Cuando Clemente Palma externó su inquietud: “¿Ud. cree, señor Vallejo, que colocar una imbecilidad encima de otra es hacer poesía?”, el joven poeta peruano era un indio retostado, torvo, escuálido y melenudo de 25 años. Lo que había provocado la acidez del crítico literario, hijo del célebre académico Ricardo Palma, eran los versos raros que unos meses después darían forma a Los heraldos negros (1918), el que es, en opinión del filósofo comunista José Carlos Mariátegui, el mejor libro de César Vallejo (1892-1938). ¿Qué reacción habrá tenido el estómago del señor Palma Jr. cuando leyó Trilce (1922), que en verdad es un poema incomprensible?
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