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El poeta Filippo Tomasso Marinetti, en su manifiesto La cucina futurista (1932), acusó a la pasta de volver a los italianos “conformistas, tipos sombríos, apagados e insensibles”, mientras les sugería que comieran piña con sardinas al tiempo en que también debían frotar terciopelo o papel de lija y escuchar el sonido de la máquina de un aeroplano. Al parecer, ni los italianos ni el mundo le han hecho mucho caso.

Fuente: John F. Mariani, Cómo la comida italiana conquistó al mundo, Macmillan, Londres, 2010.