Extinción

Raphus cucullatus había entrado en la muerte. Pero este individuo hembra de carne y hueso vivía aún. Imaginémosla de 30 años de edad, o 35, una edad anciana para la mayoría de las aves pero no imposible para un miembro de una especie de cuerpo tan grande. Ya no corría; daba pasos cortos. A últimas se estaba quedando ciega. Su sistema digestivo estaba lerdo. En la oscuridad de un amanecer en 1667, digamos, durante una tormenta, fue a refugiarse bajo la saliente de una roca en la base de uno de los riscos de Black River. Bajó la cabeza para pegarla contra su cuerpo, movió sus plumas en busca de calor, miró con los ojos semicerrados en paciente miseria. Esperó. No lo sabía, ni nadie más, pero era el último Dodo sobre la tierra. Cuando pasó la tormenta, nunca abrió los ojos. Esto es extinción.

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Publicado en: 2009 Mayo