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Tengo debilidad por las agendas, por los calendarios, por los diarios, por los relojes (siempre que no sean para llevar encima), por los de sol, por los de arena, por las fases de la luna y hasta por las visitas cada setenta y cinco años del cometa Halley, en un afán de tener la percepción clara del paso del tiempo, de organizarlo para asirlo de alguna forma.

Ese tiempo me pertenece cada vez menos. Antes, cuando leía un libro especialmente bueno, lo disfrutaba con la esperanza de releerlo algún día; si por acaso, por fin, ahora lo releo, siento que probablemente no habrá otra oportunidad. n

Augusto Monterroso
(Núm. 264,diciembre de 1999)