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Lápiz. “Quizá nadie, nunca, se haya apasionado por un lápiz. Pero hay circunstancias en las que puede resultar increíblemente deseable contar con uno; momentos en que nos disponemos a hacernos de un objetivo, de una excusa para recorrer medio Londres entre la hora del té y la cena. Así como el cazador de zorros caza para preservar la crianza de zorros y el golfista juega para que se preserven los espacios a la intemperie de la acción inmobiliaria, cuando nos invade el deseo de vagar por las calles el lápiz se vuelve un buen pretexto, de modo que al ponernos de pie decimos: ‘Realmente necesito comprar un lápiz’ como si gracias a esa excusa pudiéramos permitirnos el mayor placer que ofrece la vida en la ciudad durante el invierno: pasear por las calles de Londres”. Así comienza “Rondar las calles: una aventura londinense”, de Virginia Woolf, incluido en la original antología de Luigi Amara El arte del paseo inglés. Hay que pasear por sus páginas, acompañados de escritores como De Quincey, Hazlitt, Dickens, Stevenson, Stephen, Beerbohm, Machen y Huxley. (Traducciones de Jorge Hernández T., Ana Marimón y Sebastián Pilovsky, Tumbona Ediciones, 2015.)

Vagabundo. Cuando la vida cotidiana es materia para la poesía: “El vagabundo finge leer en el subway./ Dormita y vigila sus bolsas mientras lo pretende./ El aire que entra cuando se abren las puertas del vagón,/ pasa las hojas de su libro,/ adelante y atrás,/ hacia atrás y adelante.// Con el vagabundo,/ el libro finge,/ dormita/ y/ vigila”: Hamartia (o Hacha) de Carmen Boullosa. En este mismo libro puede leerse “Microondas”, un poema conmovedor sobre el “nido vacío”. (Ediciones Hiperión/UANL, 2015.)

Desaparecidos. En Purgatorio, la novela de Tomás Eloy Martínez sobre los desaparecidos durante la dictadura militar argentina, se lee: “En una entrevista con corresponsales japoneses, la Anguila tuvo que dar una respuesta sobre la epidemia de desapariciones. ‘Primero habría que averiguar si lo que ustedes dicen que existió estuvo donde ustedes dicen que estuvo. La realidad puede ser muy engañosa. Mucha gente se desespera por hacerse notar y desaparece sólo para que no la olviden’. Emilia lo vio en la televisión subrayando las sílabas mientras movía hacia arriba y abajo la calavera brillosa de su cabeza: Un desaparecido es una incógnita, no tiene entidad, no está ni vivo ni muerto, no está. Es un desaparecido. Y al decir no está alzaba los ojos al cielo. No se repita más esa palabra, siguió, no tiene asidero. Está prohibido publicarla. Que desaparezca y se olvide”.

Edificio. Tras una ruptura amorosa, Emilio Renzi ¿o Ricardo Piglia a los 26 años?, escribe: “En el fondo siempre se trata de la misma cosa, reconstruir los edificios derrumbados para poder vivir en ellos. Lo único que importa es la fortaleza del edificio y no los métodos que se usan para levantarlos. Sin embargo, también es cierto que los métodos determinan la dureza de la construcción”, “Diario 1966, miércoles 24 de julio”, Ricardo Piglia, Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación, Anagrama, 2015.

Acepción. “Dar la nota”: Tal como aparece en el lenguaje musical, da la nota el solista que señala, marca, da la nota en que ha de interpretarse cada pieza; pero es evidente que, por el significado negativo que tiene la frase, no puede derivarse de dicha acepción. Más bien procede de la expresión, también del mundo musical, dar la nota discordante, que es lo que hace el intérprete instrumental o vocal cuando se equivoca de nota y mete la pata, destacando negativamente en solitario. (Biblioteca práctica de la lengua. Dichos y frases hechas, Milenio/UANL.)

Basura. En un microrrelato el escritor Rogelio Guedea dio en el clavo a la confusión ecológica que vivimos los adultos del siglo XXI: “Han instalado en las calles de Dunedin un nuevo sistema de recolección de basura. Se compone de tres contenedores propios para recolectar diferentes tipos de desechos, los cuales vienen especificados al frente de cada recolector. Debo decir que por un tiempo los vi sin reparar en lo que cada pequeño contenedor especificaba, hasta que un día, al salir de un 24 horas, se me ocurrió tirar la salchicha que recién acababa de comprar, y que sabía a bolsa de polietileno. También decidí tirar el refresco de manzana, igualmente malo. Y de paso un panecillo de chocolate que venía en una cajita que no sabía bien si era cartón, plástico, o las dos cosas juntas. Me vi de pronto frente al recolector de basura intentando averiguar en cuál de los recolectores echar cada uno de los desechos. Las indicaciones eran tan detalladas que confundían a cualquiera. Por más que fijaba la vista no lograba atinar si la bolsita de salchicha embadurnada de salsa catsu tenía que separarla de la salchicha para tirarla en el bote que indicaba desechos orgánicos o primero desembadurnar de catsu la bolsita y meterla en el que indicaba inorgánicos, antes cerciorándome de que esos inorgánicos fueran distintos a los inorgánicos que especificaba el otro contenedor, que separaba vidrio de cartón y cartón de plástico, sabiendo que yo tenía, en la otra mano, por cierto, una cajita que no sabía, como dije, si era de cartón, de plástico, o de las dos cosas juntas. Al final creo que tomé la mejor resolución, que es la que nos impone siempre el sentido común: volteé hacia todas direcciones, y cuando me cercioré de que nadie me veía, tiré todos los desechos en el contenedor de en medio, que era el que estaba más vacío”: “Filosofía del tirador de basura”, Mexicanos en una nuez. Antología del microrrelato, compiladora Paola Tinoco, Hormiga Iracunda.

Salvajadas. Recientemente Javier Marías escribió en su columna “La zona fantasma” de El País, lo siguiente: “Desde que [las] redes sociales se han masificado, demasiada gente se ha acostumbrado a escribir salvajadas de todo tipo amparándose en el anonimato. Si subrayo el verbo es porque, como sabemos los plumillas, no es lo mismo decir que escribir. La lengua es rápida, casi tanto como el pensamiento, pero lo que sale de ella se esfuma y no perdura un instante, y siempre se puede negar haberlo soltado, o retractarse de inmediato. La escritura requiere ‘composición’, por irreflexiva y veloz que sea. La frase más tosca y peor redactada ha debido pensarse mínimamente antes de darle a la tecla”.

Nombre. “La maldad es el otro nombre de la mediocridad”: Patrick Kavanagh.

“Cadenas”. Es un poema del libro póstumo de la autora polaca Wislawa Szymborska (1923-2012): “Un día sofocante, la casa de un perro y el perro encadenado/ Unos pasos más allá un platito lleno de agua./ Pero la cadena es demasiado corta y el perro no alcanza./ Añadamos a la imagen un detalle más:/ nuestras mucho más largas/ y menos visibles cadenas/ gracias a las cuales podemos pasar de largo tranquilamente”: Y hasta aquí, traducción de Abel Murcia y Gerardo Beltrán, Versus/Posdata Editores.

Miedo. “En aquel roble, muchos años atrás, había caído un rayo. Aunque la copa se había partido y secado, la vida se había conservado en él a lo largo de varios siglos. Cuando empecé a acercarme, una pequeña nube cubrió la luna. Bajo las amplias ramas todo quedó en completa oscuridad. Al principio no advertí nada en especial, pero miré a un lado y mi corazón dio un vuelco. Una figura blanca estaba de pie, quieta, junto a un arbusto alto, entre el roble y el bosque. Mis cabellos comenzaron a erizarse ligeramente, pero junté valor y fui hacia allí”. Con esta prosa perfecta comienza un capítulo de “Espectros”, relato fantástico poco conocido hasta ahora en español de Ivan Turguéniev, autor clásico del realismo ruso. (Relatos fantásticos, selección, traducción y prefacio de Luisa Borovsky, Adriana Hidalgo.)

Relatos. Páginas de espuma publica este año los libros de cuentos de Alberto Chimal y Samanta Schweblin: Los atacantes y Siete casas vacías, respectivamente. Ficticia publica El confeccionador de deseos, de Aniela Rodríguez, que con sus 23 años acepta el desafío del género. Destino publica El asesinato de Margaret Thatcher de la novelista inglesa Hilary Mantel y Seix Barral Gracias por la compañía de la escritora neoyorkina Lorrie Moore. Todos muy recomendables.

Fiebre. Mujeres y libros. Una pasión con consecuencias: La fiebre de las mujeres por la lectura se inicia en el siglo XVIII según Stefan Bollman, autor de este libro, editor y especialista en Thomas Mann. Bollman parte de ese momento para hacer un recorrido por la historia y averiguar la importancia de esa pasión que pasó a ser germen de la escritura femenina. La lectura de poesía, el género epistolar, el efecto Werther, las novelas de Jane Austen, la huella de Madame Bovary, la influencia de Virginia Woolf como editora, las opiniones de Susan Sontag, e incluso el fenómeno de Cincuenta sombras de Gray son algunos de los temas que el escritor trata mediante historias, anécdotas y personajes literarios, lo que hace de este libro una novela. (Prólogo de Lola Larumbe Doral, traducción de María José Díez, Seix barral, 2015.)

Utopía. El periodista Rubén Cortés se atreve a decir lo que era la vida cotidiana en Cuba durante el régimen de Fidel Castro, en lo que él llama la Gran Utopía: “Entonces Pinar del Río se volvió, igual que Cuba entera, un pueblo jodido donde la gente casi dejó de ir a los velorios. Porque la Gran Utopía sacó lo peor de los cubanos, a obligarnos a luchar para vivir, lo cual nos hizo ceder espacios a la dignidad con tal de alcanzar una vivienda, un buen trabajo, un viaje al extranjero y privilegios como comer salchichas o usar papel sanitario. […] Para sobrevivir, la gente era capaz de cualquier bajeza o delito, como justificar en su entorno cercano la prostitución y el robo, sin cuestionamientos morales”: Un bolero para Arnaldo. Memoria personal de Cuba, Cal y arena, 2015.

Orden. Georg Simmel, filósofo y sociólogo alemán escribió en “Sociología de la comida”: “Respecto a la fuente de la que simplemente se tomaba la comida en las épocas primitivas, el plato es una figura individualista. Nos señala que esa porción de comida ha sido aislada exclusivamente para esa persona. La forma redonda del plato lo marca; la línea del círculo es el dibujo más cerrado, su contenido es el más concentrado en sí mismo, mientras que la fuente de comida disponible para todos es rectangular u oval, es decir, está menos celosamente cerrada sobre sí. El plato simboliza ese orden que, a su vez, no le permite ir más allá del límite. Sin embargo, el plato también anula y sobrepasa este individualismo simbólico en una comunidad más perfecta y más formalizada: los platos de una mesa deben ser idénticos entre sí, no toleran que haya alguna individualidad que los diferencie: utilizar platos o vasos diversos para diversas personas sería absolutamente desagradable y absurdo”: Escritos sobre la mesa. Literatura y comida, selección y traducción de Mariano García y Mariana Dimópulos; traducción del ruso de María Teresa D’Meza, Adriana Hidalgo, 2014.

Género: En su sitio de internet la bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, describió así su empeño periodístico: “He escogido un género donde las voces humanas hablan por sí mismas”.

 

Delia Juárez G.
Autora del libro Gajes del oficio. La pasión de escribir, coordinadora de las antologías colectivas Y sin embargo yo te amaba. 12 autores interpretan a José José, Mudanzas, Anuncios clasificados y compiladora del volumen Así escribo.