mega-marcha

A las 4:45 de la tarde, la calle de Florencia seguía abierta a la circulación. Varios nos preguntábamos por qué. En cuestión de minutos supimos la respuesta: decenas de camiones provenientes de Guerrero estaban por llegar al Ángel para comenzar la manifestación del 20 de noviembre.

La marcha salió por etapas. A la cabeza los padres, las madres, los hermanos de los 43 desaparecidos en Iguala la noche del 26 de septiembre. Caminaban en fila, entre aplausos y gritos de “¡No están solos!”. Atrás de ellos una camioneta pick-up con altavoz, pasando lista a los contingentes de la CETEG, el sindicato de maestros guerrerense: “¡Región de Acapulco! ¡Región del Centro! ¡Región de Costa Chica! ¡Región de Costa Grande! ¡Región de Tierra Caliente!”.

Iniciaron su recorrido a las 5:15 p.m. Muchos con banderas blancas, otros tantos con mantas con las caras de los desaparecidos. Junto a ellos un grupo de encapuchados, al que rápido y al unísono se le gritó que se destapara. Algunos hicieron caso a la multitud. La gente en el Ángel temía a los infiltrados. No todos, claro. Un par de personas gritaron “¡Fuera ñoños!” a quienes pedían rostros descubiertos.

Por Reforma avanzaron los de Greenpeace, los del Faro de Oriente, los pro-legalización, los de las bicicletas y hasta una asociación de masones. Un grupo de invidentes iba agarrado de la mano. También había varios padres con carriolas y un hombre desnudo con la pancarta “¡Suecia los está viendo!”.
La frase inicial era la misma, contar hasta 43 y exigir justicia. Gritos de “¡Vivos se los llevaron y vivos los queremos!”, haciendo eco de las últimas manifestaciones.

Pero conforme fue avanzando la marcha, el grito se modificó: los miles de manifestantes decían, en conjunto, “¡Fuera Peña!”, y al pasar por Insurgentes y Reforma el coro de “¡Senado maneja el narcoestado!”. Algo cambió de las veces anteriores, pues el grito de “¡Fue el Estado!”, fue sustituido por una frase más larga pero más articulada: “¡Ahora, ahora, es indispensable… que se presenten vivos y se castigue a los culpables!”. Se pasó de una exigencia general a algo un poco más concreto.

No hubo problema para llegar a la Alameda, donde la consigna iba contra Angélica Rivera: “¡Gaviota, ratota, devuelve la casota!”, retumbaba el hemiciclo a Juárez. De ahí el río de personas continuaba hasta Bellas Artes y daba vuelta por 5 de mayo, donde se estrechó el paso. Sin embargo, en ningún momento hubo trabas para seguir avanzando o regresar.

Tampoco faltó una voz contundente que se elevó por encima de muchas: “¡Cacahuates a 10 pesos!”.

Centenares de manifestantes postrados en las banquetas y en las alas de la marcha recibían a quienes iban al Zócalo. Alentaban los gritos, tocaban música.

A pesar de hacer el recorrido relativamente rápido, al llegar al Zócalo ya habían terminado los discursos. Vimos en redes las imágenes de la efigie que ardió a la mitad de la plancha, una representación del presidente.

Durante tres horas fue difícil avistar a más de una decena de camarógrafos a lo largo del recorrido. La mayoría parecía estar postrada desde temprano afuera de Palacio Nacional, donde en la marcha anterior un grupo de encapuchados incendió una de las puertas de entrada.

En esta ocasión semejaba un set de televisión: (casi) todas las cámaras y (casi) toda la prensa volteando al mismo lugar para la imagen estelar: los cohetones y los cocteles molotov explotando afuera de las oficinas presidenciales.

La gente comenzó a alejarse, y cuando uno de los petardos hizo una explosión más sonora, una estampida de gente espantada corrió hacia 20 de noviembre. Tres horas caminando para tener el mismo final, resaltado, encuadrado e iluminado. Como si las miles de personas que marcharon y seguían llegando al Zócalo fuesen sólo público de un espectáculo ajeno, perpetrado por los protagonistas de costumbre.

A pesar del final que ya parece rutinario, algo distinto hubo en la marcha del 20 de noviembre. Decenas de miles de personas –¿100,000?– todos con una palabra común en los labios: justicia.

 

Fiesta e indignación: la protesta estudiantil

En las universidades, la marcha comenzó por lo menos un día antes. En redes sociales, se difundieron infografías y carpetas de libre acceso con archivos que podían ser necesarios el 20 de noviembre. “¿Qué hacer en caso de detenciones arbitrarias?”, “¿Cómo ampararse?”, eran los nombres de algunos de los archivos que contenían. Todas, independientemente de la fuente, hacían énfasis en los mismos puntos: no responder a provocaciones, no incitar a la violencia.

A las cinco de la tarde abordé el metro en la estación Miguel Ángel de Quevedo, con dirección a Indios Verdes. Me dirigía a la concentración convocada para estudiantes y académicos, en Tlatelolco. La afluencia era tal que eran necesarios los empujones para que pudieran cerrar las puertas; a nadie parecía molestarle —ya se escuchaban los goyas. Debido a la cantidad de gente, el servicio se entorpeció. Al ver que sería imposible, en dichas condiciones, llegar a tiempo a Tlatelolco, me desvíe y abandoné el metro en la estación Garibaldi.

Mentiría si dijera que lo que me encontré al emerger a la superficie no me emocionó. Con la Torre Latinoamericana de fondo, un río de personas atestaba la avenida. Eran estudiantes. Con tambores, con banderas, avanzaban hacia el crepúsculo.

Mi universidad, me enteré, venía retrasada. Por lo que decidí sumarme al contingente del CIDE. ¿Cómo supe que el grupo de personas con las que marchaba pertenecían al Centro de Investigación y Docencia Económicas? Porque todas las universidades iban claramente identificadas, portando el logo de sus instituciones. Más aún: cada contingente iba cercado por cuerdas, que los propios integrantes sostenían, para mantener la unidad del grupo y evitar el acceso a infiltrados.

El recorrido, no obstante la cercanía, fue largo. La gran concentración de asistentes obligaba un paso lento. En ningún momento sentí el peso del tiempo. Si bien era la tragedia lo que nos convocaba, imperaba un espíritu festivo: música, consignas, pancartas, risas. La indignación se alternaba con la celebración de ser universitarios. En un momento hubo un alto en seco —debíamos respetar el semáforo.

Al grito de “Hay que estudiar / hay que estudiar / el que no estudie como Peña va a acabar” los contingentes del CIDE, ITAM, la Escuela Libre de Derecho y el Tecnológico de Monterrey llegamos al Munal. En una de las banquetas, un hombre sostenía una pancarta: “Organización de padres de estudiantes. Búscanos en Facebook”, rezaba. Un desconocido, de acaso 60 años y en aparente estado de ebriedad, intentó sumarse al Tec de Monterrey. Las cuerdas lo evitaron y los estudiantes lo rechazaron. El hombre protestó brevemente; “soy universitario”, dijo. Fue lo más cercano a un incidente que presencié.

Durante el recorrido, las imágenes de un Zócalo atiborrado motivaron nuestros pasos. Fue así como nos recibió, sin importar que el mensaje de los padres de los normalistas hubiera ya finalizado. Al acercarnos se escucharon un par de petardos; no entramos a la Plaza de la Constitución y nos desviamos hacia la Secretaría de Relaciones Exteriores.

En el trayecto de vuelta a casa, consulté mi teléfono. La nota eran las detonaciones y los granaderos. No pude evitar sentir una triste sensación —que no es tristeza.

 

Voces

Vine a la marcha porque es necesario que esto no pase desapercibido. Es necesario que salgamos, que no olvidemos. Es necesario que día a día, nos cuestionemos por qué permitimos que la historia vuelva a repetirse. Es necesario salir y pedir que tienen que aparecer vivos.

El país está un poco fragmentado, con miedo. Probablemente con más apatía generada por los mismos medios. Me parece que no estamos unidos del todo.

Analecy, 32 años

 

Estoy aquí porque creo que en México hemos vivido históricamente una represión cotidiana desde el 68. Ha habido muchas matanzas que quedaron impunes como Atenco, Acteal y ahora Ayotzinapa. Como colectivo LGTB hemos sufrido crímenes por homofobia, también han matado mucha gente que se ha quedado en el olvido y creemos que ya es necesario alzar la voz.

Creo que México hay un hartazgo social. Creo que las personas ya estamos hastiadas de tanta impunidad, de tanta violencia. Ya es necesario que las personas salgamos a exigir justicia y que ya no haya más violencia.

Maai, 29 años

 

Vine porque es una manera de manifestarme, una de muchas maneras para hacerlo.

Veo al país inseguro, triste, injusto, impune. Lo mismo que todos.

Luisa, 40 años

 

He asistido a todas las marchas porque debemos apoyar todo este movimiento de los estudiantes y protestar contra el gobierno por todas las acciones que ha estado haciendo desde hace muchos años.

El país hoy es un desastre. Las malas acciones del gobierno están despertando a todos los México, desde los Méxicos pacíficos hasta los Méxicos violentos. Somos muchos Méxicos y realmente no tenemos que sorprendernos de las diferentes acciones que está tomando el pueblo. Cada quien responde a su nivel y a su modo de entender.

Luis Manuel, 67 años

 

Vine a la marcha porque somos un colectivo feminista que está en contra de todo tipo de violencia y ahorita nos organizamos por el acoso callejero. Venimos  apoyando a los 43, pero recordando que no solamente son los 43 de Ayotzinapa sino las miles de desaparecidas y asesinadas.

Percibo al país cada vez con más violencia. Y también con más indignación, con más posibilidades de unión, de organización.

Ana, 29 años

 

Yo doy clases a niños de prepa y en cuanto supe que habían denunciado que habían sido asesinados 43 estudiantes, no podía con esta realidad frente a esa otra realidad; entonces sentí que debía estar en la marcha.

El país está confundido, tiene miedo, pero ahorita ya se está expresando.

Lucía, 31 años

 

Estoy aquí porque me parece indignante que siga prevaleciendo que se prive de la vida a alguien. El hecho de estar aquí manifestándome es para no apaciguar este sentimiento de pensar que podría ser yo también uno de ellos. Estoy aquí por empatía.

El país por una parte está muy cansado de la situación y por otra parte con ganas de no volver a ver que esto suceda.

Jean David, 34

 

Estoy aquí porque en Greenpeace también luchamos por la justicia social y un ambiente sano para el mundo, además de que uno de nuestros principios es la no violencia. Nos parece preocupante la respuesta que ha tenido el gobierno al señalamiento de violaciones de derechos humanos y a la lucha estudiantil en general. Queremos expresar nuestra indignación junto con todos los demás por la situación que estamos pasando y por la violación a derechos humanos que venimos sufriendo desde hace décadas.

El país ahora es violento y tiene una serie de programas gubernamentales que parecen no ir a ningún lado. No hay respuestas claras a la violación de derechos humanos y tampoco resultados de políticas públicas. El gobierno no tiene interés en escuchar a la sociedad civil. Y la sociedad civil está despertando, eso es interesante.

Paloma, 43 años

 

Asistí porque pienso que debemos ponerle un alto a la situación que estamos viviendo. Debemos manifestarle al Estado y a los medios que no estamos conformes con lo que pasa en el país. Estoy aquí, también, porque tengo dos hijos y no me gustaría que cuando ellos estuvieran estudiando la carrera que sea y haciendo este tipo de protestas les pasara lo mismo.

El país está indignado.

Fabiola, 34 años

 

Participo en esta marcha porque creo que es tiempo de que la sociedad se una, de que nos movilicemos. Creo que todos tenemos que ver en lo que ha sucedido porque hemos permitido que las cosas lleguen hasta este punto. Los 43 estudiantes son solo la punta del iceberg de lo que viene sucediendo en nuestra sociedad desde hace varios sexenios.

Percibo al país a punto de estallar, casi en llamas, en descontento. Afortunadamente despertando, cada vez más sectores de la población están indignados con esta situación.

Cristina, 45 años

 

Estoy aquí porque también soy estudiante. Ya son muchos años con actos violentos en los cuales el Estado ha sido el responsable, pero criminaliza a la gente diciendo que se trata de crimen organizado. En este momento ya es inevitable considerar que el Estado es parte del crimen organizado.

El país ahorita ya tiene hartazgo, lo cual es necesario con una situación así.

Hugo Enrique, 29 años

 

Decidí asistir a esta marcha porque considero que vivimos en un Estado fallido. Se me hace impensable que un Estado esté asesinando a sus jóvenes.

En estos momentos percibo cierta esperanza que no había visto en otros movimientos. Percibo al país enojado, furioso. Me parece que esto puede desencadenar algo muy bueno.

Ximena, 17 años

 

Creo que vivimos en un país que todos los días sufre de impunidad. Este país vive en zozobra y el único culpable de todo esto ha sido el gobierno. El gobierno nos ha llevado a que este tipo de manifestaciones sean cada vez más numerosas y no vamos a descansar hasta que haya justicia en este país.

El país está más despierto, es más inteligente, está más unido. Somos gran parte del país los que pedimos la renuncia de poderes federales y estatales. Necesitamos cambiar de raíz la forma de gobernar este país, y los primeros que tenemos que empezar con una idea social renovada es el pueblo y creo que estamos empezando bastante bien.

Óscar, 31 años

 

Vine porque ya es suficiente de tantos desaparecidos. No sólo son los 43, son muchos más. Todos los asesinatos, las violaciones. El mal manejo del dinero de los políticos que ganan más que nosotros.

Yo creo que el país nunca ha avanzado. Por más que haya habido una revolución, el gobierno sigue en la misma. Cada vez está peor la violencia y cada vez hay más descaro.

Rosario, 29 años

 

Decidí venir porque ceo que es muy importante que todos los mexicanos y en el mundo sepan lo que está pasando en el país. Esto no puede seguir así y si seguimos callados no va a pasar nada.

Veo que es un país infectado, corrupto, que no le importa su pueblo. Este país está mal, está podrido.

Aletia, 26 años.

 

Yo decidí venir a la marcha porque estoy en contra de los asesinatos. Yo soy normalista y esos chicos me duelen mucho. Y porque son mis colegas de gremio y porque no es justo lo que hace el gobierno.

Percibo al país muy mal. Esto fue el detonante. Yo creo que los muchachos de Ayotzinapa nos dolieron a todo y ojalá que estas manifestaciones sigan creciendo.

Guadalupe, 50 años.

 

Estoy aquí por la coyuntura que vive el país, por los crímenes que han ocurrido a lo largo de muchos años y que, personalmente, nunca he sentido que han sido resueltos. Han dejado una herida abierta en la sociedad y me siento indignado por ello.

El país está dolido. Es la palabra que puedo usar para expresar todo a la vez. Está dolido, está indignado, le falta justicia.

Yasser, 30 años.

 

Esteban Illades, Juan Pablo García Moreno y Kathya Millares.

 

6 comentarios en “México se mueve: crónica de una marcha

  1. El gobierno está lleno de contradicciones, son las autoridades quienes fingen que se vive bajo un régimen democrático como se establece en la Constitución Política, en el fondo se conducen bajo los cánones de una monarquía relativa que aspira al absolutismo. La violencia es originada por los propios gobernantes quienes fomentan la impunidad de sus propios actos de corrupción o autoritarismo, que a la luz de todos, ofenden a los mexicanos y agravan los problemas sociales del país.

  2. Espero que no sea la ultima manifestación, el pueblo mexicano es muy dado a la pachorra política, de repente se enciende y así mismo se apaga el ímpetu que lo moviliza, esto los políticos lo saben muy bien y siempre le dan largas a los asuntos para que los ciudadanos los olviden, me gusto la propuesta que hicieron en el artículo que escribió junto con los intelectuales, espero que encuentre eco en otras personas y tratemos juntos que los 7 puntos que proponen tengan la viabilidad necesaria para ser revisados y adoptados por el congreso para tener un avance real en el cambio de las políticas que nos han traído hasta aquí, y que finalmente México tenga esperanzas para alcanzar la paz y la prosperidad en el futuro.

  3. A propósito de lo que leo aquí arriba quiero preguntarles a quienes proponen que renuncien todos los poderes federales y estatales ¿ante quién quieren que renuncien? ¿Y a quién quieren en su lugar? ¿O de plano desaparecemos al gobierno? Para ir sabiendo.

  4. Mi opinion a este desacierto. Es que como es posible que estos estudiantes de chilpancingo vengan manejados a atacar a los guerreros unidos que a fin los dos grupos detentan el poder de narcos controlados por el PRD y MORENA los ediles permitan esta guerrilla donde esta la objetividad , no encuentro un punto de acuerdo. Lo que si recalco es que no todos eran estudiantes.
    Quien son los interesados en desestabilizar al gobierno??

  5. Ya antes, en el pasado histórico del Estado de Guerrero, hubo un gober -CABALLERO ABURTO-depuesto, acción que origino un libro de nombre” Y EL PUEBLO SE PUSO DE PIE” mismo que narraba los pormenores, por el cual dicho gober, fue corrido de su funcion; hoy en este presente histórico Nacional, NO SE DEBE DE PERDER LA VALIOSA Y GRANDIOSA OPORTUNIDAD, PARA EXIGIR Y DEMANDAR A LOS TRES PODERES DE LA “UNION” (me refiero a los Dip. y Senadores; Jueces y Funcionarios públicos) QUE REALICEN SUS FUNCIONES, PARA LA QUE JURARON Y PROTESTARON. NOSOTROS, COMO MIEMBROS DEL PUEBLO, SOMOS QUIENES DISPONEMOS Y ORDENAMOS CADA ACCION DE ESOS FUNCIONARIOS.
    APENAS EL 20 DE NOV. SE CUMPLIERON 104 AÑOS DE LA REVOLUCION; SE DICE QUE “NO HAY QUINTO MALO” PARA CELEBRARLA EN EL MES QUINTO, DEL AÑO QUINTO MAS EL SIGLO…QUE CONSTE!

  6. Veo que nadie marchó por Gonzalo Rivas, quemado vivo por los normalistas de Ayotzinapa, nadie por los policías quemados vivos en Tlahuac, nadie por lana pirámide de cuerpos de policías federales en Michoacán. Qué selectiva es la indignación