En México pocas disciplinas académicas tienen tanta competencia no profesional como la historia. Cronistas, novelistas y narradores, intelectuales y líderes de opinión, abogados, dirigentes políticos y aspirantes a serlo, profesores y sabios eruditos, la competencia proviene de muchas partes. Los medios masivos de comunicación han contribuido a que el público se acostumbre a los nombres de “historiadores” que no tienen la necesidad de una cédula profesional que los acredite y les permita ejercer como tales.
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