La ciudadanía exige un país de primer mundo pero no está dispuesta a pagar por él. Mientras no resuelva su precariedad fiscal, México no tendrá un Estado fuerte ni una economía próspera. Ésta es la idea radical que sostiene el siguiente ensayo, a la vez un diagnóstico y un programa de futuro
Contrario a lo que ahora se piensa, la precariedad de las finanzas públicas de México es una característica estructural. Es razonable afirmar que se trata de la principal deficiencia de gestión gubernamental acumulada durante décadas: ha sido un rasgo intrínseco de la economía mexicana, al grado que puede considerársele un problema endémico. Desde los primeros años del México independiente (de Iturbide y Guadalupe Victoria, pasando por Antonio López de Santa Anna hasta entrado el siglo XIX) el país ya enfrentaba esta deficiencia.1 En años más recientes, la incapacidad para superar dicha carencia representa la principal debilidad de las políticas públicas, pues merma la capacidad de acción del Estado en todos los ámbitos de la realidad.
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