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Quien dice restauración en el contexto mexicano de estos días piensa en el regreso del autoritarismo y la corrupción del viejo régimen. Piensa en Peña Nieto. Quien dice populismo, piensa en la oferta de comunión directa de promesas y lealtades con el pueblo rumbo al cambio verdadero. Piensa en López Obrador.

conflicto

Visto históricamente, quien dice restauración dice también populismo. Alude a las peores tradiciones del PRI, las que cavaron su tumba: un Estado autoritario, fiscalmente irresponsable, sostenido en la cooptación de clientelas, que engendró las crisis económicas de 1976, 1982, 1987, 1994, y perdió el poder en el año 2000.

La restauración de aquel régimen es imposible. La democracia hizo pedazos su pieza clave: un partido con mayoría constitucional en las cámaras, cuyo dueño era un presidente sin contrapesos en los otros poderes públicos, ni en los órganos de decisión económica, ni en el control sobre las riquezas del país.

Todo es posible en la historia, inclusive su final, pero aquel régimen priista no puede volver. El problema es que no todo aquel régimen se ha ido, ni toda aquella red de intereses. La democracia ha exhibido y desacreditado los restos, pero no los ha erradicado. La corrupción de viejo cuño es moneda corriente en la política local. Los grandes sindicatos públicos son más fuertes y más autónomos que nunca, lo mismo que los monopolios estatales y los privados. Ni unos ni otros pueden ser sometidos, bien a bien, ni al poder ni a la ley.

Esos mismos restos del antiguo régimen conspiran contra la posibilidad de la restauración de un poder presidencial que pueda someterlos. Ni los poderes locales, ni los sindicatos grandes ni los empresarios dominantes quieren un presidente fuerte. Los votantes tampoco. Lo más que podrían dar sería una mayoría absoluta en el Congreso al PRI, y unas mayorías de viejo régimen para la izquierda en el gobierno de la ciudad de México.

No es poco pero no es suficiente para hablar de una restauración. Mucho menos del riesgo de un gobierno populista que le repita al país las fiestas presupuestales y las purgas de austeridad que reventaron el dominio priista.

Héctor Aguilar Camín. Escritor y periodista. Su más reciente libro es Pasado pendiente y otras historias conversadas.