Si se quiere que México en verdad ocupe el lugar de una potencia media en el mundo, no sólo se necesita recuperar los índices de competitividad, crecimiento del producto nacional y monto de las exportaciones. Se requiere, también, diversificar las relaciones exteriores y hacer que los compromisos con la comunidad internacional vayan más allá de las declaraciones. Ya no es válido, en el siglo XXI, el argumento de que México es diferente y no puede asumir las responsabilidades que otros países sí hacen, incluso con menores recursos y proyección internacional. Casi dos terceras partes del electorado votaron en las pasadas elecciones presidenciales por una propuesta de mayor presencia internacional de México. De todas formas, como país somos desde hace tiempo el décimo contribuyente de la ONU, lo cual quiere decir que en el pasado financiamos las Operaciones de Paz en las que no participamos y en las que no tuvimos voz.
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