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Pocos días hieren tanto la imaginación mexicana como los vividos en la ciudad de México entre el 9 y el 18 de febrero de 1913, aquel “febrero de Caín y de metralla”, como definió la experiencia Alfonso Reyes, uno de los mayores escritores mexicanos y el mayor deudo filial de aquella fecha pues fue su padre, Bernardo Reyes, el primero en caer en la refriega.

decena


El golpe de Estado de febrero de 1913 culminó con el asesinato del presidente de la transición democrática de la época, Francisco I. Madero, y dio paso al alzamiento múltiple que conocemos como Revolución mexicana. Fue un episodio terrible y enigmático al que la memoria histórica vuelve una y otra vez quizá porque plantea preguntas sobre las pasiones políticas fundamentales del país.

Madero encarna en México el gran mito universal de la democracia, pero de una democracia débil, que consiente su propia destrucción. La democracia será vista por los gobiernos revolucionarios de casi todo el siglo XX como una ingenuidad o como un riesgo. La Decena Trágica de febrero de 1913 sembró a la vez una revolución y una cultura política. Marcó por un siglo al país.

No es casual que historiadores y escritores regresen a mirar ese momento. Regresamos nosotros también, en el aniversario cien del hecho. Lo hacemos sin pretensiones mitológicas ni hermenéuticas, sólo para restituir dos secuencias memorables de aquellos hechos:

Primero, en la crónica vibrante de Héctor de Mauleón, los pormenores del intento de golpe de la madrugada del 9 de febrero, frustrado por la mano astuta y firme de un militar olvidado, Lauro Villar. Segundo, la historia del golpe de Estado del 18 de febrero, el segundo golpe, el golpe que asesinó al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez, elevó al poder al máximo villano de la historia nacional, Victoriano Huerta, y prolongó por años los tiempos “de Caín y de metralla”.

Con un título alusivo a esta línea de Reyes, “Febrero de Caín y de metralla”, la editorial Cal y Arena ha puesto a circular una antología de textos prohibidos o silenciados sobre aquellos días, compilados y prologados por Antonio Saborit. Héctor de Mauleón trabaja en una novela sobre la atmósfera densa, alucinatoriamente real, de aquel tiempo.

La hora del lobo
Héctor de Mauleón

Los dos cuartelazos
Antonio Saborit

Emilio Rabasa: El incondicional de Huerta
Alberto Saíd