Caminé rumbo al Auditorio Nacional pues un panzón, en la Alameda Central, entre el organillero y la Secretaría de Relaciones Exteriores, robó mi bicicleta y huyó rodando.

Banderas, patines y bicicletas. Es domingo en Paseo de la Reforma, día en que los autos no pueden transitar. Los primeros asistentes aparecen en silencio. Caminan en grupo, detienen pancartas. Un pequeño grito de "queremos justicia" rompe la serenidad.

Unos, con prisa, lentes de sol y ropa en tonalidades claras, viajan como salmones en sentido contrario. Otros rompieron la etiqueta y vistieron multicolores. Quieren acercarse al punto de partida aunque la marcha ha comenzado. El objetivo es el Ángel de la Independencia. Desde las banquetas, cientos observan. Los turistas apuntan con cámaras. "Paz y justicia", "no a la corrupción", gritan con ganas.

La gente se ha presentado puntual. Chicharrones, mazapanes, y una que otra voz sobresale. Perros. Doña Cruz sólo vende en las marchas. Sobre una jardinera acomoda su mercancía. Chicles, paletas, cigarros. Lo que más piden son chicles, a la gente se le seca la boca.

Por las noticias se entera. En la Merced se surte. Compra todo por paquete. Mínimo encuentra una marcha por semana. En unas vende bien, en otras no. Depende de los asistentes. Cuando mejor le va es cuando la convocatoria termina masiva. 

En una caja más pequeña acomoda los diferentes productos para que se vean más. La levanta, coloca sobre el hombro y comienza a ofertar. Deja las envolturas sobrantes en la jardinera, poco a poco, el viento las impulsa hasta el pavimento. Los manifestantes las pisan, patean y siguen.

A la altura del Museo de Antropología son miles los que caminan y ondulan una bandera. Un helicóptero de la policía sobrevuela. El sol quema. Ningún auto a la vista. Un hombre ofrece sombreros en 30 pesos.

Siete tacos por 10 pesos. También por 10 pesos la bandera con “Trump, a México se le respeta”. Por 25 pesos la bandera Nacional tamaño mediana. Por 20 pesos la que cambia el rojo y verde por negro. "¡México firme y libre!" grita un grupo al unísono. Algunos aprovechan y ejecutan encuestas para la escuela, "¿qué esperas de la marcha?, ¿cómo ves a México?”.

Tortas por 14 pesos y niños que han aprendido algunas porras patrias. "Yo sí puedo encontrar a Duarte" afirma un letrero que le han colgado a un perro.

"A los niños les encanta Remedios Varo, ¡es tan lúdico!", dice una señora con abanico al pasar junto el Museo de Arte Moderno.  A lo lejos entonan Cielito Lindo. La gente, como tapete, se extiende desde el Auditorio hasta el Monumento a la Independencia.

“Encuentra las diferencias”, dice otro cartel, junto a una foto de Trump y a un elote. También venden “la pila de emergencia”. "¡Fuera Peña, lacayo de Trump!", expresa un viejo desde la fuente de la Diana Cazadora.

Juanito de Iztapalapa también grita. Lo escuchan algunos periodistas, dice estar en contra de los balazos que hasta a él lo han lastimado.  A los que lo rodean les reparte su tarjeta. “¡Ya basta! Gringo racista”, ha escrito sobre una manta.  

“¡Viva el pulque!”, grita otro que viaja en medio de la marabunta que marcha. Cerca del Ángel, aparecen nuevos vendedores. Sobre el suelo y telas blancas se han instalado. Ofrecen mochilas, collares, cinturones y máscaras de luchadores. Un violinista toca y pide alguna moneda a cambio. Cientos de relojes imitación.

"México es la lucha", los gritos se amontonan. “¿Trump qué? ¡Legalicen a las de 16!” vocifera el vendedor de tepache y doraditas de nopales.

Alrededor del Ángel de la Independencia la manifestación se condensa. “¡Mé-xi-co!” repiten. Algunas vallas instaladas por la policía dividen a los marchistas. “¿No que vamos en contra del muro?", bromea uno.

“¡Fue-ra Trump!”, se exclama mientras algunos se toman fotos con su bandera o con algún cartel. “Es un pendejo, ¿en qué momento?", se comentan otros. Desde el cielo, cuatro drones documentan la expresión.

Una banda de guerra espera sobre las escaleras del Monumento. Se han situado entre las estatuas de bronce que representan la guerra y la paz. El director se prepara y las trompetas comienzan a sonar.

La gente aplaude y alza su bandera. A los que pisan se quejan. De pronto, junto a los músicos, aparece un grupo que se quiere hacer notar. Diputados y más politiquillos que buscan el ojo de las cámaras. Quieren ser vistos, destacar como parte de la organización y la resistencia nacional.

“¿Me apoyan?”, pregunta un hombre con chaleco y corbata con la bandera de México. “¡Uno, dos, tres!” y comienza a entonar el Himno Nacional. Como guía levanta un puño. La multitud lo sigue. “¡Viva México!” concluye, "hay que hacer las cosas sociales por convicción".

“Si quieren pueden tomarse una foto, adelante” dice un miembro de la banda de guerra después de bajar de las escaleras del Monumento. Una niña llora, se le voló un globo que cada segundo se aleja más. Nadie sabe qué sigue pero sus tripas ya exigen compañía. “¿Vamos a ver si en la embajada gringa pasó algo?”, propone un fisgón. Nada. Está vacía, sólo hay una reja que la segrega y aleja del resto de la avenida.

 

Teresa Zerón-Medina Laris
Investigadora, cronista y fotógrafa. Colabora en Esquina Boxeo y Hotbook, entre otras publicaciones.

 

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