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Dos hombres platican en uno de los anexos de la penitenciaría de la Isla Rikers, a la mitad del East River de Nueva York. Coincidencias de la vida, ambos son originarios del mismo pueblo de Tlaxcala y vinieron a encontrarse aquí, tres mil y pico de kilómetros al norte, a bordo del barco prisión Vernon C. Bain, una deprimente crujía de máxima seguridad que tiene pinta de carguero y al que las autoridades gustan anclar en las aguas entre el Bronx y Queens por eso de que escaparse nadando por el Hudson sería una locura. Podría decirse que es la versión ruda de un flotel. Una jaula lacustre, crucero forzado para selectos pasajeros destinados a pudrirse a la sombra.

El más joven de los dos tiene 40 años y se llama Isaías Flores Méndez. Lleva ya 15 días encarcelado y está a la espera de ser deportado a México. Entró ilegalmente a Estados Unidos por segunda ocasión, fue atrapado por un agente federal y cree que es eso lo que le valió un boleto de acceso a la prisión flotante, aunque en realidad está ahí porque le han tendido una trampa. Por los reportes del clima de la fecha, podemos presumir que la barcaza se balancea en medio del oleaje rudo del invierno anticipado. Es el 8 de noviembre de 2012 y afuera cae una ventisca. En la marea, dos criminales tlaxcaltecas deciden contarse sus vidas.

—¿Tú por qué estás aquí, güey? —pregunta Isaías.

—Me metieron por violencia doméstica —miente el hombre mayor. Su nombre es Eliseo Escalante.

—¿Tú de dónde eres?

—De Tenancingo.

—¿De donde vienen los padrotes?

El segundo hombre comienza a reírse.

—¿Y cómo sabes eso?

—Porque yo también trabajo en eso, güey.

La conversación entre Eliseo e Isaías continúa durante algunos minutos más en el tono casual de dos compatriotas que se encuentran en el extranjero y deciden pasar la tarde intercambiando anécdotas divertidas. Pero ambos son lo que son. Padrotes de Tenancingo que se reconocen el uno en el otro. Por ello no toma mucho para que la plática dé un giro hacia lo oscuro. Eliseo confiesa que terminó en la cárcel por prostituir a una de sus “novias”, una niña de 15 años a la que sedujo, cruzó de ilegal por Arizona y luego obligó a tener relaciones sexuales con un número no determinado de adultos en Florida.

—La tuve trabajando seis meses —presume Escalante.

—No me digas —revira Isaías, con lo que podríamos adivinar es un poco de sarcasmo. La historia, después de todo, no le es extraña.

La conexión Tenancingo

La anterior plática se desprende de la memoria detallista de Isaías Flores Méndez. Literalmente contó la conversación íntegra a Bonifacio, que no es otra persona que su hermano. Un día de ese noviembre le llamó desde la cárcel para ver cómo iba el negocio familiar, la versión norteña de lo que Eliseo hacía en Florida, en el Golfo de México. En otras palabras, la importación de adolescentes mexicanas. Carne fresca. Mujeres para alimentar su cadena de burdeles clandestinos en ciudades de clase obrera de Nueva Jersey como Yonkers, Poughkeepsie y Newburg.

¿Cómo sabemos de esa conversación? Porque fue grabada. Los teléfonos de los dos Flores Méndez fueron intervenidos por agentes del Buró de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), dentro de una investigación en contra de una de las células de proxenetas más grandes y diversificadas que haya sido encontrada entre México y Estados Unidos. El nivel de sofisticación que descubrieron las autoridades estadunidenses llama la atención porque deja en claro que el padroteo transnacional mexicano ha subido de nivel.

En abril, unos cinco meses después de la charla entre Isaías y Bonifacio, la pesquisa de Homeland Security culminó con la detención de 13 personas, engranajes de una organización vertical dedicada a la prostitución forzada. Estaba integrada por choferes o guiadores, encargados de llevar a las mujeres cuando se trataba de dar servicio a domicilio. Había personal de seguridad —cadeneros— para evitar fugas de las chicas esclavizadas. También administradores que calculaban los números: cuántas relaciones sexuales por día, cuántos dólares por violación, cuántos hombres por niña, cuántas pastillas de misoprostol al mes para inducir abortos en quienes quedaran embarazadas. Se les conoce como libreros.

La estructura tenía mecánicos dedicados a mantener en buen estado los coches en que se transportaba a las mujeres cuando se trataba de room service, argot de lo que básicamente es chicas a domicilio. Había publicistas callejeros, esquineros a los que tocaba distribuir folletos en las calles de Nueva Jersey para atraer a nuevos clientes.Y por supuesto, una operadora telefónica, dedicada a ser la voz fachada. Una mujer que tomaba las llamadas y agendaba las citas.

Las declaraciones de Isaías y Bonifacio, junto con horas enteras de grabaciones similares, forman parte del expediente judicial USA vs Flores Méndez et al., del que ahora sólo se conocen los detalles iniciales. Pero lo que hay es suficiente como introducción a la terrible realidad del padrotismo tlaxcalteca y tenancinguense. Contiene descripciones en extremo gráficas de cómo un grupo de hombres logró enriquecerse a costa del sufrimiento de numerosas jóvenes mexicanas.

Los que siguen son fragmentos de algunas de las grabaciones que, en las próximas semanas y meses, serán utilizadas judicialmente en contra de la banda de los Flores Méndez. Serán enriquecidas con el testimonio de numerosas víctimas, rescatadas en condiciones deplorables de burdeles en los que debían atender de 20 a 30 clientes al día. De lo que se sabe ahora, es posible decir que su infierno se dividía en sesiones de 15 minutos y que para entrar como verdugo el cover era de 35 dólares. Era un cuarto de hora en el que los Johns —como se conoce a los usuarios de prostitución en Estados Unidos— podían hacer con ellas prácticamente todo lo que querían, mientras no las mataran o mutilaran:

“El hijo de p… quiso hacerlo sin condón”… “Dile que se quede ahí, que la niña tiene 17 años”… “La nueva niña está bien”… “Uy, es nuevecita”… “Sólo tiene 17 y ya se la echaron todos…”… “La de 14 me envió fotos”.

Precisamente es esta última frase la que nos guía a uno de los puntos más dramáticos de este caso. Los documentos judiciales contienen un inenarrable intercambio de mensajes de texto entre Carlos García de la Rosa, uno de los lugartenientes de los Flores Méndez y “Víctima-1”, una de las niñas esclavizadas. La menor tenía 14 años y tenía que trabajar a diario en la industria de la prostitución.

A finales de abril pasado, cuando se lanzó la redada que terminó con el feudo de la pandilla, agentes federales estadunidenses hallaron “kits de trabajo” en los burdeles de los Flores Méndez en Nueva Jersey. Eran maletas asignadas a cada una de las mujeres sometidas. Contenían ropa interior de encaje, lubricante, papel de baño y preservativos.

La desarticulación de la banda fue anunciada el 30 de abril por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El fiscal de distrito para Nueva York, Preet Bharara, lo calificó de un golpe histórico a la prostitución forzada, considerada internacionalmente como una de las más brutales y lucrativas variantes de la esclavitud moderna. “Con promesas de una mejor vida, los miembros de esta organización, dedicada a la trata sexual y a la prostitución, atrajeron a sus víctimas y después les apresaron en un infierno viviente”, dijo.

En cuanto inicie el juicio hacia la segunda mitad de este año, Bharara llevará las acusaciones en contra de Isaías, Bonifacio, Carlos y el resto de sus cómplices que, coincidentemente, también son originarios de Tlaxcala. Si la fiscalía logra convencer al jurado de la culpabilidad de la banda, la sentencia podría ser de cadena perpetua, debido a las agravantes que rodean al caso, entre ellas pornografía infantil, amenazas de muerte contra distintas mujeres, violencia, abortos inducidos (que la fiscalía podría perseguir como homicidio) y tortura física y psicológica. La prostitución de menores corona la lista de atrocidades cometidas por los Flores Méndez a lo largo de un periodo que va de principios de 2008 a la primavera de 2013.

Pero este caso, llamativo como es, en ninguna medida puede considerarse aislado. Lejos de ello, se repite periódicamente y todo apunta a que se seguirá repitiendo en el futuro. Como demuestra el encuentro entre dos generaciones de padrotes tenancinguenses a bordo del Vernon, hay tradiciones que se heredan y que han resultado muy difíciles de erradicar, pese a su toxicidad. Este es sólo el más reciente de una larga lista de procesos judiciales que inician en algún punto de Estados Unidos pero casi siempre llevan al sur, a territorio mexicano. Tristemente, las más de las veces a Tlaxcala.

Para dimensionar las cosas y poner en perspectiva el éxito que han tenido los padrotes del centro de México, basta señalar un dato fácilmente comprobable en los archivos del Departamento de Justicia de Estados Unidos: hasta 26 procesos judiciales vinculados a proxenetas mexicanos han sido abiertos desde 2003. En la última década no ha pasado un solo año sin que las autoridades norteamericanas descubran la existencia de una célula mexicana dedicada al padroteo.

Si bien su punto de origen suele no variar —Tlaxcala y Puebla—, la diversidad geográfica de sus operaciones sorprende y revela qué tan eficientes son estas organizaciones. Una revisión a los reportes anuales sobre trata de personas del Departamento de Justicia permite establecer que pandillas mexicanas dedicadas a la esclavitud sexual han sido halladas en California, Nueva York, Nueva Jersey, Tennessee, Carolina del Sur, Maryland y Florida, entre otros estados de la Unión Americana. Aún más sorprendente ha sido su capacidad de adaptación. Los padrotes se han establecido lo mismo en centros urbanos y cosmopolitas que en zonas rurales. Se mimetizan por igual entre las poblaciones racialmente diversas de Manhattan y Los Ángeles que en zonas del sur profundo, en el Dixie.

La conexión Tenancingo

El listado de casos federales llevados ante cortes estadunidenses contiene ejemplos icónicos del célebre municipio de Tenancingo, entre los que destacan los de los hermanos Carreto y los hermanos Notario, familias famosas por encabezar organizaciones que esclavizaron a decenas de jóvenes. Pero también pueden mencionarse incidentes relativamente desconocidos, protagonizados por tlaxcaltecas como Adrián Zitlalpopoca y Carlos Tzompantzi, en California.

En sentido contrario, la cifra de víctimas es imposible de cuantificar debido a las dificultades que rodean al tema, desde la secrecía necesaria para garantizar la protección de quienes han sido sometidas a la esclavitud sexual, hasta el innegable hecho de que las personas que permanecen atrapadas no cuentan en las estadísticas oficiales. Lo que hay es una aproximación formada por quienes ya han sido rescatadas.

Desde 2007 el Departamento de Justicia ha otorgado visas especiales a 355 víctimas mexicanas de trata de personas, entre mujeres y niños. Nadie sabe cuántas más siguen esclavizadas.

 

Si se les piensa bien, las preguntas que se desprenden de la proclividad de Tenancingo a producir padrotes son obvias: ¿Cómo es que los hombres de un poblado que en apariencia es perfectamente rupestre logran inducir a sus víctimas a vidas de esclavitud? ¿Cómo es que logran engañar a mujeres, una y otra vez, para transformarlas en meros objetos, en herramientas de su enriquecimiento ilícito? ¿Cómo han aprendido a operar internacionalmente de forma tan eficiente?

Todo tiene su mecánica. Un reporte de inteligencia del Departamento de Estado fechado en enero de 2011 da un acercamiento inicial al mundo del padrote. Y a su labia, que es el arma inicial, el instrumento con el que se abre la puerta a la vida de una mujer:

“Los traficantes basados en Tlaxcala […] atraen y romancean a mujeres jóvenes bajo las costumbres locales. Luego piden perdón y establecen relaciones cordiales con la familia de las víctimas. Los protocolos de reclutamiento de los tratantes se asemejan a dos formas tradicionales de contraer matrimonio en la región: ‘pidiendo la mano’ o ‘robándose a la novia’. Los traficantes han cooptado exitosamente culturas locales para facilitar sus negocios” (Human Smuggling and Trafficking Center, Intelligence Note, Tenancingo Bulletin 9, enero 24, 2011).

Por supuesto que la violencia también es un factor importante. Esta experiencia me fue contada por una víctima que fue rescatada de un burdel de Puebla muy cercano a la frontera con Tlaxcala. Se trata de Alejandra. Es originaria de Papalotla, un poblado que prácticamente está conurbado con Tenancingo. Cuando conversamos me mostró una colección amplia de quemaduras de cigarro, aunque los antebrazos parecían haberse llevado la peor parte. Tenían la textura porosa de un coral. Son recuerdos que le dejó su proxeneta de cuando decidía rebelarse y se oponía a trabajar en los cuartos traseros de un antro.

Como si buscara desapegarse de la experiencia vivida durante un año, Alejandra narró su caso en segunda persona. Fue su esposo quien comenzó a prostituirla en 2010.

—Te va a pedir que comiences a prostituirte —me dijo en un albergue secreto de la ciudad de México—. Y le vas a decir que no. Y te va a pegar en la cabeza. Y vas a despertar en Izúcar de Matamoros, en la zona roja. Te va a poner un pantalón y un top y te va a poner a trabajar en un bar. A veces llegarás a tener 50 clientes diarios y tu cuerpo te va a doler por dentro.

Uno de los aspectos más perversos de la estrategia seguida por la fauna tenancinguense —porque así es como se comportan— es el de la transformación de víctima en victimario. Alejandra admitió que en su momento ayudó a su esposo a enrolar a más mujeres en el negocio. La culpa se compartió. Solidificó el lazo entre el padrote y su prostituta.

—La condición que te pone tu esposo es que lo ayudes a enganchar a otras chicas. Y vas a aceptar con tal de que tú dejes de trabajar. Tú les vas a enseñar a las nuevas lo que a ti te enseñaron. A trabajar, a tomar, a tratar al cliente. A hacerlo llegar para que en vez de una hora sean 10 o 15 minutos.

Desde hace varios años, la figura del padrote de Tenancingo ha sido objeto de estudio por parte de distintos actores, que han emprendido la misión de comprender los mecanismos bajo los cuales funciona este personaje siniestro que, de alguna forma, logra cautivar a cantidades industriales de mujeres año con año.

Una investigación en particular se ha hecho de buena fama tanto en el gobierno mexicano como en el estadunidense. Se trata de una tesis de género ganadora de un concurso organizado por el Instituto Nacional de las Mujeres en 2009 y reproducida desde entonces en círculos gubernamentales de Washington cuando se habla del fenómeno Tenancingo.

El estudio, titulado Padrotes, Iniciación y Modus Operandi del antropólogo Óscar Montiel Torres, abre el capítulo dedicado a analizar la sustancia de un proxeneta de Tenancingo con la siguiente frase de Primo Levi: “los monstruos existen, pero son demasiado poco numerosos para ser verdaderamente peligrosos; los que son realmente peligrosos son los hombres comunes”.

Montiel, investigador del CIESAS, aventuró la hipótesis de cómo el padrote ha logrado crear un oficio que se subdivide en distintas fases. Es una tarea que pasa por aprendizaje inicial; enseñanza de estrategias de reclutamiento; autodisciplinamiento de la subjetividad del proxeneta (para “matar el sentimiento” como una forma de tomar distancia de la mujer que prostituye); y que concluye en la adquisición de mecanismos de control físicos y psicológicos sobre las mujeres a su cargo.

Una vez dominada la técnica, es necesario heredarla a otras generaciones. En la mayoría de los casos es un know-how que se pasa de padre a hijo. Se enseña de una forma quizá no muy diferente a la que describió Alejandra. “El oficio es transmitido por padrotes ya iniciados hacia los neófitos. Es una pedagogía de la explotación. De maestro a aprendiz se enseñan nuevos valores sobre las mujeres que son prostituidas y de los mecanismos de poder para mantener a éstas bajo su dominio”, consideró Montiel.

Para redondear su tesis, el investigador logró entrevistar a un padrote que se presentaba por un nom de guerre peculiar: “Santísima Verga”. En lo que le dijo se revelan trazas de una personalidad bastante más compleja de la que suele atribuírsele a un proxeneta.

—Esta chamba —le confesó— es como cualquier juego, por ejemplo, las canicas. En este juego como en cualquier otro, si quieres ser el mejor tienes que aprender bien las reglas y estar actualizado sobre las nuevas tecnologías para poder competir y estar a la vanguardia. Para que te inicies en este oficio tienes que “tener la sangre fría” y te debes conseguir un buen maestro para que te enseñe y guíe. En esta chamba es importante que seas un buen aprendiz y le hagas caso a tu maestro.

 

Las denuncias presentadas en Estados Unidos dictan que Tenancingo es la capital mexicana de los padrotes. La acusación es verificable en el terreno. Recupero sólo unos fragmentos de un reportaje publicado en Milenio en enero de 2012:

“Nadie puede explicarlo, pero Tenancingo, un municipio que tiene pocas industrias y servicios, donde el grueso de la población gana oficialmente de uno a cinco salarios mínimos, está repleto de mansiones. Mansiones que parecen más bien castillos de fantasía o que se asemejan al pastel de una quinceañera y que salpican el paisaje y se ven fuera de lugar entre las demás viviendas. Son construcciones costosas, grandes y de colores chillantes, tocadas de figuras extrañas, repletas de picos y torrejones en ángulos imposibles, con ventanas polarizadas, canceles de aluminio y puertas de hierro forjado. Algunas están adornadas por esculturas grecorromanas en mármol. Una tiene una corona rosa literalmente construida en su techo, rodeada de ángeles negros. Nadie habla ni quiere hablar de sus dueños —incluido el gobierno local—, pero sus llamativas estructuras kitsch se alternan con decenas de bares y una alta concentración de hoteles de paso…” (Milenio, 12/1/2012).

La conexión Tenancingo

Según estadísticas del Consejo Nacional para la Evaluación (Coneval), Tenancingo subsiste con el 70% de su población sumida en la pobreza porque no hay fuentes de empleo y la economía local está deprimida. ¿Si no hay trabajo, cómo explicar entonces las mansiones que adornan las calles del municipio? La respuesta que sugiere el compendio de casos en cortes estadunidenses es aterradora: sobre las espaldas de miles de mujeres esclavizadas en Estados Unidos y México. Y en eso concuerdan autoridades y organizaciones no gubernamentales de ambos países.

“Este [pueblo] ha sido un nexo para el tráfico de personas con fines de esclavitud sexual por casi tres generaciones”, sostiene el Centro de Justicia Urbana de Nueva York, una organización no gubernamental dedicada a la atención a personas de estratos vulnerables, incluidas mujeres forzadas a prostituirse. Luego de entrevistar durante media década a víctimas de trata en la costa este de Estados Unidos, sus investigadores descubrieron que la gran mayoría habían sido padroteadas por hombres originarios de ese municipio.

El Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos tiene su propia literatura sobre el tema, derivada de múltiples investigaciones que han terminado en tribunales. Hasta el momento sus agentes han identificado a las familias tenancinguenses de los Romero, Guzmán, Notario, Rojas, Jiménez, Calderón, Flores, Zacatero y Carreto como las más prominentes en el negocio de la trata, una industria en la que comparten espacios con pandillas locales conocidas como Los Negros, Los Romanes y Los Güeros.

Por su parte, el Departamento de Estado sintetizó su concepto sobre el pueblo en uno de sus reportes de inteligencia sobre trata de personas del 2011: “Tenancingo es legendario en ambos lados de la frontera por la explotación sexual de mujeres y niños, personas de estados del centro y el suroeste de estados mexicanos y mujeres de antecedentes pobres de naciones centro y sudamericanas” (Human Smuggling and Trafficking Center, Intelligence Note, Tenancingo Bulletin 1, octubre 28, 2010).

Sin embargo y pese a todas las denuncias y víctimas rescatadas, ha sido imposible cuantificar el tamaño de las ganancias que se dirigen a Tenancingo por la prostitución forzada, más allá de las sospechas que generan sus mansiones. A nivel internacional, la Organización de Naciones Unidas ubica la trata sexual como una industria que produce 32 mil millones de dólares al año. ¿Cuántos de ésos se dirigen a esta esquina de Tlaxcala? La frase del padrote entrevistado por Montiel —“estar actualizado sobre nuevas tecnologías”— entra aquí en contexto.

De acuerdo a cifras del Banco de México, Tlaxcala, un estado cuya población apenas rebasa el millón 200 mil habitantes y que no tiene a más de 40 mil tlaxcaltecas residiendo en Estados Unidos, recibe más dinero en remesas que Coahuila, una entidad fronteriza con tres veces más residentes y que, se estima, tiene una diáspora numéricamente importante en Texas. A diferencia de las ciudades coahuilenses, una muy desarrollada infraestructura de puntos de envío de dinero asiste a Tenancingo. Tan sólo en el municipio y al norte de Puebla hay unos 70 puntos en los que se pueden cobrar giros electrónicos, en sitios tan diversos como bancos, tiendas y centros postales.

Hay más estadísticas que ponen las cosas en contexto. Entre 2007 y 2012, según datos compilados por la Cámara de Diputados, mil 512 millones de dólares ingresaron a Tlaxcala por concepto de remesas. Ahora bien, ésa es una cifra que podría ser mucho mayor, si se toma en cuenta que a Puebla fueron enviados ocho mil millones en ese lapso. En comparación, Sonora y Nuevo León recibieron mil 700 millones de dólares, respectivamente. Coahuila se quedó con mil 400 millones. Asimismo, el Consejo Nacional de Población ubica a Tenancingo como uno de los municipios con mayor número de hogares que reciben remesas en su estado. Casi un 8% de los tenancinguenses reportó tener familiares viviendo en Estados Unidos.

Pero para aterrizar aún más las cosas hace falta ver con un mayor acercamiento la realidad detrás de los números. Un caso en particular puede ayudar a dimensionar qué tan lucrativa es esta industria, partiendo de que para comprender lo macro, debemos irnos a lo micro. Si queremos saber cuánto dinero genera la esclavitud sexual en su variante tenancinguense, es necesario diseccionar lo que ocurrió en una de sus unidades de producción promedio. Es decir, en un prostíbulo clandestino típico, similar a otros que han sido edificados por mexicanos en Estados Unidos.

Ocurrió en Georgia.

 

El caso está registrado en la corte federal de Georgia bajo la guía 1:08-CR-55. En términos llanos se le conoce como US vs Cortés-Mesa et al., y se desarrolló entre el invierno de 2006 y el verano de 2008 en los condados de Norcross y Gwinett, muy cerca de los suburbios de Atlanta.

En junio de 2008 no menos de seis burdeles y 10 víctimas fueron encontrados por agentes federales en distintas direcciones de ambos condados, en instalaciones que eran operadas por la familia Cortés Meza: los hermanos Amador y Juan, así como sus sobrinos Francisco y Raúl. Una nota periodística del día, reproducida por la afiliada local de NBC, narra que al interior de una de las casas fueron hallados diarios de las mujeres esclavizadas, algunas de las cuales eran menores de edad.

“Cuando agentes migratorios ingresaron a la casa en un suburbio silencioso de Atlanta, los oficiales encontraron celdas de esclavos, clósets de uno por dos metros en los que mujeres jóvenes debían tener sexo con 30 o 40 personas cada noche. […] buscando entre la suciedad, entre condones descartados y colchones sucios, los agentes se toparon con diarios. Sus portadas tenían imágenes de Disney. De Blancanieves, la Bella Durmiente y Cenicienta”.

El testimonio de una de las víctimas, ofrecido a lo largo del juicio, es escalofriante: “Durante su tiempo en estas residencias, Víctima-1 indicó que un padrote monitoreaba a las mujeres, dirigía su trabajo de prostitución y les proveía de comida y otras necesidades. Cuando quiso renunciar, fue golpeada. Como resultado de la violencia que presenció o sufrió, tenía miedo de todos los padrotes involucrados en esta organización”.

Las víctimas provenían de Veracruz, Oaxaca y Puebla. Una de ellas estuvo atrapada en un burdel de principio a fin, desde el 24 de enero de 2006 hasta el 4 de junio de 2008, fecha en la que agentes federales descubrieron los centros de prostitución. Son poco más de 860 días en cautiverio. Identificada únicamente como LMJ, su experiencia personal da un atisbo excepcional y terrible al mundo de una “unidad de producción” en el mundo de la trata de personas.

Esta mujer, cuya identidad ha sido reservada por seguridad, en un principio pensó que iba a Estados Unidos a trabajar en un restaurante y fue asistida por Amador en su cruce al norte. Pero de inmediato quedó claro que eso era falso. “En 2006, en una de sus primeras noches en Atlanta, LMJ dijo que no quería ser prostituta. Juan Cortés Mesa y Amador Cortés Mesa le informaron que su viaje no era gratis y que tendría que pagar”, se establece en la acusación judicial presentada contra la organización en junio de 2008. Las golpizas vinieron luego. Las amenazas contra su familia, después.

Esta es una de las declaraciones ofrecidas por LMJ durante el juicio, que culminó con Amador Cortés Mesa siendo sentenciado a 40 años de prisión en una corte federal. Una condena que, cuando se toman todos los datos en cuenta, parece ligera. Narra el día promedio de una mujer reducida a la esclavitud.

Fiscal: ¿A qué hora aproximada te iban a recoger?
LMJ: A las cinco pm.
Fiscal: ¿Y a qué hora regresabas?
LMJ: A la una o dos de la mañana.
Fiscal: ¿Y qué hacías al regresar a casa?
LMJ: Me daba una ducha. Comería algo y me iría a la cama.
Fiscal: ¿Te dieron instrucciones sobre cómo limpiarte?
LMJ: Sí.
Fiscal: ¿Cuáles?
LMJ: Ellos compraron una botella de líquido en Wal-Mart y lo mezclaban con alcohol.
Fiscal: ¿Y en dónde te limpiabas con eso?
LMJ: En… mis partes privadas.
Fiscal: ¿Cómo te sentías?
LMJ: Me quemaba. Porque de todas formas me dolía después de regresar del trabajo.

Según sus cálculos, LMJ debió atender a un promedio de 25 a 30 clientes por noche cobrándoles 35 dólares por persona. Y aquí es en donde la matemática se torna monstruosa. Eso quiere decir que, en una cifra alta, tuvo que tener relaciones sexuales con casi 26 mil personas. Quizá le dieron los fines de semana libres y en otras fechas no fue obligada a prostituirse. La cifra se reduce entonces a 22 mil. Dejémoslo entonces en un punto bajo. En 20 mil. Traducido en ganancias, LMJ, una mujer que terminó convertida en instrumento de la barbarie, le produjo a sus padrotes 700 mil dólares en más de dos años de verdadero infierno. n

 

Víctor Hugo Michel. Periodista. Reportero de Asuntos Especiales de Grupo Milenio. Entre sus investigaciones más recientes destacan: Tenancingo, la capital de los padrotes, Tres mexicanos a la horca en Malasia, La ruta equina de la muerte y El extraño viaje de Valeria a Centroamérica.

 

Un comentario en “La conexión Tenancingo

  1. DE todas las aristas que tiene este reportaje, el más impresionante es lo que se ha sabido siempre. El Hombre es el lobo del hombre. La maldad de los padrotes no tiene límite, son seres despreciables en todos sentidos. Autoridades, sociedad deben poner cada uno su parte para desarmar estas redes y a esos seres aplicarles la ley con todo su peso