Jorge Ruffinelli: José Revueltas, Xalapa. Universidad Veracruzana, Centro de Investigaciones Lingüístico Literarias, Xalapa, 1977. 139 pp.

Varios autores: Conversaciónes con José Revueltas, Xalapa. Cuadernos de Texo Crítico de la Universidad Veracruzana, introducción de Jorge Ruffinelli, 1977. 153 pp.

A dos años de la muerte de José Revueltas (1914-1976), Las palabras de Martín Dosal el jueves 15 de abril, día del sepelio, frente al entonces secretario de Educación Publica, Víctor Bravo Ahúja (“¿No se da usted cuenta que José Revueltas murió sentenciado? (…) ¡Debería de largarse rapidamente!”) y la consigna multitudinaria: “EI gobierno mexicano mato a José Revueltas manteniéndolo en la cárcel toda su vida” (Excélsior, abril 16, 1976), no por previsibles resultaron intrascendentes. De inmediato un amplio sector de la cultura mexicana -archidevaluada por talla de un cuestionamienlo interno a fondo, archicorrompida por las prebendas del echeverrismo- creyó haber hallado al fin la piedra filosofal para legitimarse erigiendo al menos para los setentas un mito: José Revueltas. Con velocidad asombrosa, Revueltas fue motivo de publicaciones especiales, homenajes y concursos de ensayo; apareció en suplementos culturales, revistas, publicaciones políticas, periódicos universitarios y en su honor algunos centros de investigación literaria se apresuraron a “rescatarlo”.

Bastaron dos años para que en nombre de Revueltas se escribieran montañas de palabras (había que estar al día): del análisis estructuralista, “La producción literaria de Revueltas en su contexto histórico” (1976), ganador del concurso de ensayo organizado por la Casa de la Cultura de Durango, escrito por el grupo “Los carpinteros”, a una brevísima columna que dice poco pero que adula mucho. “José Revueltas” (Estrategia, núm. 9, mayo-junio, 1976) con epígrafe de Jorge Luis Borges: del número de la Revista de Bellas Artes (núm. 29, septiembre-octubre, 1976) dedicado a Revueltas, al artículo de Gastón García Cantú. “1968: Memorias, Revueltas” (Excélsior, abril 16, 1976); de los textos revueltianos publicados por Cambio (núm. 6, enero-febrero-marzo, 1977) a la breve nota de Carlos Monsiváis “José Revueltas: El camarada sol, antiguo y vil” (en Amor perdido, Biblioteca, Era, 1977). Aparte de sus calidades respectivas, un fantasma unifica y separa esos textos: el personaje José Revueltas.

El eco de esa necrofilia es tal vez el origen de los dos libros publicados en 1977 por la Universidad Veracruzana sobre Revueltas, uno firmado por Jorge Ruffinelli, José Revueltas; otro de varios autores titulado Conversaciones con José Revueltas. Lo decisivo es que ambos, aunque distantes entre sí, madrugadores, corroboran el dicho popular “a falta de pan, tortillas”, y son a la vez un intento saludable por aproximarse a un escritor que todavía es un reto -como otros tantos narradores y poetas mexicanos- para nuestra crítica.

Después del obligatorio reproche (lo encontramos en casi todos los estudios sobre el tema) por el olvido en que se tuvo durante tanto tiempo la obra revueltiana, Ruffinelli asegura en su libro que la llamada “fortuna literaria” de Revueltas no se debe a un redescubrimiento o a una revalorización de su obra, sino a cierto maleficio: “Se admira hoy a Revueltas y no se sabe (o al menos no se dice) por qué: hay en esto funcionando un sobreentendido que genera y genera, sin duda muchos malentendidos” (p. 11). Rufinelli declara que su punto de partida es “parcial” pero determinante en el estudio de Revueltas. Solo se ocupa de la obra narrativa. Hecha la aclaración, Ruffinelli sugiere cómo debe investigarse el “fenómeno Revueltas”, recomienda una lectura que desentrañe los “orígenes y el proceso productivo sin eludir las referencias personales y las actividades intelectuales y políticas” del autor de El luto humano. De pronto estamos, así, frente al Descubridor que viene a decir lo que debe hacerse con Revueltas, como quien ordena a sus huestes derribar montañas, tomar fortalezas o destronar reyes. Este Cortés, por fortuna, no conquistó territorios nuevos: su prédica es lugar común, sus “aportaciones” para entender el imbricado mundo revueltiano son pobres y su libro se inscribe en un nuevo género ensayístico, ese sí, descubrimiento suyo, el de la miscelánea.

Los hallazgos de Ruffinelli son innumerables: El luto humano es un “denso sistema de referencias bíblicas” nunca antes visto en la narrativa mexicana; no hay otra novela tan “embebida” de la idea y la imagen de la muerte como ésta, y se trata, además, de un libro escéptico. Hace muchos años, la crítica desplegada en diarios y revistas dijo más que eso. Para José Luis Martínez fue “un apasionado esbozo de la gran novela que un día escribirá para México el joven José Revueltas”. Ermilo Abreu Gómez se refirió a El luto humano como “una realización plena de conciencia, de técnica y de contenido” (Letras de México, febrero 15, 1943) y en la reseña de Octavio Paz, “Una nueva novela mexicana” (Sur, julio 1943), se lee: “(Revueltas) con frecuencia sustituye a sus personajes; los borra y, en su lugar, nos expone sus propias dudas, su fe y sus deseperanzas, sus opiniones sobre la muerte o sobre la religiosidad mexicana. (…) La novela, como se ve, está contaminada de sociología, religión e historia antigua y presente de México”.

Escribir un libro para demostrar, como lo hace Ruffinelli, que Los días terrenales es una novela de ideas (p. 72), escrita cotra el comunismo religioso, perfilada como una lucha latente entre la esperanza y la desesperanza, el dogmatismo (Fidel) y la razón (Gregorio), el socialismo y el estalinismo, la emoción del autor y el sentimentalismo del lector, la iglesia de Roma y el Partido de Moscú, más que un análisis parece un sacrilegio.

Sin embrago, Ruffinelli, empeñado en cumplir la promesa de caminar por el “sendero literario” de Revueltas, no se detuvo en las novelas más significativas de éste. Francotirador seguro de pegarle al blanco haciendo disparos múltiples al aire, apuntó su escopeta contra En algún valle de lágrimas (1956) y Los motivos de Caín (1957), porque son novelas “claves en el desarrollo de su escritura” (p. 85), y contra Los errores (1964) en la que Ruffinelli detecta la crisis de los partidos comunistas alienados a la Unión Soviética y la consiguiente degradación del socialismo: los Procesos de Moscú de los años treinta. Esta novela sirvió para que la crítica -siempre hostil a Revueltas- se volcara hacia El, de la misma manera que Ruffinelli se vuelca sobre una idea evangelizadora: Los errores es la obra “más compleja y ambiciosa de Revueltas, y a la vez la más rica, la más profunda y perfecta, la mejor” (p. 120).

Por último, esta miscelánea exhibe sus últimas baratijas; sus opiniones rapiditas sobre dos libros de cuentos de Revueltas. Dormir en tierra (1960) y Material de los sueños (1974), y cierra sus puertas con El Apando (1969), no sin antes colgar en ellas un aviso: “No hay más allá en el pensamiento de Revueltas, por lo menos en su obra publicada (…)” (p. 138). 

Conversaciones con José Revueltas, publicado apenas unos meses después de José Revueltas, a cargo del Centro de Investigaciones Lingüístico-Literarias de la Universidad Veracruzana y con una introducción al estilo de Ruffinelli, es un buen intento por organizar el dispersísimo material periodístico de y sobre José Revueltas. Se trata de una serie de entrevistas (trece en total) publicadas por separado anteriormente, presentadas en forma retrospectiva (se inician en 1976 y concluyen en 1950), completadas con una bibliografía hecha por Marilyn R. Frankenthaler, extensa, aunque desmerecida por su mala organización.

La selección -jamás se especifica a cargo de qué santo estuvo- es floja y no siempre ofrece las mejores entrevistas del escritor, pero logra poner en estrecha relación al lector con el pensamiento político, estético, la autobiografía y la militancia de José Revueltas. En este sentido, el libro ignora su objetivo, su material es estupendo. Tres descuidos menores e inmerecidos: la introducción no advierte al lector que “la última entrevista” de Revueltas aún está por determinarse, pero que desde luego no es la firmada por Gustavo Sáinz.

Por otra parte, el platillo fuerte del libro son entrevistas publicadas recientemente en suplementos culturales y revistas. Pero no hay las referencias que expliquen de qué publicaciones fueron tomadas.

En tercer lugar, las fechas colocadas debajo del título de cada entrevista, lejos de aclarar las cosas, siembran la confusión. Por ejemplo, la entrevista de Adolfo A. Ortega (p. 45), “El realismo y el progreso de la literatura mexicana”, está fechada en 1977, un año después de la muerte de Revueltas. ¿Cómo la hizo Ortega? ¿De que medios divinos se valió? Tampoco se explica por que la interesante entrevista de Ignacio Hernández, publicada por Revista de Revistas (núm. 201, abril 7, 1976), se incluye como de 1975 y en la página 37. ¿No será ésta “la última entrevista” de Revueltas?