El término “Ciudad Global” describe un fenómeno urbano en donde los servicios corporativos se concentran en zonas especializadas. Estos “servicios” consisten en organizar los flujos de la producción y en ordenar una industria atomizada en diversas naciones; concentra también servicios financieros que habilitan flujos económicos más allá de las fronteras nacionales, además de que estriba en darle a los procesos productivos transnacionales soporte jurídico, aduanero, contable, de comercialización, de publicidad, entre otros. Estas zonas especializadas han aparecido en diversas partes del mundo, la Defense en París o Puerto Madero en Buenos Aires son un ejemplo.

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Estas ciudades representan una versión del capital sin agendas nacionales, por el contrario, son los países quienes han debilitado su posición ante los embates de la producción global, y son ellos los que fijan su desarrollo en la medida en que pueden fortalecer su lugar dentro de estas dinámicas; para lograrlo recurren a diversas estrategias, entre otras, crear ciudades globales.

Los entornos urbanos son un proceso en donde las dinámicas de la producción dominante definen las formas del crecimiento territorial, y no al revés como se suele pensar. Las ciudades globales surgen dentro de un proceso de modernización que nada tiene que ver con la idea urbana, sino con la transformación puntual de los modos de producción.

Santa Fe es la ciudad global mexicana. Para muchos especialistas es una colección de errores. Es común escuchar críticas sobre la falta de planeación, la carencia de infraestructura, la segregación espacial entre barrios de pobres y conjuntos de ricos, la clausura del espacio público, la expulsión de los pepenadores, una cuestionable localización con respecto a la ciudad, la mala calidad de transporte público así como la imposibilidad de caminar en el polígono; el esquema urbano de Santa Fe deja mucho que desear para el urbanismo sustentable, para los activistas de la bicicleta y los consumidores del cappuccino lifestyle, es la consumación de la ciudad fetichista. Se ha criticado la vigilancia digital y las “autodefensas privadas” que han sido contratadas por todos los edificios para hacer sentir a sus habitantes seguros ante el torbellino urbano. Además se ha cuestionado la presencia de puestos informales de comida, como parte de las contradicciones de esta ciudad global, si bien es cierto que esta particularidad muestra un fuerte contraste entre los grandes edificios y los locales de lámina, este fenómeno es una característica de todas las colonias de la ciudad. Criticar el desarrollo de Santa Fe es el deporte preferido de los especialistas y académicos; aunque lo urbanamente criticable es tan evidente que las mismas opiniones surgen entre ciudadanos no especializados.

En los últimos años se ha reflexionado sobre la incursión de la ciudad global que, como caricatura, se produce a costo de la población marginal. La imagen del tío Sam y un cerdo millonario con puro y bombín planificando Santa Fe mientras pisan al resto de la ciudad, es la síntesis de la explicación banal de los procesos urbanos; el asesinato de Filemón y Baucis en el grandioso Fausto de Goethe, parece un juego de niños frente a Santa Fe, aunque el escritor alemán justamente argumentaba que todo desarrollo moderno tiene su costo.

Revisaré en este texto las condiciones a través de las cuales surge Santa Fe como un ensamblaje entre los ámbitos urbanos, financieros, políticos y empresariales, así como la traducción espacial más evidente de las transformaciones que en materia económica se dieron en los años ochenta, y se consolidaron con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio y que hoy, aun con todas las carencias, representa a una de las zonas con mayor plusvalía, con gran demanda de oficinas corporativas y viviendas, en donde se ofrecen todos los servicios que uno pueda imaginar.

Las ciudades son procesos de largo plazo, a 20 años del TLC intentaré hacer una instantánea de este megaproyecto, me interesa puntualizar las transformaciones en las visiones urbanas, las oportunidades y riesgos que explican este desarrollo, así como la evolución de un ideal político que corresponde a las doctrinas económicas que en su momento dominaban la imaginación de funcionarios, y que hasta nuestros días sigue ordenando las decisiones económicas de México. Puede ser que la traducción urbana del neoliberalismo sea poco agradable, en el fondo lo que desagrada más son las consecuencias negativas del sistema económico que ha producido grandes iniquidades, ha restaurado a la alta burguesía como la clase dominante, incluso sobre los estados; mientras que ha multiplicado la cantidad de pobres y ha reducido la posición de la clase media. La construcción simbólica de estos entornos es negativa en muchos sectores sociales.

 

La historia moderna de Santa Fe coincide con el emplazamiento de minas de arena durante el siglo XX, antes de la década de los sesenta grandes socavones producidos por las minas fueron utilizados como tiraderos de basura a cielo abierto. A finales de los setenta el Departamento del Distrito Federal (DDF), comandado por Hank González, expropió 800 hectáreas a los supuestos propietarios de las minas, pero les otorgó el derecho de explotación hasta agotar la arena. Dentro del polígono expropiado se encontraban también los basureros. Años más tarde, en la época de Miguel de la Madrid, nuevas expropiaciones se realizaron en la zona y se sumaron a las originales.1 También en ese sexenio y debido a la contaminación ambiental, se tomaron 21 medidas ecológicas desde el gobierno federal sobre el territorio del DF, una de ellas era cerrar seis mil 500 tiraderos a cielo abierto, incluidos los de Santa Fe.2

En marzo de 1979 un sismo sacudió a la ciudad de México, su principal consecuencia fue la caída de la Universidad Iberoamericana, localizada entonces en Churubusco. El gobierno federal anunció el otorgamiento de un nuevo terreno a la universidad; en 1982 le entregaron 20 hectáreas en las minas en Santa Fe. Además, durante el mismo sexenio se proyectó y construyó parcialmente la carretera La Venta-Paseo de la Reforma, que para 1988, año en que abrió la Ibero en Santa Fe, funcionaba como el estacionamiento para estudiantes y maestros. En ese momento la carretera llegaba hasta donde acaba la Ibero.3

En septiembre de 1985 otro movimiento telúrico marco el rumbo de Santa Fe, los sismos lograron que el DDF cancelara todos los permisos de construcción y bajara la densidad en todas las colonias mediante el Plan de Desarrollo Urbano publicado en 1987. También, se produjo un fenómeno de migración en el que muchas familias abandonaron la zona central para buscar lugares “más seguros”. La idea de la periferia hacía sentido en la imaginación de muchos habitantes.

Como ya mencioné, a través de Santa Fe cruza la carretera La Venta-Paseo de la Reforma, la cual da continuidad a la avenida más importante simbólicamente de la ciudad y que justo antes de llegar a Santa Fe aloja a las colonias tradicionalmente ricas. De hecho, históricamente el poniente de esta urbe ha sido el lugar de crecimiento de los sectores más favorecidos.

El 19 de octubre de 1987 otro acontecimiento marcó el destino del megaproyecto, un crash financiero en la Bolsa Mexicana de Valores logró una inflación de 150% anual, mientras que la tasa de interés de los Cetes alcanzó un rendimiento promedio anual de 152%, nadie en su sano juicio haría un negocio con tan buenos rendimientos. Esta situación frenó prácticamente por completo al mercado inmobiliario. El 15 de diciembre del mismo año se establece una estrategia para mejorar la crisis financiera mediante el “Pacto de Solidaridad Económica”, la medida tardó algunos meses en dar resultados, pero para 1989 la tasa promedio anual se había reducido a 55.86%, mientras que para 1992 estaba debajo de 17%,4 el momento era propicio para la inversión y el mercado inmobiliario era una excelente opción.

Salinas toma la presidencia en 1988, nombra a Manuel Camacho como jefe del DDF, a su vez él nombra a Juan Enríquez en Servimet y a Jorge Gamboa de Buen en lo que hoy es Seduvi, ambos se encuentran con una demanda inmobiliaria que no había existido y que buscaba generar edificios para oficinas corporativas. Por otro lado, se topan con las condiciones descritas líneas arriba, que en resumen son: no hay permisos de construcción en todo el DF debido al programa de 1987 derivado de los sismos; los ciudadanos abandonan la zona central por la misma razón; el DDF tiene la posesión y propiedad de un terreno sin vecinos ni regulación de 800 hectáreas en una localización inmejorable: el poniente de la ciudad, junto a las Lomas de Chapultepec, colinda a un denso bosque, cerca de una zona industrial y del aeropuerto de Toluca, el más grande del país; también cuenta con una universidad privada en el centro del polígono; un basurero a cielo abierto en proceso de cierre y minas explotando los últimos vestigios de arena. Adicionalmente, el rendimiento en los Cetes se había reducido y los mercados estaban ávidos de oportunidades de inversión. También se encuentran en el sitio con una carretera federal en construcción y en parte terminada.

Ante las limitaciones normativas y de vecinos, y el hecho de tener la posesión y propiedad de un predio grande y bien localizado, con un incipiente boom inmobiliario, la decisión urbana que tomaron a finales de los años ochenta era la más lógica, así como la única oportunidad de transformar de manera contundente el territorio de la ciudad.

La Coordinación General de Reordenación Urbana y Vivienda del DDF, dirigida por Jorge Gamboa de Buen, estableció una Zona Especial de Desarrollo Controlado (ZEDEC), esta medida reguló los terrenos y consolidó las reglas del progreso urbano. Mientras tanto, Servimet impulsaba comercialmente a Santa Fe. La manera de instrumentar el desarrollo urbano fue por medio de sencillas reglas, más de sentido común que de estrategia colegiada; por ejemplo, no se podía vender un terreno más barato que el que se había vendido anteriormente, todos los ingresos por la venta de terrenos se debían de invertir ahí mismo en la construcción de infraestructura y equipamiento.

El gobierno de la ciudad a través de Servimet contrata a prestigiados arquitectos de la época: Ricardo Legorreta y Teodoro González de León5 para hacer plan maestro. Estos arquitectos, incuestionables en ese momento, hacen lo que conocemos. No habíamos tenido una historia reciente de grandes transformaciones del suelo urbano desde la estructura oficial,6 al menos desde los años sesenta y siempre orientados a obras monumentales del Estado-nación. Durante las décadas de los setenta y ochenta los urbanistas se dedicaron a planear fantasías, llenaron los archivos del gobierno con planos de colores que no cuadraban con la realidad y nunca lograron transformar la ciudad en forma significativa. Pero una operación urbana de la naturaleza de Santa Fe, planteada desde los ámbitos públicos y privados, era algo completamente inédito.

Legorreta y González de León proyectaron un entorno urbano que a muchos nos recuerda a Houston, en donde uno se mueve de un espacio privado a otro siempre dentro de un coche, el espacio público queda cancelado en la configuración física de la ciudad. Proyectaron una ciudad adecuada para el imaginario de muchos arquitectos a finales de los ochenta, pero que ha resultado tener muchas carencias. Aún así, los primeros edificios destinados a dar alojamiento a las dinámicas de la economía global empiezan a aparecer. El primero, después de la Ibero, es el de Bimbo en una zona denominada Peña Blanca entre la puerta Santa Fe y la Ibero, también ahí se construyeron edificios que hoy alojan a Banamex, Santander, IBM, etcétera. De manera simultánea a la primera etapa, los terrenos que se conocen como Centro de Ciudad se empiezan a desarrollar, Legorreta planteó crear un zona peatonal, con usos mixtos, parques, oficinas y viviendas. El primer edificio en esa zona, obra del mismo arquitecto, cuyo programa arquitectónico era comercio en planta baja y vivienda en la parte superior fue la punta de lanza. Esa zona es actualmente peatonal, el resto de Santa Fe se concibió para los coches.

 

Durante el sexenio salinista las dinámicas económicas respondían al entusiasmo y la confianza que se había construido a través de políticas neoliberales y la propaganda federal. Las tasas de interés y los rendimientos bajos incitaban al boom inmobiliario. Una nueva generación de desarrolladores se lanzaron a fabricar Santa Fe, en pocos años habían construido los edificios de Peña Blanca y muchos del Centro de Ciudad, con dimensiones insospechadas para ese momento, 40 mil metros cuadrados hoy no suenan tan impresionantes, pero en ese momento se trataba de los mayores edificios de oficinas privadas construidos en el país, y no se trataba de un inmueble, sino de muchos.

El éxito del megaproyecto durante la época de Salinas se vio reforzado cuando el empresario Fernando Senderos construye la primera etapa de Arcos Bosques, a cinco minutos de Santa Fe, además otros desarrolladores construyen tres torres fuera del polígono en la esquina de Constituyentes con Reforma. Algunos empresarios que no alcanzaban a jugar dentro del polígono original tomaron los terrenos que quedan del otro lado de la carretera e impulsaron su propia versión de Santa Fe. El centro comercial fue promovido por el gobierno de la ciudad, y fue el mismo Fernando Senderos quien lo desarrolló. El ritmo acelerado del crecimiento inmobiliario superó todas las expectativas del gobierno y puso en evidencia la gran demanda que existía.

Para 1992, en pleno sexenio de Salinas y en el momento álgido de la promoción de Santa Fe, los rendimientos habían bajado de 17%, hoy suena a una alta tasa de interés, pero entonces era precaria y el sector inmobiliario veía oportunidades de mejorar sus tasas de retorno. Además, existía la presión del capital internacional por alojarse en ciudades especializadas en servicios, o “ciudades globales”, la capital del país representaba un punto estratégico para recibir a los grandes corporativos.

Todo iba bien hasta 1994, entre zapatistas, magnicidios, elecciones y capitales golondrinos, la escena económica se derrumbó. Con el famoso error de diciembre Santa Fe detuvo su entusiasmo, muchos edificios se quedaron a la mitad de la obra, otros más recién terminados no encontraron arrendadores ni compradores. Muchos desarrolladores quebraron estrepitosamente.

No es hasta después de las primeras elecciones para jefe de gobierno del Distrito Federal, en 1997, que Santa Fe retoma su desarrollo urbano, paradójicamente con los gobiernos de izquierda; poco a poco pero constantemente va consolidándose, a partir de entonces y hasta nuestros días, un impresionante apogeo inmobiliario define a Santa Fe. Actualmente cuenta con más de 900 hectáreas y 10 nuevas colonias, concentra decenas de edificios, aloja a corporativos de grandes empresas nacionales e internacionales,7 tiene una población flotante de más de 100 mil personas, viven más de 35 mil habitantes y para el año 2020 la prospectiva del Programa Parcial de Desarrollo Urbano de Santa Fe indica que alcanzará los 50 mil residentes.

Aun con todas las carencias, el área de Santa Fe abrió un mercado inmobiliario corporativo que generó presiones hacia el centro de la ciudad, logró una masa crítica de oficinas que le permitió al Distrito Federal ser parte de las ciudades competitivas en relación a la economía global.

Con la finalidad de entender el fenómeno de las ciudades globales diversos institutos de geografía y urbanismo en todo mundo lo han estudiado y clasificado. La red creada en el Departamento de Geografía de la Universidad de Loughborough, en el Reino Unido, ha desarrollado un sistema de clasificación de las ciudades respecto a su actividad económica global, tomando como parámetro las transacciones de una ciudad con el resto del mundo. Este departamento es sede de una red global de investigación urbana llamada The Globalization and World Cities (GaWC) Research Network,8 dirigida por Peter Tylor de la Universidad de Northumbria y cuenta con investigadores permanentes y sedes alternas en todo el mundo.9 La clasificación de las ciudades: alpha, beta y gamma10 se deriva del potencial de cada una para afectar la economía del mundo o de una región. Por su actividad económica, las ciudades alpha son las más relevantes, y las gamma las menos. La ciudad de México es una ciudad alpha, comparable por su importancia económica con Ámsterdam, San Francisco, Sao Paolo o Mumbai, entre otras. Esta posición nos ayuda a comprender el peso y la importancia específica de la ciudad de México en relación con el mundo y permite suponer su importancia relativa con el resto del territorio nacional. El DF acumula 16.04% del PIB del país, con una población que representa el 7.9%.11 Cuenta con 16.4% del total nacional del personal ocupado.12 El 37.3% del PIB de la ciudad se debe al sector terciario de la economía: comercio, servicios financieros y de seguros, servicios inmobiliarios y de alquiler de bienes muebles e intangibles, todos ellos vinculados con el mundo corporativo.

 No podríamos imaginar los nuevos rascacielos localizados en la zona central si no se hubiera construido antes Santa Fe. En términos de operación urbana, movió el centro de gravedad de la ciudad de México, reforzó y amplió un eje urbano. Hoy la mayor centralidad13 de la ciudad comienza en el Centro Histórico y termina en Santa Fe, ahí se concentra la producción de servicios, se encuentran los espacios de negocios, los hoteles principales, es un destino para millones de personas diariamente. La plusvalía, no sólo de Santa Fe, sino de todo el eje de Reforma, ha crecido impresionantemente, incluso en las colonias periféricas que habían surgido antes, mediante procesos informales, alrededor del polígono de Santa Fe. Cuenta con 1.9 millones de metros cuadrados de oficinas corporativas, de los cinco millones que tiene el DF.

Desde ámbitos académicos se ha cuestionado la ausencia de planeación que dio lugar a Santa Fe, sin embargo, todas las condiciones que se instrumentaron en aquel momento lograron la mayor transformación urbana en décadas y colocaron al país en el entorno económico dominante.

Las ciudades son una expresión de la sociedad en relación a sus modos de producción histórica.

Al margen de Santa Fe, el sistema económico en México ha demostrado su incapacidad para incluir a todos, ha fortalecido la presencia de sectores informales, ha puesto en evidencia un Estado debilitado y ha consolidado a una alta burguesía; también ha producido fuertes grietas en el contrato social, que tienen al país en medio de una crisis de seguridad.

La falta de significado sobre los procesos financieros, que en su abstracción técnica parecen ser altamente violentos para una sociedad, produce un fenómeno de resistencia. La cara física del capital neoliberal está en las ciudades globales, su condición simbólica siempre será cuestionable, lo cual no implica que el desarrollo de Santa Fe haya sido fallido, por el contrario, parece que dentro de los principios políticos y económicos dominantes, al menos en seis sexenios, ha cumplido con el objetivo de concentrar servicios de la economía global, ha producido valor, consolidado un pedazo de ciudad donde había un basurero, además de alojar importantes procesos productivos.

En todo caso, habría que preguntarnos por la contraparte de las ciudades globales, una especie de contraciudades definidas por la producción de créditos inmobiliarios para pequeñas casitas iguales en conjuntos mal comunicados y que en los últimos dos sexenios produjo más de 10 millones de unidades. La vivienda social es otra cara de la “globalidad”, mucho más dramática y extendida, pero poco visible en la crítica especializada, al menos durante la década anterior, el esquema urbano gano el premio nacional de vivienda por 10 años y produjo grandes ganancias a los sistemas de la economía global.

 

Arturo Ortiz Struck
Arquitecto. Realizó una maestría en investigación urbano arquitectónica en la UNAM.


1 […] se expropiaron los terrenos del Desierto de los Leones y algunos de la zona de Santa Fe. Desarrollo urbano de la zona metropolitana de la ciudad de México, agosto de 1985. Miguel de la Madrid, Cambio de Rumbo http://www.mmh.org.mx/nav/node/426

2 Enero de 1986. Miguel de la Madrid Hurtado, Cambio de Rumbo. http://www.mmh.org.mx/nav/node/513

3 El 8 de agosto de 1985 Miguel de la Madrid fue informado por el jefe del DDF, Ramón Aguirre, que se concluirían las obras ya iniciadas del Programa de Integración Vial, en las carreteras México-Toluca, tramo La Venta-Paseo de la Reforma. Miguel de la Madrid, Cambio de Rumbo http://www.mmh.org.mx/nav/node/426

4 http://tiie.com.mx/cetes-historico/

5 Teodoro Gonzalez de León ingresó al Colegio Nacional justamente en 1989.

6 Por un lado, los asentamientos irregulares dominaron la transformación de suelo urbano entre las décadas de los sesenta y ochenta. Por otro, desarrolladores privados extendieron indiscriminadamente la ciudad en el Estado de México, en la misma época.

7 Santa Fe de la Loma; Santa Fe, Centro Ciudad; Paseo de las Lomas; Santa Fe Peña Blanca; San Gabriel; Jalalpa el Grande; Jalalpa Tepito 2a ampliación; Carlos A. Madrazo; Santa Fe Cuajimalpa; Santa Fe Tlayacapa.

8 http://www.lboro.ac.uk/gawc/index.html

9 Investigadores como Manuel Castells (University of Southern California), John Friedmann (University of British Columbia), sir Peter Hall (University College London), Saskia Sassen (Columbia University), y Nigel Thrift (University of Warwick).

10 La clasificación es Alpha++, Alpha+, Alpha, Apha-, Beta+, Beta, Beta-, Gamma+. Gamma y Gamma- http://www.lboro.ac.uk/gawc/index.html

11 http://www3.inegi.org.mx/sistemas/temas/default.aspx?s=est&c=17484

12 http://www.economia.gob.mx/delegaciones-de-la-se/estatales/distrito-federal#

13 Centralidad es un término que se utiliza para describir a una zona que tiene capacidad de atracción de personas que viven en otras áreas de la misma ciudad.

 

3 comentarios en “Santa Fe, ciudad global

  1. Excelente reflexión, que nos permite analizar desde un punto de vista histórico las nuevas mecánicas del urbanismo y que tal vez nos permita reconocer errores en cuanto a la creación de estas ciudades globales en el interior de la república.

  2. Afirmar que Santa Fe es una “ciudad global” o que gracias a ella la ciudad tuvo una masa crítica de oficinas y así “ser parte de las ciudades competitivas en relación a la economía global” es altamente cuestionable. Más el uso de la teoría de “ciudades globales” y “competitividad”.

    Por una parte, el concepto de ciudad global se refiere a eso, a una ciudad, no a una zona. En el caso de Santa Fe, como bien lo señala Margarita Pérez Negrete en “Santa Fe: ciudad, espacio, globalización” (el mejor estudio de la zona hasta el día de hoy, en realidad este lugar es un enclave global. Si bien uno conectado con los circuitos financieros internacionales, esta desconectado del resto de la ciudad. Eso lo hace parte del espacio globalizado, pero no lo convierte en ciudad, ni es toda la ciudad.

    Por otra parte, como bien se menciona los procesos económicos son los que determinan el espacio urbano y no viceversa. El cambio de modelo económico (abierto, con privatizaciones, atracción de inversión extranjera directa, creación de mercados financieros, etc.) fue lo que en realidad fortaleció la inserción de la Ciudad de México como parte del espacio global financiero. Una ciudad que ya anteriormente era el centro de la actividad económica de la nación y conectada a los mercados internacionales, por lo que al transitar a un modelo económico abierto, era lógico que las transnacionales financieras y de servicios se instalaran en la ciudad. ¿Dónde más lo harían? Las oficinas y Santa Fe son un resultado, no una consecuencia.

    Finalmente, la teoría de las ciudades globales, es eso, una teoría, que tiene su contexto y aplicación a algunos casos, lo cual la hace limitada. Aún más cuestionable son derivaciones teóricas de conceptos como “ciudades competitivas”, pues suelen ser una deformación del concepto de “ciudades globales”. Justo por el uso de este marco teórico es que se ha justificado la creación de enclaves como Santa Fe, con todos sus problemas sociales, sino su misma existencia, pues elevan la “competitividad”.

    Dejando de usar ese marco de lado y utilizando la teoría económica heterodoxa desde un enfoque de igualdad y espacialidad (a la David Harvey) es posible explicar con más detalle la existencia de Santa Fe y a la vez deja de estar justificada su existencia bajo la idea de “competitividad global”. Aún más los fenómenos como desigualdad económica, la vivienda de interés social tienen cabida en el mismo marco teórico. Estas explicaciones no son posibles de derivar del discurso de “ciudad global” y así se convierte en un chiste que el DF sea considerado una ciudad “alpha”, pues lo es.