En 1989, poco antes de que cayera el Muro de Berlín, la industria cinematográfica estadunidense vio el nacimiento de una de sus más notables estrellas independientes: Steven Soderbergh (Atlanta, 1963), cuya ópera prima se llevó la Palma de Oro en el Festival de Cannes y dio inicio a una meteórica carrera que abrió un pequeño pero contundente cráter en Hollywood. En su momento, Sex, Lies and Videotape se proyectó como un film provocador, un revés en el tratamiento de la intimidad y una obra que integraba arte y espectáculo, video y película (asunto previamente tratado por el canadiense Atom Egoyan, fuera del circuito comercial), además de echar luz sobre un actor notable, James Spader, que le dio vida a Graham, personaje afectado por una impotencia crónica, trauma provocado por una relación malograda.
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