En 140 caracteres cabe un destello. Le llaman Twitteratura. Consiste en utilizar, como plataforma de creación artística, una de las redes sociales más populares del mundo: establecer una relación inteligente con los artilugios que hechizan nuestro tiempo. Bajo la pluma de uno de los autores mexicanos más celebrados en el ejercicio de este género, presentamos aquí una colección de “tuitcuentos”: 140 golpes e imaginación libre

Caperucita""

Caperucita fue mi primer amor. Tenía la impresión de que si hubiera podido casarme con Caperucita Roja, habría conocido la felicidad completa

 

—Charles Dickens

Una pareja de cada animal, pero el lobo se niega a subir al Arca sin Caperucita.

Después de hacer el amor el cazador no puede quitarse de la cabeza la idea que algo hay de lobo en Caperucita.

En la terapia para curar su adicción a otras especies Caperucita y el lobo se conocen.

A Caperucita no la aceptan en la manada y al lobo no lo dejan sentarse en la mesa familiar.

El lobo supo que todo había terminado cuando Caperucita se compró un perro.

Se decía que eran celos injustificados pero Caperucita Roja no podía dejar de ver con odio a los tres cochinitos.

Algunos temen al bosque, otros lo buscan incesantes, saben que una manada de caperucitas caza ahí.

La mandó vestida de rojo a un bosque plagado de lobos, sin armas ni compañía. La devoraron, pero no exactamente como quería la madre.

EL MÉTODO DEL LOBO FEROZ. Mucho hay que hablar de la emoción de meterse en una cama para cazar.

La luna ve con amor a la manada. Sonríe cuando ellos le cantan. Sueña. Con las caricias, con la piel. Sus sueños son Caperucita y el lobo.

Nevó lobos, la aldea fue una mancha roja, la única sobreviviente recorrió un largo y oscuro camino hacia el hambre devoradora de una anciana.

Caperucita2

No todas eran inocentes bajo esas caperucitas, no todos eran lobos.

Entró a la fría recamara de Caperucita que yacía desnuda bajo esa ostentosa piel de lobo que, sorpresivamente, alzó la cabeza.

La sangre goteaba del hacha, el cazador fue por su recompensa, ella trató de cubrirse con su caperuza. Afirman que ése es el final feliz.

La enfermedad es un invierno lento y cruel. Por eso la abuela recibió con tanta alegría al lobo, le invitó un té, lo dejó almorzar a gusto.

Fueron las lobas las que finalmente terminaron con Caperucita.

EL MÉTODO DEL RITMO. Cada 28 días, cuando la tela se vuelve roja, Caperucita sale a encontrarse con el lobo.

Con una leve sensación de ridículo, las lobas advertían a sus cachorros contra las caperucitas.

El lobo descubrió que la caperuza roja no era la prenda más llamativa del conjunto.

Los aullidos en el bosque no los dejaban dormir, los salvajes del lobo, los estremecedoramente sugestivos de Caperucita.

El mínimo y dulce Francisco de Asís trajo a la aldea al terrible lobo, dócil al fin. “No peques más”, dijo al dejarlo en casa de Caperucita.

Quien anda con lobos a aullar se enseña. El lobo sabe decir, clarito: “Caperucita”.

Ciego a los colores, la ropa no significaba nada para el lobo. Pero Caperucita toda olía a rojo.

Leerles cuentos antiguos exige explicar todas esas cosas que definitivamente ya no existen. Qué es un bosque, un lobo, una abuela…

El joven miró satisfecho su vello púbico, seguro de que la transformación para agradarle a Caperucita había empezado.

El cazador sacó del lobo, milagrosamente aún con vida, a Caperucita, a la abuela, a tres cochinitos, a un despistado que dijo llamarse Gepeto.

¿Inocencia o conocimiento? ¿Descubrimiento o experiencia? ¿Caperucita o la abuela?

¿Qué caricias, qué placer y estremecimientos prodiga Caperucita lobo adentro?

Ante el peligro de una eventual extinción de la especie, empezaron a nacer lobas pelirrojas.

El ardiente rojo bailaba en medio del lobo humo. El bosque no pudo contener esa pasión.

A veces encontraban a los jóvenes lobos leyendo, a escondidas, a Perrault. La madre no puede detener la luna.

Mira a su niña convertirse. Sangre y vello que surgen. Caperucita y lobo entre las piernas.

Que mal piensan de Caperucita que sólo busca que no se extinga el lobo gris europeo.

Letra a letra acercamos (con una deliciosa expectación) a Caperucita al lobo.

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Después de visitar a Caperucita, el lobo no pudo derribar de un soplo la casa de paja del cerdito.

Cuidaré a las niñas de los lobos, prometió el cura, cubriéndolas con esas sinceras manos grandes, fuertes, peludas…

Caperucita prefería al camino largo al corto. El lobo tuvo que aprender qué era el “foreplay”.

Hachas, sangre, muerte. El cuento de Caperucita es terrible, y más la versión que se cuentan entre sí los lobos.

—Nuestro amor es imposible —le dijo Caperucita al lobo—. ¡Eres un Montesco!

Dafne y Velma le dieron interesantes consejos a Caperucita sobre las relaciones entre especies.
Era un lobo con piel de abuela.

12 campanadas. El camino largo se volvió corto, Caperucita en Cenicienta, y el lobo feroz en un príncipe sin imaginación en el lecho.

Somos uno, se dijeron con sus cuerpos, roto el límite entre las pieles. Los aldeanos no comprenden por qué Caperucita tiene sombra de lobo.

—Qué ojos tan grandes tienes, qué dientes tan grandes, qué garras tan gr… —el horror hace callar al lobo.

Mientras Perrault leía, la Corte trataba de adivinar quién era Caperucita. Todos estaban seguros de ser el lobo.

Con dulces descripciones los corderos los convencieron de cazar caperucitas.

Era un bosque tan oscuro y peligroso que Caperucita y el lobo se abrazaron en la cama de la abuela sintiéndose, al fin, a salvo.

La inocencia se paga cara en el mundo real. El lobo se creyó lo de la anciana indefensa a mitad del bosque.

El cazador olvidó que los lobos cazan en manada. Uno se quitó su disfraz de abuela, otro el de Caperucita, los muebles empezaron a gruñir.

—Si corto todo eso —dijo Perrault al censor— va a quedar un cuento infantil.

José Luis Zárate. Escritor. Entre sus libros: La máscara del héroe, Quitzä y otros sitios y En el principio fue la sangre.