Abrí la puerta y vi a un hombre pequeño y pesado que llevaba un traje blanco, sombrero Panamá, zapatos amarillos, camisa rosa y una corbata surcada de cadenas en oro, sujeta con un fistol de perla. Mordía un puro entre los dientes. No sabría decir si estaba a punto de salir o acababa de llegar.
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