No es suficiente decir “No más Auschwitz, no más
Fosse Ardeatine, no más horror” para conjurar para
siempre las atrocidades por las cuales esos hechos
se constituyeron en los puntos culminantes. Es necesario
comprender la gestación de esos fenómenos, los porqués
no sólo de su nacimiento, sino —lo que tal vez sea más
importante— los motivos que les permitieron tener éxito
entre pueblos que seguramente no presentaban carencias
culturales, de experiencia histórica
o de conciencia política.
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