Casi exactamente 10 años después del 68 apareció el primer número de {nexos}. La primera década aniversario del movimiento estudiantil ¿era el símbolo fundamental de la nueva publicación? Los estudiantes que vivieron aquellos acontecimientos transformados en ecuación histórica y psíquica ¿asumían su tiempo e iniciaban con sus propios medios el enfrentamiento intelectual con la realidad de México y del mundo? Los jóvenes sorprendidos en aquella revuelta sofocada ¿eran más o menos los adultos recién estrenados de las nuevas ideas organizadas en un proyecto editorial intuitivo pero coherente? Definitivamente sí. Ya sea porque muchos de los protagonistas del movimiento participaron en la revista o ya sea porque los artículos publicados revelaban claramente las nuevas inquietudes, tanto en el abordaje teórico como en la búsqueda de un nuevo lenguaje, {nexos} fue y sigue siendo la expresión —no cabe duda de que una de las mejores— de la juventud del 68. Sé que por aquellos años, antes y después, aparecieron muchas publicaciones. Unas huérfanas de cualquier parentesco y otras llenas de herencia. Unas mucho más gozosas y radicales y otras que significaban la incorporación del lúcido pensamiento literario mexicano a la corriente del novicio estilo democrático. Unas pobres e insignificantes pero con la frescura de lo inesperado y otras soberbias e insoslayables a pesar de su hermetismo. Todas conscientes de que la renovación de la crítica era el hecho fundamental de fondo en el nuevo país que no existía, que tal vez podría existir, y que esta crítica era sobre todo creación y, de manera especial, {literatura}, es decir, escritura inteligente pero con la libertad de la ficción porque las letras mexicanas más que cualquier análisis filosófico o sociológico, más que cualquier explicación histórica económica o política —casi siempre acartonadas y deficientes— habían dado cuenta de manera cabal tanto de la realidad real como de la dimensión también sólida y comprobable de lo imaginario. Había que responder a las expectativas creadas por P{iedra de sol, Los demonios y los días, Tarumba, Pedro Páramo, La región más transparente} o por {Rayuela, El túnel} y {Cien años de soledad}. Había que inventar una visión del mundo desde el alfabeto de la gran literatura latinoamericana. Había que escribir sobre papel lo que muchos habían soñado garabatear en los muros de la hermosa ciudad desgraciada.
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