LA ANGUSTIA DE KAFKA

POR ALFREDO BRYCE ECHENIQUE

La literatura de Kafka, a través de diferentes mecanismos, consigue que lo absurdo aparezca ante nuestros ojos como real y verdadero. Esta visión distorsionada y dislocada de las situaciones y de los personajes es capaz de analizar con precisión y exactitud al hombre y a la sociedad que lo rodea.

No hemos acostumbrado a calificar como kafkianas ciertas situaciones inexplicables que nos sorprenden sobremanera y que parecen ser producto más de la fantasía que de la realidad. No se imaginaba el joven Kafka, cuando en su lecho de muerte encomendó a su amigo Max Brod quemar todos sus escritos, que las obras pasarían a ser un auténtico mito de la literatura universal.

La verdad es que hasta no hace mucho Kafka ha sido un autor silenciado y proscrito en determinados países. En Alemania no se le dio a conocer hasta después de la Segunda Guerra mundial, algo parecido ha sucedido en su país, la antigua Checoslovaquia, y en otros Estados del este de Europa. Sin embargo, la fuerza y la dimensión de su obra han conseguido interesar unánimemente a la crítica y a la mayoría de los artistas de los siglos XX y XXI: escritores, pintores, músicos, directores de cine…

Cuando la tuberculosis acabó con la frágil vida de Kafka, éste apenas contaba 41 años y sus obras más importantes, excepto La metamorfosis (1915), permanecían sin publicar. El checo era de carácter inseguro y siempre fue reticente a entregar sus escritos a la imprenta. A ello se debe que dos de sus primeras novelas, El proceso y El castillo, sólo pudieran publicarse tras su muerte, en 1925 y 1926, respectivamente. Además, El proceso, una obra maestra, es una novela inacabada, que fue ordenada por Max Brod.

Kafka había nacido en el seno de una familia de comerciantes judíos de lengua alemana. La comunidad judía germanoparlante era minoritaria en Praga y en claro retroceso frente al ascenso mayoritario de los eslavos. Para los checos eran alemanes y para los alemanes eran judíos. Estas circunstancias, unidas a la incompresión paterna, fomentaron un sentimiento de autoexilio e inseguridad que acompañaron a Kafka durante toda su vida. Estudió leyes y trabajó en una compañía de seguros, una tarea que le dejaba tiempo para dedicarse a la literatura, su verdadera pasión y un importante soporte terapéutico. Desechó por dos veces el matrimonio, después de estar comprometido con Felice Bauer. Practicaba una vida sana, frecuentando aguas termales y balnearios. A pesar de estos cuidados, contrajo la tuberculosis que empezó a manifestarse hacia 1917 y que acabó con su vida en 1924.

Recuerdo que, cuando leí por primera vez a Kafka, descubrí cuán evidente y palpable podía parecer lo fantástico, cuán real y próximo se mostraba lo absurdo. La literatura de Kafka, a través de diferentes mecanismos, consigue que lo absurdo aparezca ante nuestros ojos como real y verdadero. Esta visión distorsionada y dislocada de las situaciones y de los personajes es capaz de analizar con precisión y exactitud al hombre y a la sociedad que lo rodea. De tal modo que la paradoja es una herramienta capaz de abordar al individuo desde diferentes dimensiones y facetas. Los héroes de Kafka no saben muy bien si lo que les está pasando es sueño o realidad. Josef K, en El proceso, no termina de creerse que exista un tribunal que lo juzgue, aunque al final termine por alimentar un sentimiento de autoinculpación. De la misma forma, en La metamorfosis, Gregorio cree que su mutación en escarabajo es un mal sueño, una pesadilla pasajera que dejará paso a la realidad cotidiana. Todo esto forma parte del método alegórico de Kafka para esclarecer las verdaderas circunstancias que rodean al individuo, aderezado con una sutil ironía y ambigüedad que rezuma toda su obra. 

La metamorfosis de los Samsa

No es fácil imaginar que un día, al despertarnos, nos hemos convertido en un repugnante escarabajo que, a pesar de todo, conserva un corazón y unas pasiones humanas. Gregorio Samsa trabaja como viajero en una empresa de acreedores de su padre. Además, es el encargado de sostener a toda la familia. Pero una buena mañana se despierta convertido en un escarabajo —como apunta Nabokov—, no en una cucaracha como normalmente se asegura. Sin embargo, la verdadera metamorfosis no está en Gregorio, que sólo ha mutado el cuerpo; la metamorfosis es la que sucede a su alrededor, su propia familia se muta en seres crueles e insensibles. El padre, la madre y la hermana son insectos. Kafka escribió La metamorfosis en otoño de 1912 y se publicó en noviembre de 1915. La obra está considerada como uno de los relatos más importantes del siglo XX que, además, ofrece múltiples lecturas e interpretaciones. Es una magnífica alegoría de la triste realidad del ser humano. Del absurdo surgen auténticas convicciones: soledad, angustia… pero también, aunque irónicamente, esperanza.   n

—Alfredo Bryce Echenique