Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales. Revista de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Números 86-87, octubre-diciembre, 1976/enero-marzo, 1977 (Año XXIII Nueva Epoca). Apartado Postal núm. 23-328, México 13, D.F.

Coordinado por el Centro de Estudios de la Comunicación, este número doble de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales es una muestra del estudio de los medios de comunicación. Su primera parte está dedicada al tema “Teoría, técnica, e historia”, y la segunda a “Los medios de comunicación en México”. La separación misma pone ya en evidencia la falta de una teoría y un método para el estudio de los medios de comunicación a nivel lcoal, y la confusión formal originada en esa carencia. Los materiales de este número dobe sobre el tema, sin embargo, son interesantes.

Quizá no ha habido en los últimos años algo tan patético y regocijante como la imagen de Nixon pidiendo perdón al pueblo norteamericano y defendiendo entre gimoteos sus crímenes. Esta imagen fue confeccionada especialmente para la TV, dejando para la prensa los restos de un festín que los lectores sólo compartieron en breves resúmenes. Esto habla, entre otras cosas, del divorcio entre dos medios de comunicación-información y su compulsiva necesidad de ganar al espectador o lector, en busca de us legitimación como vehículos informativos. El complejo global comunicación- información no es sólo el área más dinámica de la economía en la actualidad, es también el sistema nerviosos del imperio, dice Armando Cassigoli en uno de los seis estudios importantes de este número especial de la Revista de Ciencias Políticas y Sociales (son 17 en total).

Durante toda su vida política, Nixon tuvo mucho que ver con la información y con la comunicación; el Golem que comenzó a fabricar cuando era miembro del Comité de Actividades Antinorteamericanas le sirvió para acabar con la democracia en Chile. Más tarde, el Golem estrangulaba a su creador con sus cintas grabadas, el Washington Post y las entrevistas televisivas de Frost. “El caso chileno como prototipo de guerra psicológica contrarrevolucionaria” es el título de la investigación de Silva Molina et al., en la que se esclarecen puntos fundamentales del plan de Nixon para propiciar el golpe de estado en Chile: un millón seiscientos sesenta y seis mil dólares entregó la CIA al periódico chileno El Mercurio para volverlo un poderoso órgano desinformativo en la escalada contra el gobierno de Allende. Las campañas del imperialismo norteamericano para devirtuar la imagen del presidente Allende y la de su gobierno incluían como actores determinantes a los medios masivos. Los mensajes dirigidos a todos los sectores de la población a través de los medios infiltrados o controlados por los organismos de inteligencia norteamericanos, son una prueba dolorosa y contundente (por sus resultados finales) de la importancia que tiene el control de esos medios masivos para manipular a la población. 

Si el complejo comunicación-información es el sistema nervioso del imperio, éste debe contar con un cuerpo teórico legitimador del concepto-función que les atribuye a los medios masivos. Armando Cassigoli, Carlos Villagrán y Leopoldo Zea se refieren, en sus ensayos, a la irrupción en el campo de los medios de comunicación de los teóricos que buscan no sólo legitimar las acciones manipuladoras y desinformadoras de los mass media, sino consolidar el sistema que las propicia. Por su cinismo, resulta verdaderamente espeluznante la teoría que propone Zbigniew Brzezinski: una supuesta revolución científico-técnica (dese luego, en sustitución de una revolución social) daría lugar al surgimiento d una sociedad “tecnotrónica” igualitaria. Los seguidores de este propugnador del igualitarismo “tecnotrónico” anuncian el paso de una sociedad industrial a una sociedad de la información. El “fin de las ideologías”, que hace dos década había planteado Raymond Aron, resurge ahora con Brzezinski y sus secuaces, quienes en un intento de limitar los alcances del marxismo proponen desde un “nuevo método de interpretación de la historia” hasta una estrategia para asegurar el crecimiento económico de las sociedades postindustriales ya en plena era tecnotrónica. Algunos de estos antiideólogos tienen la cabeza tan llena de tecnotrones que no falta entre ellos quien sostenga que los países en vías de desarrollo van a dar sus recursos naturales a las sociedades ricas en información, precisamente a cambio de material informativo.

La era tecnotrónica es el título del libro de Brzezinski que Maribel Gutiérrez reseña en las últimas páginas de la revista. Ahí se lee: Estados Unidos es la vanguardia y el principal propagador e esta “revolución” tecnotrónica, que más tarde han de adoptar, colonizadamente, los países atrasados. En toras palabras, la previsión y el deseo de Brzezinski es que los Estados Unidos dejen de ser el modelo virtual para muchos países atrasados, y se conviertan en el modelo real. Este es el igualitarismo al que se refiere: todos “americanizados” (Aquellos que no piensan como nosotros son nuestros enemigos”, insistía Nixon). Como dice Carlos Villagrán, esta justificación histórica vergonzante del imperialismo no tendría particular importancia si no viniera de quien es actualmente uno de los responsables de la política exterior norteamericana, el actual jefe del Consejo de Seguridad de los Estados Unidos: Zbigniew Brzezinski, quien escribió su panfleto siendo investigador del Instituto sobre Investigaciones Comunistas de la Universidad de Columbia.

La elaboración de un cuerpo teórico y metodológico que estudie los medios masivos desde una perspectiva crítica y desmitificadora, es de primordial importancia para los países que pueden ser y han sido víctimas silenciosas del imperio de los tecnotrones. No se debe olvidar que el complejo información-comunicación se encuentra inserto en un contexto histórico y que los problemas a que da lugar afectan a una sociedad concreta.

El desafío de emprender el estudio de los medios de comunicación-información desde esta perspectiva en nuestro país, fue asumida por Fátima Fernández en “Los medios de información masiva y la reforma administrativa de José López Portillo”. ¿Por qué el gobierno del licenciado José López Portillo se inicia definiendo a los medios de información como medios de control político y no como medios de comunicación informal, tal como el país lo requiere?, tal es la pregunta que Fátima Fernández plantea e intenta responder a lo largo de su artículo. La actitud que el gobierno mexicano ha tenido hacia los medios de información masiva determina desde sus comienzos la situación actual: medios como la TV insisten en abstraerse del contexto social en que están insertos y gravitar sobre los grandes problemas nacionales sin contribuir a resolverlos. En 1977, cuando Fátima Fernández elaboró este artículo, el Plan Nacional de Educación era considerado como una alternativa para hacer frente al problema educativo; sin embargo, señala la autora, se consideró a la SEP como una dependencia secundaria en la operación de medios masivos cuando con la reforma administrativa se redujo su participación en ellos a la simple promoción cinematográfica, de radio y televisión. La Secretaría de Gobernación, encargada de mantener el orden interno en el país, dice Fátima Fernández, es la responsable ahora de declarar lícitas o ilícitas las revistas e historietas, consideradas vehículos educativos cuando se le otorgó a la SEP esa facultad a través de la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas. Al definir a los medios de información como medios de control político, el nuevo gobierno no ha tenido presente que algunos de los grandes problemas de la educación nacional pueden ser resueltos con la ayuda de la infrestructura informativa ya instalada.

La energía conjunta de seis Secretarías de Estado fue insuficiente para poner en orden a medios como la TV y la radio durante el régimen pasado. La administración y supervisión de los medios de información masiva estaban, antes de la reforma administrativa, en manos de las secretarías de gobernación, Comunicaciones y Transportes, Hacienda y Crédito Público, Educación Pública, Salubridad y Asistencia y Trabajo y Previsión Social. La feroz batalla que la TV emprendió, por boca de sus teóricos del fascismo, contra quienes obstaculizaban su tarea enajenadora e “informativa” se libró ante la mirada complaciente de estas Secretarías de Estado, dos de las cuales asumieron el papel de cómplices.

En la primera parte de la revista se incluyen también textos de Gustavo Sáinz: “La comunicación especializada: ciencia y poesía:, y de Jaime Goded: “Cultura, política y poder”, además de los trabajadores de Máximo Simpson, Hernán Uribe y Jorge Calvimontes. Máximo Simpson y Hernán Uribe, en estrecho contacto con la enseñanza periodística como profesores de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, hacen referencia a los géneros periodísticos que incluyen los planes de estudios de esta facultad. Uribe aborda los diversos aspectos de la técnica redaccional y establece diferencias entre el periodismo de opinión y el periodismo informativo. Máximo Simpson propone una definición tentativa del reportaje, y transita con fortuna por el difícil terreno de la objetividad y la neutralidad en el quehacer periodístico. Esta primera parte de la revista concluye con un hermoso trabajo de Jorge Calvimontes, que lleva un sugerente título: “Lenguaje periodístico – primacía fantástica al modo de las mujeres desnudas”.

En la segunda aparte de la revista se encuentran, además de los trabajos de Irene Herrera y Fátima Fernández, un texto de Emilio García Riera sobre la situación del cine mexicano, en el que inexplicablemente afirma que “seguramente quedará el de 1975 como el mejor año, hasta hoy, en la historia del cine nacional”, y otro de Martha L. Tapia en el que intenta reconstruir las condiciones sociales que posibilitaron el desarrollo del cine en nuestro país. Se incluye también “un estudio sobre la publicidad en la televisión comercial mexicana”, título de un irregular trabajo que firman Ricardo Menasse, Susana Selene, Gonzalo Varela y Gabriel Vidar, (los cuadros y gráficas meticulosamente elaborados no avalan las confusas conclusiones). Leopoldo Borrás aporta el texto de una conferencia sobre “Los medios electrónicos de comunicación en México y los problemas del significado del mensaje”, al que le sigue un trabajo firmado por Edna Abarrondo, Claudia B. Infante y Regina Jiménez, sobre “La formación de los técnicos y científicos de la comunicación social en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales”.

La revisa incluye en sus últimas páginas un buen número de resúmenes hemoerográficos elaborados por Iliana de la Teja y María Guadalupe Ferrer, y varias reseñas bibliográficas relacionadas con los medios masivos.

CONTROVERSIA. Ensayo de análisis político y social

Revista trimestral publicada por el Centro Regional de Investigaciones Socioeconómicas, A. C. Apartado postal  1-2873, Guadalajara, Jal.

Hace algo más de tres años, un pequeño grupo de jóvenes científicos sociales y profesionistas independientes formó el Centro Regional de Investigaciones Socioeconómicas (CRISE) con sede en Guadalajara. A fines de 1976 salió el primer número de su revista: Controversia – Ensayo de análisis político y social, que ha entrado en su segundo año. Quienes hayan trabajado en esa empresa difícil de hacer una revista o quienes conozcan la situación editorial en provincia, podrán apreciar en sus justas proporciones labor realizada por el equipo de CRISE y su director, Fabián González.

La concepción de Controversia es interesante y bastante novedosa en México. Quiere ser una revista de análisis social con un marcado enfoque regional pero sin ser provinciana. De acuerdo con esta idea básica, el contenido de cada entrega trimestral se divide en dos grupos de artículos. El primero contiene estudios empíricos sobre problemas específicos de zonas y localidades del estado de Jalisco y sus estados colindantes; el segundo se ocupa de temas importantes del contexto nacional y latinoamericano y enfrente problemas teóricos del análisis sociopolítico. Cada número de Controversia tiene entre 110 y 140 páginas y entre 6 u 7 artículos.

Entre los estudios de problemas regionales de primer número encontramos los títulos “El movimiento cristero en los Altos de Jalisco” y Sociedad y política en el estado de Jalisco durante la Revolución mexicana”. En el número siguiente: “La tendencia democrática en Jalisco: situación actual y perspectivas”, “La función comercial de Guadalajara”, “Economía y sociedad en el sur de Jalisco: notas para un enfoque diacrónico” y “La ribera norte del lago de Chapala: la otra cara de una zona turística”. en el número tres: “La formación histórica de los Altos de Jalisco” y “la ciudad de Tepatitlán: su origen y desarrollo como centro urbano”. En el número cuatro: “Industrialización y diferenciación social: el caso de Atenquique” y “La economía alteña: un ensayo de caracterización”. Resulta interesante que casi todas estas contribuciones y algunas de segundo grupo de artículos – hayan sido escritas por antropólogos que han realizado trabajo de campo en la región.

En el segundo grupo de artículos se encuentran varios estudios sobre problemas actuales del campo mexicano, otros sobre la coyuntura de México en el contexto de la dependencia latinoamericana, otros más sobre el movimiento obrero mexicano, la ideología de la Revolución mexicana y un estudio sobre el corrido en las últimas décadas. Además, pueden leerse estudios sobre textos de Marx, Engels y Gramsci y acerca de la problemática del análisis de las clases sociales en la sociedad contemporánea. Los nombres de Adolfo Sánchez Vázquez Carlos Pereyra, y Agustín Cueva, para mencionar sólo tres, garantizan el nivel científico de estas contribuciones al análisis de temas candentes.

El número 4 contiene una novedad: incluye un suplemento “Poesía joven en Guadalajara” donde se presentan en 24 páginas unos quince poetas jaliscienses, todos nacidos alrededor del año 1950.

Controversia es un ensayo importante, no sólo por la difusión de análisis y estudios regionales en la misma región de donde provienen o por su intento de llevar la discusión actual de temas y problemas nacionales ante nuevos foros. Es importante también por el papel de ejemplo e impulso que podrá adquirir para otras zonas en un país tan marcadamente regionalizada como lo es México: una buena revista, de análisis sociopolítico que no sea editada en la capital de la República, una revista regional pero no regionalista. Las temáticas tratadas en sus páginas la hacen interesante para círculos más amplios que los lectores jaliscienses.

Controversia no quiere ser, como se puede leer en la “Presentación” de su primer número, una revista neutral: se entiende como instrumento para el cambio y quiere estar relacionada con los movimientos nacionales que lo impulsan pero sin adoptar por ello una posición sectaria. Más bien quiere ser un aliento “a los intelectuales progresistas de la región y a los investigadores que se ocupen de ella a colaborar en este esfuerzo editorial que se puede mantener y acrecentar si recibe el apoyo comprometido e todos los que encuentran en nuestra compleja realidad una problemática social urgida ciertamente de un más alto nivel de reflexión teórica” (Núm. 1, p. 5).

Esteban Krotz 

Cuadernos de Comunicación. Publicación mensual de Comunicología Aplicada de México. Año 3, Núms. 28-29, 30 (oct., nov., dic.), 1977; 60 pp. Comunal No. 7, México 20, D.F.

Como reflejo del interés que recientemente ha surgido en algunos medios por la historieta, los Cuadernos de Comunicación dedican ahora dos números monográficos a esta materia. La calidad de los trabajos incluidos es irregular.

El primero de ellos, un extenso texto sobre el desarrollo de la comunicación humana, está escrito en el tono usado en algunas historietas infantiles y se ve plagado de lugares comunes, anécdotas y fechas.

A continuación viene una confusa síntesis del libro de Roman Gubern, El lenguaje de los comics, seguida por un texto del mismo Gubern acerca de Flash Gordon, “la más ejemplar e imitada muestra de ciencia ficción dibujada”. Gubern estudió la serie desde sus inicios (en 1934) hasta 1974, trató de mostrar cuáles eran las “funciones tipológicas” de los personajes centrales y después intentó inventariar los espacios que constituyen su “tipografía del peligro”, así como sus personajes, fauna, flora, arsenal, vehículos y rasgos ideológicos. El estudio terminaba comparando las versiones cinematográficas con la versión original y concluía afirmando acerca de aquellas que “su proyección pública sirvió únicamente para corroborar que Flash Gordon era y sólo podía ser un héroe específico del lenguaje de los comics (a diferencia de Tarzán)”.

Leobardo Cornejo propone un modelo semiótico para estudiar el contenido de las caricaturas de Rius (Los Supermachos y los Agachados), a las cuales define acertadamente como “fenómenos subjetivos que se refutan o apoyan en relación con lo real”. Por su parte Rafael C. Reséndiz, apoyándose en la obra Mito e ideología de Ludolfo Paramio, efectúa el análisis de una secuencia de doce viñetas representativas de la serie Rarotonga señalando sus respectivas “polaridades mitagógicas”. El autor concluye su análisis reiterando: “La función estructural de Rarotonga dentro del relato plasma su fetichización y su objetualidad como mujer. Del frenesí llega a la muerte, del dominio a la súplica, del paganismo a la impotencia. Atraviesa por toda una operabilidad semántica que la somete más a sí misma como mujer frustrada. La infelicidad la lleva al desencanto y el amor a la frustración; la frivolidad la conduce al chantaje; la frustración, al ofrecimiento. El papel de Rarotonga es, pues, a la vez objeto de manipulación como mujer e ideologización con el sexo”. (p. 52).

El primero de los dos números monográficos de la revista se cierra con un brevísimo resumen del libro de Dorfman y Mattelart, Para leer al Pato Donald. La síntesis respeta el sentido original del libro.

El número siguiente (dic. 1977) se inicia con una entrevista de Emmanuel Carballo (director editorial de la revista) hecha a Mario Moreno. Durante la charla se mencionó muy brevemente la existencia de varios dibujos animados donde aparece el personaje de “Cantinflas” (56 rollos de 6 min. cada uno, ya en exhibición comercial). La plática concluye con una explícita frase del actor; “Para mí todos los partidos (políticos) son iguales”.

Zalatiel Vargas escribe sobre sus propios inicios, sus proyectos artísticos y el carácter de sus experimentos con lo que él mismo llama “Comix Arte”: “Comencé a husmear en toda esa fantasía absurda, surrealista, grotesca, obligándome a un proceso de auto-observación frente al espejo de papel, pues ahí observaba (…) el hambre, la burocracia, la represión, la sociedad de consumo, etc.” (p. 12).

Después del espacio ocupado por algunas ilustraciones del mismo Zalathiel Vargas, Luis Arrieta Erdozáin arma un collage de textos heteróclitos (Broch, Eco, Gubern, Rofles, Morín, etc.) sobre “Las relaciones extramaritales entre el comic y el kitsch”. Este texto se inicia y concluye citando a McLuhan, quien -según el autor- “no se queda atrás en cuanto a agudeza se refiere” (?). La aportación más original de este peculiar ensamblaje es la creación de un neologismo (utilizado en el número anterior por uno de sus propios alumnos): “fruidor” (seguramente derivado de fruición y utilizando en sustitución de fan).

Los coautores del siguiente texto comparan las diferencias en el tratamiento del espacio en una tira norteamericana (Peanuts) y una latinamericana (Mafalda); sus conclusiones corroboran los resultados de algunos estudios transculturales efectuados anteriormente por distintos antropólogos.

Otros artículos -aún más breves- abundan tautológicamente sobre el carácter de Astérix como símbolo de la personalidad combativa del pueblo francés, o se entregan a la sutileza discerniendo los rasgos característicos en las expresiones faciales de La Pequeña Lulú.

Por último, se encuentran un par de traducciones. La primera corresponde a un fragmento del libro What’s it all about, Charlie Brown?, de Jeffrey H. Loria, quien después de definir la filosofía de Linus como “runnism” (es decir, alejarse corriendo de los problemas), dice: “Si existiese un trofeo Sigmund Freud para el arte de vivir en un medio ambiente complejo, los personajes de Peanuts lo ganarían fácilmente”.

La segunda traducción corresponde al excelente libro de Mark James Estren, A History of Underground Comics, y pertenece a su segundo capítulo (“Whence they cometh”). Aquí se relata el nacimiento y el desarrollo de tiras como The Yellow Kid, Tijuana Bibles Pogo, Krazy Kat y The Spirit, hasta llegar al conocidísimo Mad Magazine. Aquí encontramos interesantes comentarios acerca del valor y la importancia concedida a series aparentemente convencionales: “Se ha corrido el rumor de que el ejército tenía una cinta en la cual el coyote (de la serie El Correcaminos) finalmente capturaba al pájaro y se lo comía, y que esta cinta fue proyectada a las tropas de combate la noche anterior a su embarco a Corea” (p. 54).

Como se puede apreciar, la calidad del material comentado es efectivamente irregular. Pero el haber reunido material suficiente para ocupar el espacio de dos números íntegros de esta revista corrobora la existencia de un creciente interés por el tema entre un público aún reducido. Lo del público reducido merecería, a su vez, un comentario, pues en otros países este interés por los comics -y la calidad e importancia del grafismo en general- ha adquirido mayores proporciones. (En España, por ejemplo, existen centros de venta especializados en material sobre comics, incluyendo las conocidas revistas dedicadas al “análisis y estudio de la historieta”).

Por otra parte, el único antecedente monográfico que recordamos sobre la historieta es el de la Revista de Bellas Artes, cuya intención era claramente museográfica.

Comunicación adolece de incontables erratas tipográficas. ¿Acaso son más escasos los buenos correctores en esta revista que en las mismas historietas?

Lauro Zavala Alvarado