Si sus padres la vieran se alarmarían. Es una muchacha, como diríamos para no usar la palabra decente, correcta. Acostumbrada a ir a sitios atildados, donde se reúne cierto tipo de gente. Tiene gusto por delicadezas como que los hombres se pongan de pie cuando ella se acerca a la mesa, o que alguien se fije en su reloj discreto y de buen gusto, que quien la acompañe ordene del menú lo que es bueno para los dos y le pregunte si está de acuerdo. No es chica que conozca hoteles de paso ni cantinas baratas, al menos eso creen sus padres. Ella misma disimula haber ido a alguno de esos hoteles garaje con cortina que oculta el coche y que despiden un acre olor a desinfectante, haciendo igual de instintivo y secreto el sexo de unos y otros.
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