Raphus cucullatus había entrado en la muerte. Pero este individuo hembra de carne y hueso vivía aún. Imaginémosla de 30 años de edad, o 35, una edad anciana para la mayoría de las aves pero no imposible para un miembro de una especie de cuerpo tan grande. Ya no corría; daba pasos cortos. A últimas se estaba quedando ciega. Su sistema digestivo estaba lerdo. En la oscuridad de un amanecer en 1667, digamos, durante una tormenta, fue a refugiarse bajo la saliente de una roca en la base de uno de los riscos de Black River. Bajó la cabeza para pegarla contra su cuerpo, movió sus plumas en busca de calor, miró con los ojos semicerrados en paciente miseria. Esperó. No lo sabía, ni nadie más, pero era el último Dodo sobre la tierra. Cuando pasó la tormenta, nunca abrió los ojos. Esto es extinción.
Suscripción plus
Este artículo está disponible sólo para suscriptores
Si ya tienes una suscripción puedes iniciar sesión aquí.
Suscríbete
Suscripción plus
(impresa y digital)
1 año por $ 799 MXN
Entrega de la edición impresa*
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
*Para envíos internacionales aplica un cargo extra, la tarifa se actualizará al seleccionar la dirección de envío
Suscripción digital
1 año por $ 399 MXN
Lectura de la versión impresa en línea
Acceso ilimitado al archivo
Contenidos especiales
¿Eres suscriptor de la revista y aún no tienes tu nuevo registro?
Para obtenerlo, sólo tienes que validar tus datos o escribe a soporte@nexos.com.mx.