visiones

Extractos de: “Mexico: an age of trickery”, Time Magazine,
15 de julio de 1940

“Una elección ‘justa’. La ley electoral mexicana es característica de mucho de lo que ocurre al sur del río Grande. El candidato del gobierno prácticamente no puede perder. Los resultados se anuncian 60 días después de la elección, mientras tanto el gobierno cuenta los votos. Según una regla increíble los primeros cinco votantes que llegan a la casilla el día de la elección se constituyen en el comité a cargo de la votación. Antes de la elección el PRM organiza ‘escuadrones volantes’ que se apoderan de las casillas. Los simpatizantes de Almazán denunciaron (y muchas de sus denuncias eran, sin lugar a dudas, verdad) que sólo 5% de los 185 mil almazanistas de la ciudad de México habían recibido sus credenciales de registro electoral; que la maquinaria de Camacho había comprado seis mil bastones de acero recubiertos de hule, 10 mil bastones de madera para mantener a los almazanistas lejos de las casillas; y que varios paquetes de boletas cruzadas por el PRM habían sido enviadas desde Oaxaca, Durango, Guerrero, Tamaulipas. ‘En México’, suspiró el candidato Almazán, ‘vivimos en la edad de la trampa’ ”.

“La sangre siempre corre en las elecciones mexicanas, pero desde los primeros días de la revolución no había habido tal violencia en una elección. Las balaceras más intensas iniciaron hasta el mediodía, cuando los almazanistas atacaron el edificio rodeado de barricadas de El Popular, el periódico de la CTM. Murieron dos personas. Hubo otros choques cerca de la Oficina de Correos (cuatro muertos) y en el Jardín de Santo Domingo (dos muertos). Incidentes como éste se repitieron hasta las dos de la tarde cuando, elección o no elección, los mexicanos se fueron a dormir la siesta. A las 4:30 reiniciaron las balaceras. Bombas, gas lacrimógeno, intervinieron las ametralladoras. Tropas federales, la caballería, la policía, todos participaron en la matanza. El primer resultado, decididamente incompleto: 48 muertos, 400 heridos”.

Extractos de: Arnaldo Cortesi, “47 slain as Mexico votes; troops called in capital; both sides claim victory”,
The New York Times, 8 de julio de 1940

“Nadie medianamente imparcial que estuviera hoy en la ciudad de México podría dudar de que en esta ciudad el sentimiento popular estaba mayoritariamente a favor del general Almazán. Este corresponsal visitó cerca de 20 casillas en diferentes partes de la ciudad. Sólo dos de ellas estaban integradas por simpatizantes del general Ávila Camacho”.

“Los problemas empezaron en el centro mismo de la ciudad cerca de la Oficina de Correos, cuando una manifestación de almazanistas fue víctima de una balacera proveniente de las oficinas de la Unión Democrática, una de las organizaciones que apoya al general Ávila Camacho. Hubo tres muertos y muchos heridos antes de que la policía interviniera para dispersar la demostración pro almazanista.

”La multitud se formó de nuevo y empezó a caminar por Avenida Juárez, una de las calles más importantes del centro, hacia el cuartel general de Ávila Camacho. Sin embargo, antes de llegar, se encontraron con fuerzas avilacamachistas que se habían parapetado detrás de media docena de camiones, desde donde se desató un tiroteo muy intenso.

”Hubo varias explosiones fuertes, como de bombas, y los almazanistas se fueron corriendo. Pero volvieron al ataque poco después, y sus oponentes dispararon de nuevo.
Finalmente, la caballería y un grupo de motociclistas de la policía intervinieron y lograron detener la balacera y dispersar a los almazanistas. Los avilacamachistas regresaron más tarde a sus oficinas”.

“Hubo otra pelea seria, tarde en la tarde, después de una concentración masiva de almazanistas frente a su cuartel general. [Cuando se anunció que Almazán no asistiría] la multitud quiso marchar hacia Palacio Nacional, a las oficinas del presidente.

”Se toparon con una barrera de tropas federales que trataron de dispersarlos. En lugar de eso los almazanistas intentaron pasar y atravesar la fila de soldados por la fuerza. Éstos dispararon al aire para detener a la multitud, pero después le dispararon directamente. Hubo por lo menos seis muertos y muchos heridos.

”[Los almazanistas no cejaron] Cerca de 10 mil marcharon por Avenida Juárez cantando lemas de la campaña del general Almazán, tenían la intención de llegar al cuartel general del general Ávila Camacho. Aquí también se encontraron con una barrera de soldados y se desató una verdadera batalla campal.

”En este caso la tropa disparó sólo al aire, pero golpearon a muchos brutalmente con la culata de los rifles. Las ambulancias estuvieron muy ocupadas recogiendo a los heridos”.

“La batalla más importante del día empezó cerca de la Oficina de Correos y siguió por Avenida Juárez; la empezaron los simpatizantes del general Ávila Camacho, que dispararon contra un grupo grande de almazanistas. Este corresponsal vio con sus propios ojos a un grupo de oficiales uniformados que disparaba contra un grupo de almazanistas cerca del cuartel general de Ávila Camacho”.

“Esta noche en el cuartel general del general Almazán se hizo una estimación de que en los desórdenes de hoy habían resultado en más de 100 muertos. La policía de la ciudad de México dijo que hay además un número importante de heridos nada más en la capital, y que es probable que la cifra final sea más alta. Se reportaron balaceras en otras ciudades de la República”.

Los reportajes de los corresponsales extranjeros describen acontecimientos en el centro de la ciudad de México, pero los incidentes se multiplicaron en otras zonas de la capital.

En sus Memorias (Grijalbo, México, 1984) Gonzalo N. Santos describe con escandalosa franqueza muchos de ellos, en los que fue un protagonista central. Queda claro que para él la violencia era una de las reglas del juego, perfectamente válida

“Arremetimos contra esa casilla (de la Casa Entresolada) a pistolazo limpio y como hubo algunos que dispararon contra los nuestros los contestamos en forma enérgica a balazo limpio. Recogimos todas las ánforas que ya estaban repletas de votos almazanistas, las quebramos y nos llevamos todos los papeles, actas, boletas, etcétera, dejando hecha añicos la mesa de casilla y dispersando a los almazanistas” (p. 712).

“Los votantes, que eran de la crema de la reacción de la capital se fueron retirando rápidamente hacia la acera de enfrente en donde estaba la casilla, nosotros avanzamos hasta quedar colocados casi debajo de la Casa Entresolada, a muy pocos pasos y protegiéndonos con la pared. Entonces uno de los almazanistas que disparaban sacó más de medio cuerpo del balcón y cuando ya me apuntaba con su pistola, le apreté el gatillo a mi homicida y el almazanista se desplomó calléndome [sic] encima, naturalmente muerto” (p. 710).