pero el largo exilio hizo de su obra lo que quizá nunca habría deseado: un sueño desterrado.