En mi herencia emocional materna figura una canción de Juan Gabriel. Se llama Lástima es mi mujer. La escuché por primera vez a los cinco o seis años. Puedo asegurar que fue a esa edad porque en la escena que ahora intento ver con claridad sólo estamos mi madre y yo. Mi hermano aún no aparece en su cuna. Yo estoy sentada en el piso y mi madre se acerca al librero. Abre una de las puertas inferiores, saca un LP con la portada roja. Al descubrir que no se trata de ninguno de los de mi colección (Katy la Oruga o El Libro de la Selva), observo medio distraída cómo saca el disco negro de plástico y lo coloca en el tocadiscos Hitachi. Recorre la aguja con cuidado hasta cierta altura. Hoy que vuelvo a ese momento, me doy cuenta de que sólo puedo decir que está de pie, dándome la espalda. No me pregunten por su ropa ni por sus zapatos. Me voy a dar una licencia inofensiva y pensaré que lleva el cabello recogido en una cola de caballo. Así quiero recordarla: con la frente despejada y pequeños cabellos alborotados. El disco comienza a girar y la aguja recorre su camino. Hacen bonita pareja/ y los dos se ven muy bien/ y me digo sollozando/ lástima es mi mujer. De golpe, sin advertencia alguna, entro en el mundo del desamor interpretado por Juan Gabriel.

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Hablo de una canción que aparece en el álbum Recuerdos. Salió a la venta en 1980. El lado A incluye: “La frontera”, “Dulces momentos”, “El Noa Noa”, “Nunca lo sabré, nunca lo sabrás”, “Quiero saber por qué” y “Lástima es mi mujer”. El lado B: “He venido a pedirte perdón”, “Yo no nací para amar”, “Busca un amor”, “Yo quiero ser igual que tú”, “Por qué estás enojada” y “Siempre reza por mí”. Todas compuestas por el intérprete. Juan Gabriel —joven, con el torso desnudo— es dueño del primer plano de la portada, y al fondo el sol marca el ocaso.

En Recuerdos están varios de los grandes éxitos del Divo de Juárez. “La frontera”: A mí me gusta estar más en la frontera/ porque la gente es más sencilla y más sincera. “Dulces momentos”: Pensar que jamás/ los dulces días del ayer/ ya no volverán/ mis dulces años dieciséis. “El Noa Noa”: Este es un lugar de ambiente donde todo es diferente/ Donde siempre alegremente bailarás toda la noche ahí. “He venido a pedirte perdón”: Escucha esta canción que escribí para ti, mi amor/ Con esta mi canción he venido a pedirte perdón. “Yo no nací para amar”: Y en todas partes que esperaba/ ese amor nunca llegó/ hoy mi soledad/ cada vez más triste/ y más oscura pueden ver. Sin embargo, para mí siempre será el disco de “Lástima es mi mujer”, una de las canciones favoritas de mi madre.

He preferido no hacer preguntas sobre los sentimientos que la han llevado a elegir este tema de Juan Gabriel. ¿Por qué no “Hasta que te conocí? ¿Por qué no “Querida”? ¿Por qué no “Ya lo sé que tú te vas”? ¿Por qué no…? Porque no importa. Me gusta el silencio que ella misma guarda cuando decide escucharla. No hay entonaciones a altos decibeles. Tampoco se queda quieta. Son dos minutos con cincuenta y tres segundos en los que mi madre camina entre las habitaciones de la casa. Recoge su mundo y se sabe dueña de él. Cuando la aguja deja de rasgar el disco, se rompe el hechizo. No va al tocadiscos con el afán de escuchar el lado B. No hay más. Sanseacabó.

Con el tiempo, mi hermano también aprendió a observar en silencio. Compartimos la historia de nuestra madre con un disco que de tanto tener la punta de la aguja en el mismo sitio, se ha dañado. Entre los segundos cuatro y seis se escucha un rayón y la risa sarcástica con la que Juan Gabriel inicia su interpretación, se ha convertido en una expresión macabra.

“Lástima es mi mujer” es el Divo de Juárez narrando una traición amorosa. Un hombre, desconsolado al reconocer que su mujer y su mejor amigo lo han hecho a un lado, confiesa:

Y yo soportando el llanto
tengo que aceptar sus besos.
Es porque la quiero
Que dejarla no, no puedo

Lo he intentado varias veces
Y no tengo el valor para decirle adiós.

Esta es una de las versiones del desamor que yo he aprendido a cantar. Qué duda cabe: es la más cercana a mi corazón.

 

Kathya Millares

 

 

2 comentarios en “Juan Gabriel, recuerdos

  1. Es que hay sonidos, músicas e incluso ruidos, Ricardo, que te calan más profundamente que una fina lluvia. Y te acompañan por siempre, agazapados en recónditos plegues del cerebro.

  2. Tú narración me llego hasta lo más profundo del sentimiento, mis ojos se llenaron de agua, muy bonita la forma de describir tu recuerdo, me llevaste a ese lugar