El viernes 4 de junio de 2010, familiares y amigos despedían a Miguel Ángel Salazar —hijo de un líder de los Mexicles—. El velorio tenía lugar dentro de la prisión de Aquiles Serdán, Chihuahua, donde una semana antes Miguel Ángel había terminado de purgar su condena. El velorio, concesión de los custodios a un líder Mexicle, terminó a balazos. Los Aztecas —banda rival— también habían solicitado autorización para velar a sus muertos, pero no se les concedió. Su ira propició una riña en la que murieron dos reos. Esta viñeta ilustra la crítica situación que impera en las cárceles mexicanas que —junto con el sistema de procuración e impartición de justicia— se perfilan como el “talón de Aquiles” de la política de seguridad pública.
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