En un hecho histórico para el peso mexicano, su cotización contra el dólar estadounidense rebasó ayer las 20 unidades por dólar en las ventanillas bancarias, aunque no en el tipo de cambio FIX determinado por el Banco de México con base en un promedio de las cotizaciones del mercado de cambios al mayoreo de las transacciones realizadas a través de plataformas electrónicas.1

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Ilustración: Víctor Solís

Que el precio del dólar estadounidense haya rebasado los 20 pesos resulta un hito debido a dos motivos. En primer lugar, porque alcanzó este valor nominal por primera vez desde que el tipo de cambio de la divisa mexicana es flexible —es decir, desde que su valor nominal lo determina su oferta y demanda—, lo que ocurre desde diciembre de 1994. La Gráfica 1 muestra el tipo de cambio FIX peso-dólar nominal durante dicho periodo.

Gráfica 1

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Fuente: Elaboración propia con datos de Banxico.

En segundo lugar, porque la cotización de 20 pesos por dólar representa una barrera psicológica en los mercados de divisas. Una barrera psicológica ocurre cuando los agentes atribuyen una especial importancia a valores determinados en el precio de un activo o divisa —que en el caso de la cotización peso-dólar suelen ser valores enteros— por lo que los mercados tienden a mostrar resistencia en movimientos más allá de esos valores. El campo de las finanzas conductuales (behavioral finance en inglés) estudia estas reacciones irracionales desde hace apenas unos años, con una literatura cada vez mayor al respecto.

Hasta el momento, el peso mexicano es la divisa con el peor desempeño frente al dólar estadounidense en lo que va del año, con una depreciación de poco más de 13 por ciento, por encima incluso del retroceso de 12 por ciento de la libra esterlina tras el voto a favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Como ocurre desde hace un par de décadas, la cotización de las divisas suele depender fuertemente de la confianza que las inversionistas tienen en las economías nacionales que respaldan a cada divisa. En el caso del peso mexicano, su reciente depreciación (que no es lo mismo que devaluación2) responde en parte, y como ha insistido el Banco de México en su reciente informe trimestral, al entorno económico internacional adverso.

Sin embargo, la creciente deuda pública nacional (con bajo impacto en el crecimiento), la crisis del precio del petróleo para las finanzas públicas, los consecuentes recortes para el presupuesto del próximo año y el bajo crecimiento de las exportaciones (a pesar de la depreciación del peso) se han traducido en una menor confianza para quienes invierten en instrumentos mexicanos, especialmente en bonos, lo que ha llevado a su venta y ha profundizado aún más la depreciación del peso. Esto se refleja también, como opinan cada vez más medios y analistas, en que el precio de la divisa mexicana parece cada vez más un termómetro de las posibilidades de Donald Trump de alcanzar la presidencia de los Estados Unidos, nuestro principal socio comercial, ante las amenazas de modificar la relación comercial y migratoria con nuestro país.

Las anteriores cuestiones mantienen abiertas las preguntas sobre cuándo podrá mejorar el panorama para la reapreciación del peso mexicano. Sin duda, el fenómeno Trump ha aumentado la incertidumbre en el mercado de divisas por la especulación, que eventualmente desaparecerá cuando disminuya el volumen de transacciones; pero que, si el Banco de México no reacciona, podría llevar a un efecto traspaso del tipo de cambio a los precios, lo que llevaría a una mayor inflación. A esto se suma el posible —pero aún poco probable— aumento de tasas de interés en el anuncio de mañana por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed en inglés), en el que la manera de comunicar el mensaje puede ser incluso más relevante que el anuncio per se. Los ojos del mundo —especialmente los de Agustín Carstens y José Antonio Meade— estarán en Janet Yellen, presidenta de la Fed, durante las próximas horas.

 

Carlos Brown Solà


1 La diferencia entre ambos tipos de cambio radica en la comisión que obtienen los bancos comerciales por la venta de divisas al menudeo, lo que incrementa su precio respecto a los valores de intercambio al mayoreo que suelen utilizarse como referencia.

2 Este es un error común: el peso mexicano se “deprecia/aprecia”, no se “devalúa/revalúa”. Una moneda se deprecia o aprecia cuando su tipo de cambio es flexible o libre, generalmente determinado por su oferta y demanda; en cambio, una divisa es devaluada o revaluada cuando las autoridades económicas del país determinan su precio, como ocurría en México antes de diciembre de 1994.

 

Un comentario en “El dólar a 20

  1. Resulta entonces de alta relevancia el hecho de que el presidente de México haya ayudado a la depreciación del peso al invitar a Trump y relanzarlo desde Los Pinos.