Suis-je Charlie?

Al enterarme de lo sucedido el 7 de enero de 2015 en París, claro que me sentí azorada. Claro que publiqué en mi perfil de Facebook el texto blanco sobre fondo negro “Je Suis Charlie”. Claro.

Claro que me parece atroz que hayan sido asesinadas 12 personas. O que lo hubieran sido 11 o 10; a fin de cuentas ya una sola muerte en nombre de la religión resulta inaceptable.

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Claro que estoy triste, que estoy sorprendida, que estoy enojada. Pero no sé si puedo decir con sinceridad que “Je suis Charlie”, que yo soy Charlie.

Creo que esa frase nunca ha sido definida con claridad. “Estoy de luto”. “Soy solidario”. “Estoy en contra del terrorismo”. “Defiendo la libertad de expresión”. “Me siento agredido en tanto francés”. “Respeto la revista Charlie Hebdo”. La frase puede denotar un gran número de ideas con las cuales no necesariamente coincido.

Sí, estoy de luto. Estoy de luto porque hay personas que fueron injustamente asesinadas, sin importar razón para ello, sin importar su nacionalidad. En tanto mexicana, vivo en un constante duelo por los 26 mil muertos hasta hoy, y los que se suman cada día, víctimas del mal gobierno de mi país. En tanto mujer, vivo en duelo constante por todas las víctimas de feminicidios en cualquier país, crímenes que no cesan jamás de ser cometidos tanto en Oriente como en Occidente. En tanto ser humano, vivo igualmente un duelo por todas las masacres en el mundo entero. En consecuencia, vivo un duelo por Charlie Hebdo.

También es verdad que soy solidaria con Charlie Hebdo. No puedo imaginar el dolor que deben experimentar las familias de las víctimas, el miedo de sus compañeros de trabajo al momento del atentado, la ira de todos los lectores de esa publicación. A fin de cuentas una muerte es siempre cosa trágica.

Claro está que, de ese mismo modo, estoy en contra del terrorismo. Creo que todo problema debería resolverse mediante el diálogo, que palabra y pensamiento son privilegios que nos concede nuestro estatuto de seres humanos, y que la violencia no hace sino rebajarnos al de bestias salvajes, no aporta sino destrucción. Una acción terrorista jamás puede ser justificable y, sin embargo, tiene siempre una razón de ser. Soy atea, por lo que mi razonamiento no parte sino de meras especulaciones; pero soy capaz de imaginar la ira profunda que puede experimentar un musulmán a la vista de la caricatura degradante de un profeta Mahoma que exhibe las nalgas, dibujada además por un occidental y publicada en un semanario leído en toda Francia. Estoy en total desacuerdo con el atentado del 7 de enero pero el mundo no es blanco y negro, y creo que jamás hay que dejar de plantearse preguntas.

En efecto, defiendo también la libertad de expresión. No debería hacer falta explicación: en tanto ser humano, y en tanto individuo que vive en sociedad, tengo derecho a expresarme, y si quiero reclamar ese derecho, debo también acordarlo al prójimo. A título personal diré que no creo que la libertad de expresión en Francia se vea afectada por este ataque. En México el narco tortura y mata a los periodistas que publican información comprometedora, el Estado reprime las manifestaciones con violencia y controla la información que transmiten algunos medios. En París dos fanáticos islamistas asesinaron a 12 periodistas y el gobierno reaccionó de inmediato: fue proclamado un luto nacional de tres días y el presidente de la República participó en la manifestación. Las situaciones de México y Francia no resultan en absoluto comparables, y no busco en caso alguno relativizar la gravedad de lo acontecido, pero me gustaría explicar con este ejemplo que pienso que este atentado no está tan ligado al tema de la libertad de expresión como se piensa. Fueron asesinados 11 periodistas y un empleado de Charlie Hebdo en París como habría podido ser muerta una mujer en un país de Medio Oriente por llevar minifalda. En el caso de este atentado, sí: alguien dijo algo y lo mataron para hacerlo callar. Se trata, sin embargo, de un caso particular; en términos generales, la libertad de expresión no peligra en Francia. De acuerdo al artículo décimo de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, “Nadie debe ser molestado por razón de sus opiniones, ni aun por sus ideas religiosas, siempre que al manifestarlas no se causen trastornos del orden público establecido por la ley”. Encontramos aquí un límite impuesto a esa libertad de expresión, lo que puede suponer un problema: un atentado terrorista sin duda causa trastornos en el orden público pero ¿no lo hace también una caricatura de Charlie Hebdo? Cierto es que si un político retomara en serio los discursos satíricos de la publicación no gozaría de aceptación social, pero el hecho de hacerlo a través del humor hace que ese límite devenga en extremo ambiguo. ¿Hasta dónde puede llegar un chiste? ¿Puede uno afirmar realmente para hacer reír que “el Corán es una mierda” porque “no detiene las balas”? En ese caso, ¿es posible afirmar lo mismo a propósito de Charlie Hebdo después del atentado? ¿Cómo establecer los límites entre el escarnio y la ofensa?

Y caben en este movimiento dos posturas a las cuales no puedo adherirme.

No pienso que se trate de un atentado contra los franceses por el hecho de ser franceses. Muchas personas se sienten blanco de ese ataque (o cuando menos es lo que colijo a partir de la lectura de ciertos comentarios en las redes sociales). La sorpresa fue para todos: ¿cómo pudo pasar algo así en la tierra de la libertad, la igualdad y la fraternidad? No creo que el mensaje que querían transmitir los responsables del atentado sea el mismo que el que transmitieron los autores del 11 de septiembre en Nueva York, por ejemplo. A mi juicio, este ataque estaba destinado específicamente a los dibujantes y periodistas del semanario. “El Profeta ha sido vengado”, dicen los terroristas al regresar a su auto después del atentado. Vengado de todas las burlas y blasfemias a las que fue sometido en la publicación y no en Francia toda. Me parece que esa sensación de herida nacional resulta no sólo equivocada sino que alimenta además un odio colectivo entre dos sociedades que no deberían dejarse llevar por los actos de individuos que no las representan. El grupo MAMA UK (Measuring Anti-Muslim Attacks, del Reino Unido) publicó el 10 de enero información sobre el número de ataques sufridos por musulmanes en Francia después del atentado. Ha habido al menos 15 en tres días pero los medios franceses no difunden tanto esos sucesos. Es en virtud de esa falta de total transparencia que pienso que todo lo que se dice a propósito de la religión musulmana en Francia puede tener repercusiones más fuertes de lo que imaginamos.

Tampoco estoy de acuerdo con el hecho de que decir “Je Suis Charlie” pueda significar “Estoy de acuerdo con la revista Charlie Hebdo”, pues no lo estoy. No soy el tipo de persona que pueda encontrar hilarante una masacre en Egipto o una blasfemia. O acaso pueda divertirme una blasfemia pero no me siento en situación de admitirlo en público en un contexto en que la islamofobia sigue latente y en que ese mensaje puede ser incomprendido o deformado con facilidad para justificar una actitud racista contra los pueblos árabes tan común en Francia. ¿Por qué los chistes contra los musulmanes no me mueven tanto a risa como los chistes contra los cristianos? Por la misma razón que hago mofa de los mexicanos pero no me gusta que la hagan en Estados Unidos: si lo primero queda en mera broma, lo segundo toca un tema en extremo delicado y tenso entre dos sociedades. Si François Hollande hubiera dicho antes del atentado que le gustaba Charlie Hebdo habría sido duramente cuestionado. ¿Por qué resulta aceptable que lo haga después? Si el atentado hubiera sido contra una publicación de extrema derecha, ¿habrían salido de todos modos cuatro mil personas a manifestarse enarbolando carteles que rezaran “Je Suis Minute”? Yo no sería capaz de hacerlo: sería una hipócrita, como lo soy ahora al colocar en mi foto de perfil la frase “Je Suis Charlie” cuando antes del atentado no compartía la posición de la revista.

Lo que me disgusta de las consignas como ésta es que a menudo pierden sentido, devienen moda, cliché. Y la gente las repite sin cuestionarse a profundidad a propósito del sentido de las palabras que pronuncia.

Es porque todos los significados de la frase no representan lo que pienso que no puedo decir simplemente que “Je Suis Charlie”. Soy algo más complejo que una mera frase.

 

Itala Aguilera

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Mi obligado agradecimiento a Renata Arcos por el debate y las ideas compartidas.
Traducción del francés: Nicolás Alvarado

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Publicado en: Sólo en línea