Antonio López de Santa Anna es uno de los grandes paranoicos en que abunda nuestra historia, deudora de no pocos beneficios operados en fuerza de aquel estado psíquico, pródigo en repentinas visiones y en maniobras inesperadas. El paranoico, en general, no es capaz de sostener el esfuerzo, ni desarrollar el “principio de acción”; pero marca los caminos que otros cumplirán. El paranoico suele prender el entusiasmo con sus genialidades. Bien que tratándose de directores de pueblos, la paranoia es inminente riesgo de fragmentar y perder esfuerzos, de obrar a saltos con grave y muchas veces irreparable desorientación pública, de imponer caprichos desastrosos, no es éste uno de los más benignos capítulos de acusación contra Su Alteza Serenísima.

Fuente: Agustín Yáñez, Santa Anna. Espectro de una sociedad, Ediciones Océano, México, 1982.