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A mi abuela Chepa, que bailó con Octavio Paz,
dedicó su vida a adorar plantas y animales, y se dejó
sueños y amor en un destino adverso.

Desde mi ventana veo: hileras interminables de edificios modernistas idénticos unos a otros y sin gracia alguna, antenas satelitales y analógicas, jaulas de tendido y tendederos improvisados, techos de lámina o de impermeabilizante terracota que ya deja asomar la malla, cuartos de servicio con puertas de metal oxidado, cortinas y persianas cerradas, balcones a los que nadie asoma, costados de concreto o ladrillo aparente con columnas armadas también aparentes, y a lo lejos una jacaranda florecida. Hace ya algunos días que llegaron las primeras golondrinas. Laboriosas como la clorofila de esa jacaranda.

Es miércoles de ceniza y para cuando esto sea publicado la primavera estará en plenitud salvo porque habré cumplido 49 años y mis sueños peinarán canas en la sala de espera de la vida.

Hace un año en estas fechas las redes sociales desparramaban miel y cursilería a punta de copas de jacaranda. Una virtualidad lila de la que uno podía empalagarse sin dejar de apreciar la belleza. Y recordar, por cierto, que la abuela muerta, la que lo fue todo, amaba las jacarandas. Y los malvones y las bugambilias y esa flor que llamaba bandera y abunda en nombres: bandera española, lantana, flor de duende, flor de sangre, trescolores, sietecolores, yerba de cristo, cariaquito, hortensia y quién sabe si más.

Eso fue hace un año, yo tenía menos canas y menos barriga pero las jacarandas eran las mismas, las golondrinas no. A ésas nadie les hace caso: quizá el enorme Bécquer agotó cuanta cursilería puede escribirse sobre ellas. Nunca se sabe.

Tal vez este año la atención en la belleza se ha desviado hacia Octavio Paz. Belleza y sobriedad repelentes a la miel de los corazones blandos. Algunos han hallado la forma de asociarla con el noble asombro del tuitero sin miedo a ser cursi. Sea por una belleza u otra, estas otras florales y aladas parecen invisibles, cosa mala como la fidelidad sin amor que aniquila el impulso primario de la vida. ¿Paz? ¿Acaso el más grande de los poetas puede ser culpable de la omisión de las jacarandas? Seguramente debo buscar otras explicaciones.

Podría pensarse que he cambiado mi TL, pero no: ahí están los mismos. No va por ahí.

Si preguntara, no faltarían malhumorados que me dijeran que el mundo y el país están demasiado mal para plantas y pajarracos. Otros quizá dirían que tienen la cabeza en otras cosas. Vale: hasta donde recuerdo, el mundo y el país siempre han estado en crisis, uno al borde del apocalipsis y el otro a punto de zozobrar. Y hasta donde sé, la gente, toda, siempre tiene la cabeza en otras cosas, como subsistir o defenderse con furia del desamor. También fue así todos estos años en que nos hartamos de jacarandas por todos los rincones de la red.

Trato de remontarme en el pasado, cuando no había redes sociales y la vida cotidiana era menos frenética:

Niño sombrío en la casona familiar, veo que las visitas pasan entre dos hileras de rosales sin voltear a admirarlos. Adolescente que nunca sonreía, veo seres sombríos que caminan viendo el piso sin prestar atención a la miríada de bugambilias que hay en la ciudad. Hombre mayor, veo conductores que desesperan asomando la cabeza para ver cómo progresa el tráfico en avenidas bordeadas por aceras donde los arrayanes, los truenos, los ficus y hasta algunos árboles mayores como sauces o eucaliptos se alinean para contribuir a hacer de éste uno de los lugares más bellos del mundo.

Si me fío de las estampas que conservo en la memoria, la excepción no es ahora sino estos años en que loar la belleza simple de las flores fue una actitud pública conveniente para embelesar corazones y acumular seguidores. Tampoco esto es culpa de las redes sociales. Como suelo sospechar, esto siempre fue así: tenemos la cabeza en otras cosas. Y yo, que también tengo violentos esmeros, hondos dolores y graves preocupaciones, me pregunto cómo es que la gente se distrae de la belleza, así sea sólo para mitigar el desasosiego y la desesperación.

Para cuando esto sea publicado estarán terminando los homenajes al más grande de nuestros escritores y asomará la Semana Santa, el frenesí vacacional. Esperemos que entre medias yo pueda decir me equivoqué, estoy harto de ver jacarandas y leer flores lilas.

Miguelángel Díaz Monges
Escritor. Ha publicado Notas de desencanto y Otras virtudes.

 

2 comentarios en “¿Volverán las oscuras jacarandas?

  1. Qué coincidencia de pensamiento y de sentimiento. Lo tuyo, sin duda, mucho más profundo.