Lo que se agrava si consideramos que al lado de la campaña oficial de los partidos y candidatos parece haber otra campaña. No la convocada sin mayor éxito por Marcos y sus cada vez más escasos seguidores, sino la protagonizada centralmente por los grandes medios de comunicación a través de la difusión amarillista de grabaciones de llamadas telefónicas, de casos de corrupción insolente, de tráfico de influencias, de acusaciones y difamaciones sin término. También esta campaña empezó ya hace tiempo con las videograbaciones de algunos colaboradores de López Obrador; con las denuncias de los presuntos negocios turbios de los hijos de la señora del presidente; con las filtraciones en torno al posible enriquecimiento ilícito del ex gobernador del Estado de México, Arturo Montiel.
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