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tolstoi-wEn marzo de 1897, mientras cenaba con (el editor Alexéi) Suvorin en un restaurante de Moscú, Chéjov vomitó mucha sangre. Nunca había sido tan grave. Suvorin lo acompañó al hotel y llamó al médico; lo internaron en una clínica.

Los amigos iban a verlo, pero no podían quedarse mucho porque el escritor estaba muy débil y, si hablaba, se cansaba.

Fue a verlo Tolstói. Le habló de la inmortalidad del alma. Le dijo que al morir, todos, hombres y animales, se unen en una esencia única, compuesta de razón y amor. Chéjov refirió luego que había imaginado esa esencia como una gran masa gelatinosa. Con la voz débil de esos días, le comentó a Tolstói que no tenía ganas de sobrevivir de esa manera. Tolstói se puso pálido.

Fuente: Natalia Ginzburg, Antón Chéjov (trad. Celia Filipetto),  Acantilado, Barcelona, 2006.

 

Un comentario en “Tolstói empalidece

  1. Bueno es que en estado de gravedad de el Pobre Chejov ante esa afirmación trascendental de Tolstoi francamente en esa mezcla no deseó compartirla. Y a cualquiera de nosotros nos pasaría lo mismo.Yo no entiendo como desde la grandeza del gran Tolstoi se le ocurren esas palabras de aliento para aceptar la muerte en lugar de conminar a desear vivir.LVG