De los trilobites al Parlamento de Westminster

Hay hombres que viven con sombrero fijo. Cascos que se llevan a la tumba y que aparecerán en el pórtico de su obituario. Presencias imborrables: tatuajes en la frente. Francis Fukuyama no podrá desentenderse jamás de la nube que lo acompaña desde 1989. Fukuyama equivale al del fin de la historia. La fórmula lo sigue y lo seguirá. La mañana del 11 de septiembre de 2001 pudo asomarse a la ventana de su oficina en SAIS y ver el humo que salía del Pentágono. Tuvo miedo, sentía preocupación por su familia y por los amigos que trabajaban en el Departamento de Estado. El atentado terrorista atrajo nuevo interés a su alegato sobre la conclusión de la historia humana. ¿Estaría dispuesto a aceptar que su profecía había sido desmentida? ¿Era aquel artículo una celebración prematura, infundada? ¿Los terroristas habrían reencendido la historia? Nada de ello. No ha habido acontecimiento que perfore su certeza.

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Publicado en: 2012 Enero