Anécdota. Cuenta Antonio Tabucchi en La oca al paso, libro de subtítulo revelador: Noticias desde la oscuridad que estamos atravesando: “Hace tiempo, en un tren Florencia-Milán, un distinguido señor con el cual mantenía una banal conversación de tren […] me dijo educadamente ‘Porque ve, yo, personalmente, soy racista’. Y añadió, quizá a la búsqueda de la comprensión: ‘No sé qué piensa de ello’. […] le respondí que esperaba que no se metiese en política. Por el simple hecho de que hará unos sesenta años, gracias a los tunantes que llegaron a los puestos de mando con una ideílla ‘personal’ semejante a la suya, más de seis millones de personas se dejaron el pellejo. Pero me equivoqué, a ese señor yo le habría tenido que responder así: ‘Yo, personalmente, soy pedófilo, ¿qué piensa usted de ello?’; o bien, ‘Sabe, personalmente soy necrófilo, ¿qué piensa usted de ello?’. Será la próxima vez”. (Anagrama, traducción de Pedro Luis Ladrón de Guevara, 2010.)

Breves. En El sueño de la sombra & Spondylus (Editorial Praxis) el poeta Margarito Cuéllar reunió varios textos breves, a la manera de aforismos de Cioran. Una muestra: “Insomnio: Estado de alerta ante el posible asalto de una bien organizada banda de pesadillas”. Y otra: “Si el dinero fuera en realidad poderoso haría florecer, o al menos sonreír, a esos árboles sombríos llamados parquímetros”.

Ciudad. En palabras de su autor, Vicente Quirarte, Elogio de la calle. Biografía literaria de la Ciudad de México (Cal y arena, 2010) es “una geografía literaria que permite trazar coordenadas para movernos por ella y comprender en plenitud el mensaje de sus fantasmas. No hay guía infalible, y la realizada por sus escritores no es la excepción. Pero de cada autor podemos elegir las instrucciones para leer en ella y hacer más intenso el breve paréntesis temporal que nos permite ocupar nuestro común espacio físico. Así como no hay una sola Ciudad de México, no existe una escritura de la Ciudad de México sino una pluralidad de maneras de aproximársele para explicar sus símbolos y preservarla de la destrucción, aunque en esa común empresa parezcamos afanarnos los hombres y los elementos”.

Dios. Una prima de Cesare Pavese le envió una nota de felicitación cuando se enteró de que el poeta había recibido el Premio Strega: “Has recibido de Dios grandes dones de mente y de corazón, y te envidio pensando en el mucho bien que puedes hacer con tus libros…”. En la última carta que Pavese le escribió a su hermana antes de suicidarse le dice: “Saluda a Federica y agradécele su esquela, y dile que, si Dios me ha dado grandes dotes, también ha dado el cáncer a muchos, a otros los ha creado tontos y a otros los ha hecho caer de pequeñitos… No acabo de ver dónde está tan gran bondad. A menos que haya que darle las gracias siempre, te pegue o te acaricie, y entonces ya no entiendo nada”. (Cartas, traducción de María Esther Benítez, 1926-1950, Alianza Tres, 1973.)

Epidemias. “La peste es un enemigo formidable; no todos los hombres son lo bastante fuertes ni están lo suficientemente preparados como para resistir los horrores con que está armada”. Así lo escribió Daniel Defoe en Diario del año de la peste, que ahora Impedimenta pone de nuevo a circular con una traducción revisada de Pablo Grosschmid. Nemesis, el nuevo libro del escritor estadunidense Philip Roth, trata también de una epidemia, pero esta vez de una ficticia, ya que no existió una epidemia de polio en Newark en 1944. “No sé que provocó que me imaginara que sucediera un infierno como ése, pero creo que de alguna manera es un tributo a haber sido tan afortunados”. Y en cuanto a los ecos de otras obras le aclaró al entrevistador: “Suele suceder, porque las cosas vuelven disfrazadas o bajo nuevas formas. Uno sólo tiene su docena de cartas de amor que escribir, ¿sabes?”.

Filólogo.
Nada mejor que las memorias de Juan José Arreola para evocar al recién desaparecido Antonio Alatorre (1922-2010): “Con Antonio pasó algo curioso. Primero en el seminario y luego en la Facultad de Derecho, tuvo una sólida formación dentro de la tradición humanista. Estudió y aprendió a la perfección el griego, el latín y el francés. Era un sabio en cuestiones de teología […]. Por esos días, yo le revelé ‘la otra literatura’, la profana […]. Entre los autores que compartimos estaban Pablo Neruda, Rafael Alberti, Federico García Lorca, Giovanni Papini y Gorges Duhamel. […] en aquellos años jugábamos con las palabras, como cuando inventamos el ‘idioma copto’, que consistía en introducir una letra ‘p’ dentro de una palabra. Decíamos, por ejemplo, ‘le voy a conptar un cuenpto’, ‘me voy a poner el sapco’, ‘usted es un sapop’, ‘soy un escriptor’. Afortunadamente, nuestra lengua se enriquecía con palabras naturales, como la palabra ‘suscriptor’ ”. (Orso Arreola, El último juglar, U. de G./Centro Universitario de la Costa Sur/Jus, 2010.)

Gajes del oficio.
Gabriel García Márquez, nuestro clásico vivo, dio en la ciudad de Los Ángeles un discurso: “Periodismo: el mejor oficio del mundo”, y habló sobre la grabadora: “Alguien tendría que enseñarles a los periodistas que no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, graba pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para los redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que graba mientras escucha”. (Yo no vengo a decir un discurso, Mondadori, 2010.)

Hombres.
“M… me decía: ‘He renunciado a la amistad de dos hombres: el uno porque no me ha hablado nunca de él; el otro porque jamás me ha hablado de mí’ ”: Chamfort (Máximas, pensamientos, caracteres y anécdotas, 1989).

Ilusión. En 1900 Horacio Quiroga se embarcó en el Montevideo con rumbo a París y en su diario de viaje apuntó: “A las once, cuando concluyó el baile, fui a popa, y vi fosforescencias, verdaderas fosforescencias en el agua. No se veían sino en el agua destrozada por la hélice, y en la línea que corre al lado del buque. Yo me había hecho la ilusión de una ola, una verdadera ola de fuego. No es más que una porción de luciérnagas, de brillo empañado por el agua, caídas, muertas bajo las palas enloquecidas de la hélice. Es perfecta la ilusión”. (Quiroga íntimo, Páginas de espuma, 2010.)

Kafkiano. El escritor y cineasta Edgardo Cozarinsky compiló la antología Galaxia Kafka (Adriana Hidalgo, 2010) sobre la vida y literatura de Franz Kafka en los relatos de Rabbi Nachman de Breslov, Nathaniel Hawthorne, Paul Leppin, Santiago Dabove, Bruno Schulz, Johannes Urzidil, Isaac Bashevis Singer, Virgilio Piñera, Bohumil Hrabal, Julio Cortázar, Shirley Jackson, J.R. Wilcock, Guy Davenport, Reinhard Lettau, Juan Manuel Roca, William Ospina, Selnich Vivas Hurtado y Timo Berger. Y aclaró respecto a su selección: “Como todo gran escritor cuyo nombre ha suscitado un adjetivo (‘dantesco’, ‘borgeano’), Kafka no sólo ha impreso una huella en textos muy dispares: se ha convertido en referencia, motivo, aun personaje de ficciones ajenas. Y ha iluminado la lectura de textos anteriores a los suyos. Esta antología responde a la mirada de un solo lector”.

Lamento. El poeta Dylan Thomas le escribió a James Laughlin, un hijo de millonario que dejó su carrera para fundar la editorial New Directions y quien se convirtiera en su primer editor estadunidense: “Quiero escribir nada más que poemas, pero no puede ser. Nunca lo quise tanto. Pero las deudas me bombardean. No puedo dormir por ellas. Desearía poder vender mi cuerpo a una viuda rica, pero ahora está gordo y tiembla un poco. Estoy harto de estar tan condenado y totalmente en quiebra, arruina las cosas. Quiero construir poemas lo bastante sólidos y grandes como para que la gente pueda caminar y sentarse, comer y beber y hacer el amor en ellos. Ahora tengo nada más que el andamiaje de poemas, y nunca estoy bastante descansado como para construir los techos y las paredes. Mi mesa amontona líneas sueltas, palabras solas, nada terminado”. (Cartas, traducción Pirí Lugones, Ediciones La Flor, 1971.)

Molestia. Leo algunas de las nuevas convenciones propuestas para la nueva Ortografía de la lengua española y no me causan sino molestia. ¿Por qué los hispanoablantes debemos plegarnos a los usos de España? ¿Por qué no podemos seguirle llamando dobleú a esa letra y ahora tenemos que llamarle doblebé? ¿Por qué sí podremos seguir acentuando aún para significar todavía y diferenciarlo de incluso y ya no hay que acentuar sólo para diferenciar a alguien solitario del adverbio únicamente? Esta última regla se aplicará “incluso en casos de posible ambigüedad, pero no se condena su uso si alguien quiere utilizar la tilde”. Menos mal que algunos necios nos sintamos libres de condena.

Narrativa. Javier Cercas escribió Anatomía de un instante, obra merecedora del Premio Nacional de Narrativa 2010 que otorga el Ministerio de Cultura español, para descifrar el enigma de por qué el presidente español Adolfo Suárez permaneció sentado durante el tiroteo golpista del teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso de los Diputados en 1981: “Anteanoche pensé que el gesto de Suárez era el gesto de un neurótico, el gesto de un hombre que se desmorona en la fortuna y crece en la adversidad. Anoche pensé otra cosa: pensé que llevaba escritas muchas páginas sobre Suárez y aún no había dicho que Suárez era cualquier cosa menos un chisgarabís, que era un tipo serio, un tipo que se hacía responsable de sus palabras y de sus actos, un tipo que había fabricado la democracia o sentía que la había fabricado y que en la tarde del 23 de febrero entendió que la democracia estaba a su cargo y no se escondió y permaneció inmóvil en su escaño mientras las balas zumbaban a su alrededor en el hemiciclo como el capitán que permanece inmóvil en el puente de mando mientras su barco se hunde”.

Patria. Entre la infinidad de libros publicados a causa y a costa de los festejos del Bicentenario de la Independencia hay que destacar Las fiestas patrias en la narrativa nacional (INBA/UANL/JUS), de Emmanuel Carballo, que explica en su prólogo: “Al arreglar esta mínima antología quise ser fiel a los puntos de vista de don Alfonso [Reyes] sobre nuestras fiestas patrias: eludir el color local inmotivado o exagerado, desechar las obras de circunstancias, deleznables, tendenciosas y preferir los textos en los que el pueblo (no siempre visto como multitud) es el protagonista; sólo me permití una excepción, la del trozo de Carlos Fuentes que da, a partir del pueblo, una visión social de trescientos sesenta grados sobre el 15 de septiembre en la noche”. Guillermo Prieto, Ángel de Campo, Amado Nervo, Federico Gamboa y José Rubén Romero son algunas de las plumas invitadas de Carballo.

Realista. La editorial Páginas de espuma tuvo el tino de publicar una descomunal obra que completa la antología que hizo Aguilar del clásico de Dostoyevski Diario de un escritor. La edición actual tiene mil 600 páginas e incluye todo el trabajo periodístico del autor ruso. Tereixa Constenla, en su artículo de El País, rescató esta cita: “Me llaman psicólogo: es mentira, sólo soy realista en un sentido elevado, es decir, represento toda la profundidad del alma humana”.

Sueño. Dice Fernando Iwasaki en su columna del ABC: “He leído El sueño del celta (Alfaguara, 2010) con el mismo asombro con el que he leído toda la obra de Mario Vargas Llosa y puedo asegurar que estamos ante una novela fastuosa que ha nacido de la lectura de los clásicos, que ha supuesto una titánica documentación, que se ha nutrido de las obras anteriores del propio autor y que es un prodigio de belleza y precisión de la escritura en español. El sueño del celta nace de los clásicos, sí, mas no sólo de El corazón de las tinieblas de Conrad, sino además de La vorágine del colombiano José Eustasio Rivera. Yo me esperaba un colosal protagonismo africano, y he sido sorprendido por la ordalía amazónica de Roger Casement, olvidado personaje histórico y memorable criatura literaria. Releí la novela de Conrad antes de leer la nueva de Vargas Llosa y ahora me urge releer a Eustasio Rivera. Sólo un libro magistral puede instarnos a releer dos obras magistrales”. Un inmejorable estímulo para leer cuanto antes esta novela de nuestro Nobel.

Test. Se le atribuye a Ford Madox Ford, la siguiente frase “Abre el libro en la página 99 y lee, y te será revelada la calidad del todo”, clave de lo que se conoce como Test de la página 99, que ideó el escritor y editor inglés para saber si un libro nos va a gustar o no y que ahora retoma un sitio de internet. Page99test.com invita a los escritores a subir a la red únicamente la página 99 de sus creaciones con el fin de que los usuarios o posibles editores juzguen la calidad de los trabajos. Una vez difundida, a ver ahora quién nos quita esta idea de la cabeza.

Venerable. “Un día mi madre venerable, venerada y terrible, bajó rodando ante mis ojos toda la escalera de una entrada del Metro. Y bajó de culo, y yo, al ver su venerabilidad caer de culo y en aquella postura inesperada, fui presa de una risa incontrolable. Y mi madre me regañó y me dijo que la ayudara a levantarse. Y la gente se indignó de que una hija se riera así de su madre. Y al final mi madre, que tenía la misma tendencia a reírse que yo, se rió también conmigo, contra la multitud”. (Marguerite Duras, Cuadernos de la guerra y otros textos, traducción de María Cóndor, El Ojo del tiempo/Siruela, 2006.)

Washington. El 3 de enero de 1842 el Britannia zarpó hacia América con Charles Dickens a bordo, quien en sus Notas de América (traducción de Beatriz Iglesias, Ediciones B, 2010) escribió: “[…] levantemos todas las calles, plantemos una gran cantidad de césped basto en lugares donde no debería haberlo; construyamos tres hermosos edificios de piedra y mármol, en cualquier sitio, pero cuanto más lejos mejor de donde transita la gente, y llamemos a uno Correos, a otro Oficina de Patentes y a otro Hacienda; hagamos que resulten abrasadores por la mañana, y helados por la tarde, con un tornado ocasional de viento y polvo; dejemos una cantera de arcilla sin ladrillos en todos los lugares céntricos en los que se puede esperar que haya una calle: eso es Washington”.

Zapatos. “Me llevasteis de aquí para allí guardando el secreto, mientras yo creía, cada vez, que entraba en posesión de un nuevo lugar. Entonces todavía no había aprendido, viejos, zapatos, lo que vosotros nunca habéis necesitado aprender: que todos los lugares no son sino el mismo lugar, y que si gastamos vosotros vuestras suelas y nosotros nuestras vidas es para que por fin, en algún recodo del camino, sintamos la belleza de este descubrimiento”. Un eco optimista del viejo poema de Kavafis, “La ciudad”, en el libro de Rafael Argullol El cazador de instantes. Cuaderno de travesía (1990-1995). (Acantilado, 2007.)

Delia Juárez G. Editora y traductora. Su libro más reciente es Gajes del oficio. La pasión de escribir.