En la isla Ko Samui de Tailandia, unas 500 plantaciones de coco emplean a monos macacos-cola de cerdo. Se les entrena desde pequeños para desenroscar cocos de árboles altos. A los tres o cuatro años ya son expertos; se les obliga a hacer estos trabajos forzados durante diez años más y en sesiones larguísimas yendo de un árbol a otro. Están siempre aprisionados por el cuello con cadenas y pesas de plomo, de modo que no pueda ocurrírseles un estilo alternativo de vida: escaparse de árbol en árbol hasta llegar a los bosques tropicales y ser libres.
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