A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE
En esta viñeta hecha de coincidencias familiares que empiezan con la búsqueda de la tumba del coronel Fortunato Soto, Luis Miguel Aguilar traza un arco que va de la curiosidad a la extrañeza al narrar su cercanía final con la literalmente “ultimísima” tataranieta de doña Josefa Ortiz de Domínguez, la Corregidora

Vengo de la tumba de Fortunato Soto. Vengo, mejor dicho, de no encontrar la tumba de Fortunato Soto. Escribí esto en un block de notas el mes de agosto de 2009. Habían sido varios meses de una búsqueda por fin emprendida luego de habérnosla propuesto, y pospuesto cada vez, desde años atrás; búsqueda debida en parte a la curiosidad familiar, pero en mayor parte a instalar, aunque fuera mediante flores, una especie de consuelo o desagravio en la tumba de Fortunato Soto por lo mal que la pasó económicamente, con un irreconocimiento del emperador Maximiliano incluido, en algunos de sus años finales.

Fortunato

Coronel de Caballería Fortunato Soto. Aparte de sus acciones militares, en 1831 formó parte de una compañía que estableció su cuñado Mariano Domínguez Ortiz (1794-1869) —tercer hijo del matrimonio de Josefa Ortiz y Miguel Domínguez, ocho años mayor que Fortunato Soto— para colonizar con 400 familias parte del territorio de Texas; esta compañía obtuvo concesión de tierras del gobierno el 1 de marzo de 1832. Mariano Domínguez fue padrino del hijo de Fortunato, Mariano Bonifacio Soto.

Una última esperanza nos había llevado al hoy Panteón-Museo del Tepeyac en la ciudad de México. Ahí están las tumbas de muchos y varios personajes de la historia de México, desde el Excelentísimo General Antonio López de Santa Anna (junio 21 de 1876) junto con su Serenísima Dolores Tosta de Santa Anna (agosto 11 de 1886), hasta Delfina Ortega (1880), la primera esposa de Porfirio Díaz, y hasta el general de división Bernardo Reyes (1850-1913) y su viuda Aurelia Ochoa de Reyes (1853-1934). Ahí están las tumbas, aunque ya no los restos, del pintor José María Velasco y del torero Ponciano Díaz. De todas las nochebuenas que hay en el panteón, sólo florece puntualmente cada diciembre la que está en la tumba del poeta Xavier Villaurrutia. Llevados dos de sus bisnietos y el que escribe por un guía, fatigamos toda una mañana el panteón-museo sin encontrar la tumba de Fortunato Soto.

¿Por qué hasta aquí? Cuando Fortunato Soto murió el 28 de marzo de 1871 a los 69 años de edad en la Calle del Indio Triste #2 de la ciudad de México, fue inhumado en el desde hace tiempo inexistente panteón del Campo Florido. Luego de varias pesquisas, sus bisnietos supusieron que los restos de Fortunato habrían sido trasladados por su hijo Mariano Bonifacio Soto al entonces panteón de la Villa, ya que ahí están enterrados tanto él como su hija María. Al cabo de la búsqueda infructuosa el guía del Panteón-Museo nos prometió ver si el nombre de Fortunato Soto estaría registrado en algún otro panteón; semanas después recibimos un correo suyo con respuesta negativa. Las flores para la tumba de Fortunato Soto tendrían, tendrán aún, que esperar.

Poco después de aquella búsqueda abrí al azar la revista Legajos del Archivo General de la Nación (julio-septiembre 2009) y di con un obituario de Elvia Alaniz Ontiveros sobre el historiador, biógrafo y minuciólogo Gabriel Agraz García de Alba (“El buscador infatigable”), por el cual supe que había muerto el 13 de marzo de 2009. Curioso, porque a Gabriel Agraz los bisnietos de Fortunato Soto le deben la mayor cantidad posible de información referente a su bisabuelo, incluida en un libro que mencionaré más adelante.

Fortunato Soto Borja nació en Valladolid, hoy Morelia, el 1 de diciembre de 1802, último hijo y único varón de doña Agustina Borja y Mafra y de José Antonio Soto y Saldaña, que en septiembre de 1809 formó parte de la Conspiración de Valladolid. Cuando los conspiradores fueron descubiertos y apresados en diciembre, Soto y Saldaña intentó un movimiento popular que acabó en el fracaso; lo aprehendieron y lo llevaron a la ciudad de México donde estuvo preso en la cárcel que llamaban de Corte hasta que salió libre en 1815. Según Lucas Alamán hubo una amnistía para todos los conjurados; según Gabriel Agraz, Soto y Saldaña salió libre por la petición de doña Agustina Borja en súplica por el mal estado físico de su esposo. En efecto, Soto y Saldaña salió de la cárcel gravemente enfermo (“por los crueles tratamientos que sufrió”) y murió pocos días después, dejando en desamparo a su viuda y a tres hijos: María Dolores, María Julia y Fortunato.

Mariano

Mariano Bonifacio Soto. Mayo 20 de 1863.
Un año antes de la muerte de su padre, en 1814, Fortunato Soto había ingresado al ejército a la edad de 12 años. En 1820, con el grado de subteniente, se pasó a la causa de la Independencia en el pueblo de Izúcar. En 1821 participó en la toma de San Juan del Río, y de la Hacienda de la Huerta y Toluca, por lo cual obtuvo el grado de teniente y un escudo al valor. En septiembre entró en la ciudad de México como parte de la décima tercera división de los ejércitos independentistas, “[división] que tuvo la gloria de ser la primera que pasara triunfante los umbrales de la capital”. Su carrera militar se reanuda en 1836 al tomar parte en “la defensa de la integridad del territorio nacional” en Texas; en 1840 el presidente Anastasio Bustamente le concede el grado de comandante de escuadrón. Peleó contra Estados Unidos en la batalla de Chapultepec los días 8, 12 y 13 de septiembre; fue herido de metralla en la pierna izquierda. El 8 de febrero de 1858 le es concedido el grado de coronel, reconociéndosele el grado desde el 6 de abril de 1852.

De 1837 a 1857 Fortunato Soto fue profesor de historia y geografía, y bibliotecario y luego secretario del Colegio Militar. De 1857 a 1867 fue catedrático de geografía y dibujo en los colegios de San Gregorio y San Ildefonso; escribió un Tratado de Geografía y un Tratado de Cronología. La regencia del Imperio lo nombró secretario de la Sociedad de Geografía y Estadística, cargo que desempeñó hasta 1867. Tres años antes le envió a Maximiliano la siguiente carta:

Documento en el que el Coronel Fortunato Soto solicita del Emperador Maximiliano se le abone la paga íntegra de su sueldo:

Señor:
Fortunato Soto, Miembro de Número de la Sociedad de Geografía y Profesor titulado de esta ciencia, ante Vuestra Majestad, respetuosamente expone: que lleva más de cincuenta años de servicio en la carrera de las armas habiéndose hallado en la campaña de la Independencia el año de 1821; en la de Texas contra los Norteamericanos en el año de 1836; en el Valle de México cuando fue invadido por el mismo enemigo, en cuya campaña fue herido en 1847, perteneciendo entonces al Colegio Militar donde desempeñó por más de 20 años la cátedra de Geografía, la Secretaría de la Dirección y la plaza de bibliotecario del mismo establecimiento, mas habiendo quedado sin colocación en la administración pasada, la Regencia del Imperio tuvo la bondad de colocarlo en la Secretaría de la Sociedad de Geografía y Estadística, donde actualmente continúa prestando sus servicios; pero como de su corto sueldo sólo recibe dos terceras partes para atender la subsistencia de su crecida y numerosa familia, se encuentra en el último tercio de su vida y después de haber prestado en toda ella, los servicios que son notorios y constan en la hoja respectiva que existe en el Ministerio de Guerra, en una situación bastante aflictiva.

A Vuestra Majestad suplica se sirva acordar que en atención por su antigüedad, si obtuviese su retiro tendría derecho a todo el sueldo de su empleo, sin ocupación alguna y a la cortedad de éste, estando en la actualidad prestando servicios útiles en la referida Sociedad, se le abone íntegro por la corporación por donde ahora percibe las dos terceras partes, pues así no se graban los fondos de la Sociedad, en lo que recibirá gracia y justicia.
México, Diciembre 19 de 1864

Señor
Fortunato Soto (Rúbrica)

Al Margen: Solicita por las razones que expone se le abone íntegro el corto sueldo de su empleo.- Diciembre 20 de 1864.- Trasmítase al Excelentísimo Ministro de la Guerra con Recomendación. Una rúbrica.

Esta fue la respuesta de Maximiliano:

Oficio del Emperador Maximiliano del 8 de Enero de 1865, en que niega la solicitud del Coronel Fortunato Soto:

Acordamos que no puede tomarse en consideración la solicitud del comandante de Escuadrón Profesor de Geografía del Colegio Militar Don Fortunato Soto, sobre que se le abone la paga íntegra en virtud de no prestar servicio activo en la Secretaría de la Sociedad de Geografía y Estadística donde está colocado.
Dado en el Palacio de México, el 8 de Enero de 1865.

Maximiliano
(Rúbrica)
Sabemos que Fortunato Soto publicó un folleto titulado Consejos a los maridos (Imprenta de Mariano Villanueva, México, 1860, 21 pp.). El autor lo dedicaba a las mujeres, “el más precioso ornato de la sociedad”, pero lo dirigía a los varones con el fin de inculcarles los deberes que tenían hacia sus compañeras en “la espinosa carrera del matrimonio”. Esta era la convicción de Fortunato Soto: “Un buen matrimonio es una buena familia, un buen pueblo, una buena nación”.

Mariano y asociados

Mariano Bonifacio Soto, el primero de izquierda a derecha, en la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México.

Su experiencia al respecto le vino siempre de haberse casado con María Ana Domínguez Ortiz, la onceava entre los 14 hijos que tuvieron don Miguel Domínguez Trujillo y doña María Josefa Crescencia Ortiz Téllez Girón. Cuando casó con María Ana en 1825, Fortunato Soto era capitán de caballería. Procrearon nueve hijos de los cuales sólo el octavo, Mariano Bonifacio Soto Domínguez, nacido en la ciudad de México en 1838, tuvo descendencia. Mariano Bonifacio, reconocido ingeniero civil y miembro notable de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México durante el porfiriato, se había casado con Francisca Zepeda, natural de Guadalajara, hija de Alejo Zepeda y Juana Ruiz Cabañas, el 29 de noviembre de 1884, cuando Mariano Bonifacio tenía 46 años. De este matrimonio nacieron María de la Asunción, Mariano, Dolores (muerta a los ocho años), Carmen, Alfredo y Alfonso.

Mariano Bonifacio tenía 60 años cuando en 1898 nació su penúltimo hijo, Alfredo Soto Zepeda, quien viudo casó en segundas nupcias, a los mismos 46 años de edad con que se había casado su padre, con Dolores Álvarez Zavalza el año de 1944. Por la parte materna de Dolores, una Zavalza se había casado con un hermano del independentista Ignacio Allende, dando lugar a la familia Allende Zavalza. Así, durante la recepción de la boda de Alfredo y Dolores en el Hotel Emporio de la ciudad de México, los primos Allende Zavalza, ya entonados, cantaban el tango “Por la vuelta”, uno de cuyos versos reza “la historia vuelve a repetirse”, en pícara atención a que una pariente de Ignacio Allende se enamorara de un pariente de Josefa Ortiz de Domínguez, al hacer eco de la leyenda según la cual Ignacio y Josefa tuvieron quereres.

inaguración

Inauguración del Monumento a la Corregidora en Querétaro, en el centenario de la Independencia el 15 de septiembre de 1910. En la valla de la derecha, Francisca (Fany) Zepeda es la mujer de negro y sombrero con plumas. El hombre de barbas en el extremo es Mariano Bonifacio Soto Domínguez. En la valla de la izquierda, el niño de traje y con el sombrero en la mano es Alfredo Soto Zepeda, padre de la tataranieta de la Corregidora.

 

Un día a finales de los años ochenta del siglo pasado, un historiador que se identificó como Gabriel Agraz García de Alba llegó en la colonia Condesa de la ciudad de México al domicilio de Dolores Álvarez Zavalza, viuda de Alfredo Soto desde 1968, para decirle que estaba preparando un libro sobre los Corregidores y pidiéndole algunos documentos y papeles, lo mismo que fotos, que la familia tuviera a la mano. Todo le fue devuelto en su momento a Dolores Álvarez de Soto; ella le dio a Agraz, entre otras cosas, el registro del matrimonio secreto de Josefa Ortiz y Miguel Domínguez, una copia del traslado de los restos de la Corregidora de la ciudad de México a Querétaro, y varias fotos, entre ellas la del coronel Fortunato Soto con todas sus medallas, y las de Mariano Bonifacio Soto de joven y ya más grande con colegas de la Asociación de Ingenieros y Arquitectos. Todo esto se encuentra en el libro de Carlos Agraz García de Alba Los Corregidores Don Miguel Domínguez y Doña María Josefa Ortiz y el inicio de la Independencia (edición del autor, México, 1992). En la página de derechos el autor agradece a Dolores Álvarez de Soto su contribución a la obra con cinco fotografías de la descendencia de la Corregidora. La última de ellas incluida en el libro es la de Alfredo Soto Zepeda con sus hermanos, hijos de Mariano Bonifacio y Francisca (Fany). Debajo de esa fotografía aparecen los nombres de los cinco hijos que tuvieron Dolores y Alfredo; el mayor es Alfredo Soto Álvarez, nacido en 1945, y la menor es María de la Asunción Pía Soto Álvarez, nacida en 1957, cuando su padre tenía 59 años, casi la misma edad que tenía su padre Mariano Bonifacio cuando nació él.

acta

Acta de matrimonio secreto. Al margen: Dn. Miguel Domingues con Da. María Josepha Ortis. Texto:
En el libro de matrimonios secretos del Sagrario Metropolitano de Méjico, que comienza en 1º de Enero de 1745, á fojas 7ª. y principio de la 8ª.
En veintiquatro de Enero de mil setecientos noventa i tres años, por Despacho del Excmo. Señor Arzobispo, que está adjunto dispensadas las amonestaciones, case al Lic. Dn. Miguel Domingues con Da. María Josepha Ortis mis feligreses, en esta casa de mi morada á las ocho de la noche siendo testigos el Lic. Dn Ignacio Galiano i Dn. Joseph Gonz. vecinos de esta ciudad.

Juan Francisco Domínguez era el cura del Sagrario Metropolitano, sin relación alguna de parentesco con Miguel Domínguez.

Juan Franco. Domingues
En la página 130 del tomo II del libro de Agraz, debajo de la fotografía mencionada, aparecen estas líneas bajo el encabezado “Tataranietos y su descendencia”:

Bióloga María Asunción Pía Soto Alvarez, n. 5-III-1957, c.c. Luis Miguel Aguilar Camín el 9-X-1982, tienen un niño: Felipe —n. 4-XII-1987— Aguilar Soto.
Qué raro. En efecto, desde el 9 de octubre de 1982 la bióloga Soto y yo estamos juntos “en la espinosa carrera del matrimonio” que dijo su bisabuelo el coronel Fortunato Soto, cuya tumba como he referido no hemos encontrado en nuestro pantonear ni ella ni su hermano mayor Alfredo, ni el que escribe.
Que yo recuerde, al paso de los años la bióloga Soto tiene un chiste de ocasión ante algún también ocasional espejo casero; un chiste que da en tocarse bajo el mentón con los dedos de la mano, aplicarse unos golpecitos autodescalificativos, y decir: “Esta papada ya está como la de la Josefa”, o: “La Josefa va de avanzada”. Y es que todos los otros descendientes vivos de la Corregidora no son ya sino choznos o lo que sigue de choznos, quintos nietos. Pero, al haber sido la menor de cinco hermanos de la rama Soto Domínguez-Ortiz, en línea final de descendencia la bióloga Soto es la “no habrá más”, la ultimísima, la incontestable tataranieta de la Corregidora.

Luis Miguel Aguilar. Poeta. Su libro más reciente es Las cuentas de la Ilíada y otras cuentas.