El temblor del nueve

El Imparcial, 31 de julio de 1909

Cuando salí a la calle el horizonte, hacia el Sur, se rasgaba con los vivos resplandores de relámpagos intensos.

Todo mundo se había lanzado ya a la vía pública y se reunía en grupos bulliciosos y alarmados, en determinados sitios en que se consideraban seguros.

Las conversaciones eran rápidas, entrecortadas, balbucientes. Cada quien refería cómo lo había sorprendido el fenómeno, y cuál había sido su impresión, y un observador tranquilo hubiera podido encontrar en esas impresiones, toda gama del terror, desde el indiferentismo hasta el pánico.

Caravanas de gente a medio vestir, casi todas, prendiéndose por la calle de la mejor manera sus vestidos, se dirigían rápidamente sin rumbo ni idea casi de lo que hacían, hacia los sitios despoblados, como el Zócalo, la Alameda y los pequeños jardines.

Las populosas casas de vecindad seguían vomitando siempre gentes y más gentes, que como rebaños espantados se agrupaban en un vago instinto de la fuerza que presta la colectividad.

El día avanzaba rápidamente y una faja azulada iba marcando primero imprecisa y después más vivamente hacia el Oriente.
—¿Han oído ustedes? Durante el temblor repicaron las campanas de la Catedral, ¡con un toque como de doble siniestro!
—¿Y los relámpagos…? ¿Qué serían esos relámpagos? ¿Algún volcán nuevo?
—Por Mina ha muerto aplastada toda una familia.
—Se cayó uno de los muros del incendiado edificio del Congreso.
—En Cuauhtemotzin hubo también varios muertos.
—Los presos de Belén se han insurreccionado dentro de sus encierros y una galera de la vieja cárcel ha venido a tierra, aplastando a muchos desgraciados…

Y así corrían las noticias de boca en boca, como para darle fuerza a esta última, un piquete de fuerza federal, zarpadores, según pude adivinar por sus pertrechos, se dirigían a paso veloz hacia la cárcel.

Todavía se escuchaban muchos rezos. El “Gloria a mi alma al Señor”, el canto doliente de la “Magnífica” estaba en todos los labios. Algunas mujeres como anonadadas por el terror se recostaban en los quicios de las puertas con sus hijos sobre el regazo, y a las puertas de los templos una multitud de señoras esperaba la hora de poder entrar en actitud suplicatoria para que el temblor no “repitiera”.
—¿Repetirá? —preguntaban todos.

Y entonces las teorías geológicas más atrevidas y peregrinas se externaban con acento de suficiencia sembrando nuevas y más intensas inquietudes.
—Los terremotos —decía alguno— de la naturaleza del que demolió a San Francisco California, destruyó Messina, acabó con Pompeya y sepultó a Herculano, se han producido en idéntica forma que éste que ahora se ha registrado. Igual intensidad y persistencia en el movimiento, ruidos subterráneos, relámpagos… ¡Es el mismo… es el mismo!

La gente entonces se atropellaba rumbo a los templos y en algunos comenzaron a sonar las campanas el toque de rogación.

En pocos minutos las iglesias de Santa Catarina, San Hipólito y otras, se vieron llenas de fieles y los sacerdotes muy atareados en decir misa y ayudar a los fieles en elevar sus preces al Ser Supremo en demanda de Misericordia.

Y sólo hasta cuando ya era de día y la luz disipaba en mucho los terrores hijos de la noche, comenzaron a surgir los “valientes”, los que se ríen de esas cosas, que sólo son para atemorizar al vulgo… ¡Oh, esos valientes metafísicos!

Y también con el día se comprobó, desgraciadamente, que numerosas desgracias habían ocurrido en toda la ciudad y pueblecillos del Distrito.

En el observatorio meteorológico
En esta oficina dan los siguientes informes: a las 4:15 am del día 29 de julio se registró un temblor oscilatorio de gran intensidad con dirección Estenordeste Oestesuroeste, alcanzando una duración de 45 segundos. El eje mayor que trazó el sismógrafo fue de 37 centímetros y el eje menor de 14.

El segundo temblor, registrado 13 minutos después del anterior, tuvo una dirección de Este a Oeste. El eje mayor fue de 35 centímetros y el menor de 8. Este segundo sacudimiento fue más intenso y de carácter trepido-oscilatorio. Su duración fue de un minuto 40 segundos.

Por último, a las 7 y 10 minutos de la mañana, se registró un tercer movimiento de Nortenoroeste a Sursureste, oscilatorio, cuya duración fue de 35 segundos.