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El día 18 de marzo de 2015 tuvo lugar en la Academia Nacional de Medicina una deliberación infrecuente: no sobre cómo salvar y extender la vida, sino cómo humanizar la muerte.

Fue una reflexión a cuatro voces, entre distintas profesiones pero desde una misma perspectiva laica cuyo único acto de fe es en la voluntad y en la libertad humanas.

Bajo la presidencia del doctor Enrique Graue, hablaron en esa sesión un médico psiquiatra, Juan Ramón de la Fuente, un abogado, Fernando Gómez Mont, un médico especializado en cuidados terminales, Arnoldo Kraus, y un escritor, Héctor Aguilar Camín.

Hemos querido traer a las páginas de nexos esas voces diversas y convergentes en torno a una de las cavilaciones radicales de nuestro tiempo: el de la muerte digna como parte de la vida deseable

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6 comentarios en “Morir con dignidad

  1. Excelente ensayo, Maestro de la Fuente. Tiene usted toda la razón. Humanizar la muerte es una tarea impostergable, ya que las “Unidades de Cuidados Intensivos”, deben de haberse inspirado en el infierno de Dante: el peor lugar para enfrentar ese último capítulo de nuestra vida. Luces de neón, sondas, monitores y alarmas; Médicos y enfermeras fantasmales, escondidos tras las batas, gorros, cubre bocas y guantes. Ningún ser querido cerca, ningún consuelo cuando más se requiere el contacto humano. Y la inminencia de la muerte, como única certeza.

  2. Excelentes textos, los cuatro. Cada quien desde su perspectiva.

    Yo nací en una familia en la que siempre se ha respetado la muerte digna. Era muy joven cuando en mi casa ya se hablaba de la muerte y de la forma en que los mayores y viejos querían enfrentarla. Mis padre y abuelos siempre nos dijeron que no querían morir conectados, que si llegaba el momento de ser desahuciados no permitiéramos que alargaran su agonía de forma mecánica.

    Mi abuela murió a los 78 años, después de tres de haber sido mal operada (IMSS Lomas Verdes, Edo. de México) de una fractura de cabeza de fémur, de pasar ese tiempo con dolores y de volver a ser intervenida (Hospital Mocel, DF) para escuchar el diagnóstico de que tenía el hueso infectado y que no le podían poner una nueva prótesis hasta seis meses después. Es decir, condenada a la inmovilidad por seis meses, y después esperar a que la nueva operación resultara exitosa. Al día siguiente del diagnóstico entró en coma. La conectaron de inmediato. Durante tres días peleamos con el médico responsable para que le quitara los aparatos. Él argumentaba en contra por motivos éticos y religiosos. Finalmente la presión fue tal que aceptó, aunque el informe final fue que ella ya había muerto antes de quitarle los medios artificiales.

    Mi padre murió a los 69 de cáncer en el esófago. Recibió quimio y radioterapia, pero finalmente tuvo que ser intervenido (Hospital Inglés, DF) para quitarle parte del aparato digestivo (ya llevaba semanas sin comer ni beber agua). Había que sustituirlo por un estómago artificial que sólo podía conseguirse en Estados Unidos, sobre pedido, con especificaciones concretas. Sabíamos que el riesgo era grande, y así lo fue. Tras unos días hospitalizado, tuvo un paro cardiorrespiratorio. Llegó de inmediato el equipo de emergencias para conectarlo. Mi madre se opuso. Lo dejamos morir, creo que ya en paz.

    A los 56 años murió mi hermana, año y medio menor que yo. Cáncer de pulmón. El diagnóstico fatal fue el 13 de septiembre de 2011 (Hospital Satélite, Edo. de México). No había nada que hacer, ya que el tumor era de célula pequeña, invasiva y mortal. Aun así, la visitó varias veces el oncólogo y le sugirió quimios y radios. Ella preguntó sobre resultados, expectativas, calidad de vida, y le respondieron que no había nada de eso, pero que se lo seguían sugiriendo. No aceptó. Murió un mes exacto después en casa, en su cama, rodeada de su familia y asistida con morfina y cuidados de un tanatólogo. Consciente hasta el final, y sin dolores.

    Me conmueve todavía hablar de ellos y de su muerte, así como me conmovieron algunos de sus textos. Pero vale la pena leerlos y opinar si el objetivo común es lograr que la gente muera como debe ser: con el mínimo de dolores, sin perder la dignidad, sin dejar de ser humanos para convertirse en cosas. Toda legislación a favor es para muchos aplausos.

  3. Creo que se tiene que hablar con la familia de esto, me parece que lo mejor es estar rodeada de nuestros seres mas queridos, en ese mo momento y poder partir con gozo en el alma. Gracias por compartir esta información.

  4. Soy candidato a diputado por Xalapa, Ver. Llevo a la Cámara, si gano, dos proyectos de ley elaborados: Derecho a la muerte asistida y federalización de la ley de voluntad anticipada.

  5. Mi mamá nos pidió, desde que eramos niños que no le prolongaramos la vida, a los 90 años se le paralizó el intestino, dos médicos querían que se internara y operaran, ella se negó, se le dieron analgésicos muy fuertes y murió en su casa rodeada de todos sus hijos, nietos y perros (a los que siempre amó)

  6. Me parece muy interesante hablar de este tema, mis padres murieron cada uno en circunstancias diferentes y creo que la muerte de mi padre, aunque dolorosa, murió en casa, rodeado de la familia, pero la muerte de mi madre fue por el cáncer que tuvo en el hígado y vías biliares, sometida a tratamientos tan agresivos como la quimioterapia, yo creo que es necesario que se legisle sobre esta materia, para que uno en vida elija, en caso de una enfermedad terminal, morir con dignidad y no sufriendo tanto en un Hospital.