Durante los dos últimos meses del año pasado estuve enfrascado en la lectura
de {El viaje de la Beagle}, el diario de viaje de Charles Darwin, aquel viaje suyo
alrededor del mundo entre 1831 y 1836, de sus 22 a sus 27 años, que le permitió
hacer las observaciones en las que se basaría luego para su teoría del origen de las
especies. Es un libro en verdad extraordinario y en el cual no se sabe qué admirar
más: si la pasión del científico o la precisión de su prosa.
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