El sentido del humor no es frecuente en los escritores
mexicanos (y supongo que en los de ningún
país). Pero las excepciones son notables,
como es el caso de Guillermo Sheridan. Investigador
de la literatura mexicana, autor de una novela, es
más conocido por sus textos cortos donde ironiza
sobre muy diversos temas, el mismo autor incluido.
Entre esos temas destacan una versión muy difundida
de lo políticamente correcto, de nuestras nuevas
buenas conciencias. Muy distintas a las provincianas
y vigesímicas retratadas por Carlos Fuentes, hoy en
afortunado proceso de extinción, las que nos presenta
Sheridan son urbanas, predominantemente capitalinas,
transnacionales, posmodernas, alternativistas
propopulares y anticlericales. Un giro copernicano.
Aunque por supuesto tienen sus raíces históricas, y
llegan a incluir mezclas de Stalin y Mussolini.
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