Uno de los componentes del núcleo atómico es el protón, descubierto en 1919 por Rutherford. Otro es el neutrón, y ambos reciben en común el nombre de nucleones. La masa del protón se calculó en mil 836 veces la del electrón. Un número muy feo. Se puso peor cuando, en 1964, hubo elementos suficientes para plantear que el protón no es elemental, sino compuesto: hecho, como el neutrón, de tres quarks. Experimentos posteriores a 1970 plantearon la existencia de fuerzas que pegan entre sí los quarks. Se les llamó gluones (por glue, pegamento). Esta fuerza, misma que une nucleones dentro del átomo, es una de las cuatro conocidas en el universo y se le llama fuerza fuerte (en contraposición a otra, la fuerza débil, causante de la radioactividad); la gravitación y el electromagnetismo son las otras dos. Hace diez años tenemos constantes pruebas de una quinta fuerza en el universo: la energía oscura que acelera la separación de las galaxias, una suerte de antigravitación.
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