Jueces sin manos

A UN JUEZ. Pídeme vuesa merced que le diga cómo administrará justicia, cuando yo le quería pedir que comprase la justicia, para que, como ha habido algunos jueces que la han vendido, haya muchos que la comprasen; y aunque es cosa tan sagrada, le daré un modo admirable con que, sin cometer simonía, la pueda comprar santísimamente. Cómprela con no recibir nada de nadie. Cómprela no enriqueciéndose por venderla. Cómprela dando a Dios lo que le ofrecieren para recibir, y el mejor modo de darlo a Dios es dejándolo a sus dueños. Más agradable es a Dios no recibir nada un juez que si diese a los pobres lo que recibe. No es siempre lo mejor el dar; muchas veces lo será no recibir. Sin duda que es más seguro no adquirir peligrosamente, que dar espléndidamente, y en un juez mayor gloria es no tomar nada que dar mucho; porque más dará no recibiendo que si diera toda su hacienda. El magistrado que de ninguno recibe, dará a todos justicia. Por eso los tebanos las estatuas que levantaban a los jueces las ponían sin manos, porque, no teniéndolas para recibir, daban a todos su derecho; mas admitiendo en ellas dádivas, se las llenan de injusticia y maldad, y así David (salmo 25) dijo: “En cuyas manos están las maldades”. La versión árabe dice laesiones, porque todo es daño, o por mejor decir, daños, cuanto obran. Y la siríaca lee: “Está el engaño”; pues no aciertan a ver la justicia, porque su codicia les engaña para hacer violencia al inocente. Por esto añade el Profeta (salmo 14): “Su diestra está llena de dones”. Quiso con este modo de hablar significar tan gran maldad cuanta significara el decir que tenían las manos llenas de sangre inocente, y así en otra parte, por alabanza de un hombre justificado, dijo: “No recibió dones sobre el inocente”. Como dando a entender que el que los recibe tiene al inocente debajo y le está acabando, como si le diera de puñaladas. Puñal es contra el inocente el soborno que da el rico, y puñalada al mismo juez que le saca el alma de su misma alma, la cual debe ser la justicia. Por buenas y muchas que sean las partes de un juez, las degüella todas la codicia.

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Publicado en: 2014 Enero, Cabos sueltos