La mañana del 17 de julio de 2007 los mercados financieros norteamericanos se despertaron con la noticia de que dos de los fondos administrados por Bear Sterns, uno de los bancos de inversión más grandes de Estados Unidos, estaban en serios problemas a causa de sus inversiones en instrumentos financieros basados en deudas hipotecarias “subprime” o de baja calidad crediticia. Ésta fue una de las primeras señales de las dificultades enfrentadas por esta compañía, que ocho meses después sería rematada a JP Morgan, y por el resto del sistema financiero global, que poco más de un año después se encontraba en la peor crisis desde la Gran Depresión.
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