CONFIDENCIAL
De: Nexos Management & Winning Wings.
Para: Equipo colaboradores Lic. Benito Juárez García.
Misión: Reposicionamiento contextuado en modernidad
de Benito Juárez a su regreso en bicentenario de nacimiento.
Instrumento: Tres días de campaña.
Contenido: Agenda, Asesoría, Spot-Making y Phrasing.

Llegada por la mañana de Benito Juárez al Aeropuerto Benito Juárez de la ciudad de México. Atuendo casual (pantalones de mezclilla y una chamarra de preferencia crema o blanca). Él mismo debe cargar un portatrajes sobre el hombro y una pequeña maleta. Debe ser como la llegada de un futbolista. Ante el tumulto y el asedio mediático Benito deberá sonreír; a la infaltable pregunta: “¿Qué piensa de la situación actual en México?”, responder con sonrisas solicitadoras de comprensión y frases como “Muchachos, vengo llegando. De verdad. Aquí no puedo servirlos como se debe. Ya habrá tiempo. Aunque nuestra agenda esté apretada”. Sólo ante preguntas como “¿Qué siente al estar de regreso?” deberá responder al paso: “Estoy feliz. Y algo nervioso. Tengo mariposas en el estómago”.

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Desplazamiento al hotel de avenida Reforma. POR NINGUN MOTIVO DEBE PERMITIRSE LA OCURRENCIA DE USAR UN COCHE DESCAPOTADO NI UN BENI-MÓVIL. En los ejes viales y avenidas del recorrido ya se habrán colgado banners con la imagen de Benito en alto contraste; estos banners alternan con otros en los que se encuentra la siguiente leyenda, ya reconocida por la gente puesto que se ha difundido por la radio con música pegajosa de -sí, no hay otro- Juan Gabriel, quien antes de cantarlo dice en el spot “¡Viva Juárez!”:
BENITO:
NI GRAN HÉROE
NI GRAN MITO;
SÓLO UN HOMBRE
PARA UN MÉXICO
INFINITO.
La versión corta de lo anterior se volverá también el lema de campaña divulgable en volantes, pósters, prensa, etc.: BENITO: PARA UN MÉXICO INFINITO.

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Al mediodía, con atuendo de traje azul marino, camisa blanca y corbata gris perla, Benito Juárez visita el Hemiciclo a Juárez en la avenida Juárez. OBSERVACIÓN: La ofrenda floral POR NINGÚN MOTIVO debe ser colocada por el mismo Benito. Varios niños lo harán. El speech de Benito debe ser breve y dirigido a la niñez de México. (OBSERVACIÓN: Éste, a la niñez, será el único speech de Benito en toda la campaña.) Un speech ligero, no encorsetado; bajo el siguiente tono o talante y con frases así: “No se dejen apantallar por todo este -señalando a sus espaldas- monumento marmóreo.

Prefiero el recuerdo de ustedes y la huella que pueda dejar en ustedes una persona que fue niño como ustedes, pobre como muchos de ustedes, indio como algunos de ustedes, y que sólo buscó servir a México. ¿Dije que ‘fui niño’? Quizá lo siga siendo. Recuerden que el niño es el padre del hombre, como dijo un poeta inglés”.

Para el final de este acto se ha preparado la emisión de palomas al aire. Al soltarlas, una de ellas se posa sobre el hombro de Benito. Benito, sonriente, a la niñez: “Me lo hicieron. Usaron este manido truco. Me enviaron esta paloma. No crean todo lo que ven.

Duden siempre. Y para aprender a dudar no hay nada como la educación. Por eso les digo aquí que las palomas no son para que se posen mediante trucos sobre los hombros de personajes públicos sino para ser libres y volar”. (La toma de su hombro entre las manos y la hace emprender el vuelo.)

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Visita a la Cámara de Diputados. DITTO: para Benito, NO SPEECH SCHEDULED. Sólo oirá a los diputados que suban a la tribuna. A la salida, en el abordaje de los medios, habrá preguntas del tipo: “¿Cómo ve a estos diputadetes en comparación con los de su época?”. La respuesta debe ser siempre algo así: “No sean injustos, muchachos. Eran otros tiempos. Yo no podría juzgar por estos tiempos. Aunque sí puedo hablar por los míos. Ah, ¡qué bueno era para la pluma cívica Francisco Zarco! ¡Y qué Congreso Constituyente aquel! ¡Qué equipo! ¡Qué Dream-Team!”.

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Comida en el Club de Industriales con empresarios mexicanos. A la salida, de nuevo, en el contexto empresarial las preguntas de los medios serán del corte: “¿Qué piensa usted de las privatizaciones, de la inversión extranjera, de las políticas neoliberales, etc.?”. Benito debe tomar exactamente alguna de esas palabras y aprovecharlas para llevar la respuesta a otro rumbo. Así: “¿Privatizaciones? Yo sólo sé de otras ciones, las desamortizaciones, que fueron muy necesarias en mi época. ¿Inversión extranjera? Supongo que siempre será mejor una inversión extranjera que una invasión extranjera”. (Risas.) “¿Neo-Liberales? ¿Es una nueva cepa? Yo sólo conocí a los moderados y a los puros. Yo sigo siendo liberal, simplemente. Estoy por la libertad política, la libertad de cultos, la libertad de comercio, la libertad deportiva. -¿Cuál es ésa, don Benito? -Es broma, muchacho. Pero la incluimos si quieres: es la libertad de irle al equipo que se te pegue la gana. ¿Tú a cuál le vas? -No, yo no. ¿Usted a cuál le va? -No sé muchacho, vengo llegando, tengo que ver. ¿Cuál me recomiendas?”. El reportero dice el nombre de un equipo; hay abucheos y vítores de los otros chicos de los medios, según su preferencia futbolística. Benito: “Déjenlo, déjenlo. ¿Ven a qué me refiero con libertad deportiva? Muy bien, muchacho, respeto tu preferencia pero tengo que ver a ese equipo antes de decidir. ¿Hay partido hoy? ¿Quién juega?”.

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Visita en la tarde a la Barra de Abogados de México. ATUENDO: Por primera vez Benito debe usar su atuendo habitual, el conocido en las imágenes de la época. Benito se parece a Benito; en el atuendo, no así en “la idea” de rigidez o “inmortalidad” que se ha intentado transmitir al “fijarlo” en ese atuendo. A la salida, frente a los medios, Benito debe referir que estuvo “con sus colegas” en un buen encuentro. Reportero de banqueta: “Hoy se publicó en la prensa el artículo de un escritor diciendo que sería absurda la presencia de un Hombre-Ley como usted, hoy, aquí, frente a puros Ley-según-el-hombre de quien se trate. ¿Qué piensa usted?”. Benito: “Yo, agradecerle a quien dijo eso, pero sólo en la primera parte de la ecuación. En el gremio hay de todo, no se puede generalizar. Cuando yo era muy joven, a los 28 años, y era diputado local, a mí me metieron a la cárcel unos jueces venales por andar defendiendo a los pobres de un párroco abusivo que con su fuero eclesiástico les exigía lo que se le pegaba la gana de ‘diezmos’ o de obvenciones, como si fueran impuestos. A la cárcel fui a dar, demandado por él. ¿Y adivinen qué? ¿Adivinen quién entró conmigo a la cárcel? Pues otro abogado honesto que también defendía a los pobres esquilmados por el párroco.

“Y bueno, sobre lo de ‘Hombre-Ley’, a mí no me quedó otra que ‘encarnarme’ en ley porque sólo había esa salida para México. Y lo cumplí con gusto, aunque no sabe usted lo que fue aquella responsabilidad. Ahí sí que sentí, de modo distinto al habitual, ‘todo el peso de la ley’. Por fortuna un carruaje me ayudaba con la carga”. (Risas.)

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Conferencia de prensa en el salón principal del hotel de Reforma. Aquí también deben evitarse los enfrascamientos en preguntas que implican NON-ISSUES: la legalización de las drogas, el aborto, la frontera con Estados Unidos, el escándalo político del día, la pena de muerte “para abatir la inseguridad”, Chiapas, etc. La conferencia se abre con Benito diciendo: “Qué gusto estar aquí con ustedes en este hotel de una avenida con un nombre tan bonito. Por desgracia sólo podré contestar unas cuantas preguntas; les pido su comprensión”. La conferencia debe terminar cuando le hagan a Benito la pregunta inevitable: “¿Qué les recomendaría a los gobernantes de hoy”. Benito: “Lo que yo siempre me recomendé o me dije a mí mismo: ‘Saber para prever, prever para obrar’. Muchas gracias”.

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Aparición en el noticiero televisivo con más rating nocturno. Ditto: los Non-Issues son Non-Issues. Otras preguntas deben tener una respuesta que lleve a “terreno seguro”.
PREGUNTA: Sabemos que mañana viaja usted a su tierra natal, Oaxaca. ¿Por qué ha decidido no visitar el pueblo en que nació, San Pablo Guelatao?
BENITO: Podría darle una respuesta poco sincera: no voy ahí para no ser oportunista. La respuesta en verdad sincera es que la conmoción sentimental de volver a mi pueblo me desataría tantas emociones que (la voz se le atora un poco) no sabría cómo manejarlas.
PREGUNTA: Usted dijo: “A los amigos, bondad y gracia; a los enemigos, la ley a secas”. ¿Sostendría hoy esa afirmación?
BENITO: No recuerdo ni creo haber dicho eso. Debe ser una atribución de Francisco Bulnes en una de esas cosas que escribió en mi contra. Son esas frases que… Maquiavelo nunca dijo “El fin justifica los medios”. Voltaire nunca dijo aquello de “…pero defenderé a muerte tu derecho a opinar”; eso lo dijo uno de sus biógrafos. Por lo demás, mi frase habría sido, a secas (sonriente), “La ley a secas”.
PREGUNTA: ¿Qué le parece el uso que le han dado a la frase “El respeto al derecho ajeno es la paz” en su spot televisivo?
BENITO: No he podido verlo. Pero sé que mis colaboradores cumplieron con mis indicaciones de insistirle a la central de medios que lo elaboró en resaltar las palabras “DERECHO y PAZ”. En esas dos palabras puede cifrarse todo el sentido de mi regreso.

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El spot al que se refiere Benito, y que en días previos se habrá difundido ampliamente por la televisión, es el siguiente. En él, por cierto, será la primera y única vez en que se utilice esa winning-phrase. (Es decir, no hay que hacer confianza en su probada eficacia y no debe abusarse de ella para que no pierda el efecto.) Spot:
Sobre la pantalla aparece la frase: “El respeto al DERECHO ajeno es la PAZ”. Aparece Benito en mangas de camisa y pregunta juguetonamente, señalándose a sí mismo con el pulgar derecho: “¿Yo lo dije?”. Aparece en primer plano un actor que personifica a Cuauhtémoc y señala con el pulgar hacia el lado izquierdo de la pantalla; dice: “Él lo dijo”, y sale de cuadro. Ahora en primer plano vemos a “Hidalgo” que señala con el pulgar hacia el lado izquierdo de la pantalla y dice: “Él lo dijo”. Vemos a Morelos; lo mismo. Vemos a Madero, Zapata. A Villa, lo mismo, con la diferencia de que Villa emite la frase en forma de pregunta: “¿Él lo dijo?” .Vemos a Ignacio Zaragoza que en vez de usar el pulgar usa el índice de la mano derecha, señalando hacia la izquierda, y afirma: “Él lo dijo”. Aparece Benito de nuevo, como si volviera a ponerse al principio de la fila; primero se señala a sí mismo con el pulgar, luego abre las manos y sonriente enarca las cejas como quien acepta con modestia un halago o reconoce que ha hecho una pequeña travesura: “Yo lo dije”.

Corte de lo ligero a algo más sound: se oyen los acordes musicales de la parte más intensa de Sensemayá de Silvestre Revueltas; sobre un cielo del pintor José María Velasco aparece la imagen de Benito en alto contraste y sobre la pantalla vemos correr una palabra tras otra hasta quedar completa y fija la frase: “Porque entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al DERECHO ajeno es la PAZ. -BENITO JUÁREZ”.

20 de marzo
Atuendo: saco sport azul, camisa blanca, sin corbata, pantalones gris oxford y mocasines negros, para la primera actividad por la mañana: reunión con los representantes de las iglesias protestantes. Al llegar, ante la pregunta “¿Por qué visita primero a los pastores protestantes y no al cardenal de la iglesia católica?”, respuesta: “No lo sé. Casualidad. Pero me extraña su pregunta. Parece contener un muy bajo umbral de tolerancia. Si la fraternidad no es posible, al menos deberíamos cambiar aquel lema de la Revolución francesa y decir: ‘Libertad, igualdad y…tolerancia’”. A la salida: “¿Es cierto que usted arrebató a la iglesia católica sus templos y propiedades y se los entregó a los protestantes?”. Benito (amable): “Bueno, ése es un ataque disparatado; ahora estoy esperando su pregunta”.

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Luego de la visita al cardenal primado. “¿Qué le parece el uso público de alzacuellos y sotanas? ¿Usted lo habría permitido?”. Benito: “Yo no estuve para permitir o prohibir. Eso se lo dejé a las leyes. Y bueno, sí me sentí un poco extraño ante lo que menciona. Pero fui previsor: yo mismo me quité la levita hoy; no me fueran a confundir por mi atuendo”. (Risas.) Pregunta: “¿Usted traicionó a la iglesia católica que lo había educado?”. Benito: “¿Traición? No, traición, lo que se dice traición, traición la que le hice a mi amigo Melchor Ocampo en Nueva Orleáns, cuando trabajábamos en una fábrica de puros para mantenernos en el destierro en el que estábamos por orden de Santa Anna y me volé mi turno para irme a pasear por la ciudad. Él tuvo que hacer el doble turno. No me lo perdonó”. Pregunta: “¿Para usted todos los curas son malos?”. Benito: “No, no, no.

Mire: está el cura de Nacho Altamirano en su novela La navidad en las montañas. Y el padre Brown de Chesterton, al que he leído en mi post-vida. Aunque quizá lo que más me gusta del padre Brown es que usaba bicicleta. Como que una sotana es un poco menos amenazante en bicicleta, ¿no cree?”. Pregunta: “¿Qué piensa de que el papa Ratzinger se puso Benedicto como usted?”. Benito: “Mientras no me salga como el tocayo incómodo Benito Mussolini…”.

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Viaje a Oaxaca. Almuerzo con artistas e intelectuales. Ante la pregunta: “¿Qué puede decirnos de la ausencia del pintor Francisco Toledo en la reunión?”. Benito: “Gran pintor. Gran pintor juchiteco”. Pregunta: “¿Es cierto que usted mató juchitecos?”. “No, yo no maté a nadie… Toledo, en cambio, gran artista, me mató a mí. (Sonriente.) Con la única forma en que debe matarse, ¿eh?: no físicamente sino con arte y gracia”.

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Al regreso a la ciudad de México, por la tarde, sesión de preguntas y respuestas con los estudiantes más destacados de todas las universidades de México. (Debe anunciarse que la transcripción entera de este encuentro estará disponible en el sitio de internet www.benitomexicoinfinito.com.)
PREGUNTA: ¿Cuál sería su consejo más importante para nosotros los estudiantes mexicanos a la hora de terminar la carrera?
BENITO: Sólo tengo un consejo importantísimo que darles. Es algo fundamental. Lleven a todas partes un cepillo de dientes y, tan básico como el cepillo, un traje de baño. Uno nunca sabe cuándo lo puede necesitar.

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Aparición en el noticiero televisivo light de la noche.
PREGUNTA: ¿Qué se siente que su nombre esté en todas las calles, colonias, escuelas, etcétera? ¿No le preocupa un poco que la gente llegue a hartarse?
BENITO: Bueno, no en todas las calles. Reconozcamos un hecho al respecto: Hidalgo me gana. Hidalgo siempre me ganará. Qué bueno.
PREGUNTA: ¿Entonces no le molestan tantos “Juárez y Juárez” viales?
BENITO: Bueno, yo no soy el adecuado para responder a esa pregunta. Y sobre este tema de calles y sitios, sólo me extraña algo: eso de la “Cabeza de Juárez”. Un monumento a una cabeza sí se me hace un poco raro. ¿Y también es calle? Alguien me dijo que era algo así como la Estatua de la Libertad que encuentran derruida y varada en la arena de una playa Charlton Heston y la actriz que lo acompaña en la primera versión de El planeta de los simios, pero no entendí bien. ¿Podría explicármelo usted o alguien de su amable auditorio?

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Cena en Los Pinos. Como no habrá cobertura de medios al final de la cena, éstos se lanzarán sobre Benito a su llegada a Los Pinos. Son de esperarse preguntas como: “¿Qué piensa usted del desempeño de los presidentes en el México actual, usted que cuando fue presidente la tuvo tan difícil?”. Benito: “Yo creo que, a su modo, todos la tienen difícil. Yo sólo podría hablar por mi presidencia. Y juzguen ustedes. Muchachos: no me obliguen a salirme del fair-play”. Pregunta del mismo: “¿Aunque nos decepcione?”. Benito: “Ay, muchacho. A estas alturas de mi vida pública, lo que ya no decepcioné, ya no lo decepciono ni lo decepcionaré”.

21 de marzo
Desayuno en el comedor del hotel con sus colaboradores. Un mariachi irrumpe por sorpresa con “Las mañanitas” al tiempo que los meseros se dirigen hacia el festejado con un gran pastel cuyas velas forman “Benito 200”. Y al tiempo, del techo del comedor caen pantallas que empiezan a proyectar imágenes virtuales de los grandes liberales del siglo XIX abrazando a Benito, mientras que al Benito real hacen cola para abrazarlo tanto los meseros como los clientes del comedor. Entran los medios.
PREGUNTA: Don Benito, ¿qué se siente cumplir 200 años?
BENITO: Estoy feliz. No sé cómo agradecerles estas muestras de cariño. Aunque les diré algo. Me he enterado de que hay una frase popular: “Le hace lo que el viento a Juárez”. Gracias pero les confieso que a mi edad yo ya debo tratar al viento con respeto por aquello de los resfriados.

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Extracto de la entrevista at large de Benito aparecida en un periódico de circulación nacional.
PREGUNTA: ¿Ha visto todas las películas que han hecho sobre usted?
BENITO: No, no todas. Aunque todas las agradezco. Vi la de Hollywood con el actor mil-caras, Paul Muni, que personificó a varios, como Zola, Pasteur y yo mismo. Pero la vi hace mucho tiempo, ya no recuerdo bien. Sólo el final.
PREGUNTA: Mi mamá decía que en esa película usted hacía el ridículo cargando un retrato de Lincoln a todas partes, como si Lincoln fuera su gran ídolo e inspirador. Que “tenían que ser americanos” los que habían hecho esa película.
BENITO (muy coloquial y con muletillas): Sí. Bueno, y el final es un poco sórdido, ¿no? Con zopilotes, ¿no?, volando sobre un cielo encapotado luego de la muerte de Maximilano, ¿no? Y bueno, Lincoln was good, pero tampoco, ¿no? Digo, cada quien lo suyo, ¿no? (Risa de Benito.)
PREGUNTA: ¿Quién cree usted que lo haya difamado más en toda la historia?
BENITO: Uf, pues figúrese. Me han dicho de todo, desde el Buda Zapoteco hasta el Bienratérito de los Americlans. Ya no me ocupo de eso. La eternidad es muy corta como para andar perdiendo el tiempo en esas cosas.
PREGUNTA: Todos pensamos que durante su visita, el pasado 18 de marzo, a Ciudad Juárez antes de venir al DF, usted transitaría la ciudad en su famoso carruaje.
BENITO: Hombre, aquel carruaje… No, ya no era adecuado. Estos carruajitos motorizados de ahora son muy rápidos y prácticos.
PREGUNTA: ¿Y las muertas de Juárez?
BENITO: ¿Mi madre? ¿Mi esposa?
PREGUNTA: No, mi pregunta es qué se siente que su nombre esté ligado a una ciudad donde ocurren crímenes contra mujeres.
BENITO: No, mire, no es que quiera “salirme por la tangente”; le diré como los políticos de hoy, pero yo con toda sinceridad porque es así: “Lo siento. Desconozco el tema”.

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Asistencia al noticiero radiofónico más oído de la mañana. Al conductor lo acompañan un escritor y, es previsible, dos historiadores críticos o incluso increpantes.
PREGUNTA: ¿Qué nos puede decir del modo en que usted quiso poner en venta parte del territorio mexicano, el Istmo de Tehuantepec, con más exactitud, para favorecer a Estados Unidos en el escandaloso tratado Mac Lane-Ocampo? Eso lo dice la historia.
BENITO: Sobre lo que diga la historia, sólo puedo oponer lo que dice el presente. Ayer estuve en Oaxaca y pasé por el Istmo de Tehuantepec y no vi franquicia alguna, ni protectorado alguno, ni territorio alguno cedido, o vendido, a Estados Unidos.
PREGUNTA: ¿Sí o no iba usted a vender esa parte del territorio mexicano?
BENITO: No ratifiqué ese tratado. Por eso, perdone que tome su pregunta a ironía: le repito que estuve ayer ahí y no vi “territorio norteamericano” alguno; turistas, eso sí. Y alguna muchacha estadunidense muerta de ganas de ser una tehuana-girl.
PREGUNTA TELEFÓNICA DEL AUDITORIO: ¿Qué nos puede decir del episodio “Los valientes no asesinan” con Guillermo Prieto? ¿Es cierto que le salvó la vida y que luego usted tuvo ingratas diferencias con él?
BENITO: Bueno, eso lo contó Memo Prieto y yo no soy quién para alterarle sus Memorias. A él le debo, por cierto, cosas quizá más valiosas que mi vida, porque eran cosas valiosas para México. Por ejemplo su gran probidad como ministro de Hacienda cuando la desamortización de los bienes eclesiásticos. Pero ya le habíamos pagado a Memo con creces. Me refiero al aspecto más personal. Cuando íbamos de un lado a otro desterrados llegamos a Manzanillo una ocasión. Memo Prieto estaba muy enfermo y débil, más enfermo y débil que toda la “familia enferma” como él mismo nos bautizó a esos cuantos que íbamos por ahí, itinerantes y enfermos, en efecto. Entre Ocampo y yo unimos nuestros brazos y le hicimos una especie de silla y lo cargamos para acercarlo al mar, porque no lo conocía, y de otro modo no habría podido conocerlo. Tan débil estaba. Qué tiempos. Sí, yo extraño mucho a Memo Prieto, al escritor, al amigo.
PREGUNTA TELEFÓNICA DEL AUDITORIO: Pregunta la señora Cosme de la Benito Juárez: ¿Fue inevitable el fusilamiento de Maximiliano? ¿No es una mancha en su historial el no haberle perdonado la vida, cuando gran parte del mundo se lo pedía?
BENITO: Eso fue inevitable. Pero tampoco pude evitar otras cosas lesivas para Max. Ya ven por ejemplo cómo es el pueblo mexicano, y reconozco que sí hubo un poco de rudeza innecesaria hacia Max por parte del gran pueblo mexicano. Por ejemplo, como Max era muy blanco, cuando andaba por la ciudad de México la gente gritaba o le gritaba: “¡Ahí viene el pulque austriaco!”. Ah, qué muchachos.
PREGUNTA DEL ESCRITOR: ¿Ha visto usted la pintura El fusilamiento de Maximilano de Courbet?
BENITO: Sí, cómo no. Muy bueno. Ahora, de haber sido yo el fusilado, ¿usted se imagina la maravilla que habría hecho el pintor José Clemente Orozco con mi humilde muerte por la patria? Sólo lo menciono para decir que la historia pudo ser distinta, y el fusilado pude ser yo.
PREGUNTA TELEFÓNICA DEL AUDITORIO: Dice el señor Torreblanca de Constituyentes que ahora en México no hay fusilamientos sino ejecuciones, pero que lo que usted hizo en aquel tiempo con Maximiliano ya fue una ejecución.
BENITO: Ejecuciones… ejecuciones. Palabra curiosa. En mis tiempos las únicas ejecuciones que había eran las ejecuciones matemáticas.

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Visita a la escuela primaria Benito Juárez de la colonia Roma Sur en la ciudad de México. Un niño declama ante Benito, sentado en el presidio con los directores y maestros de la escuela, “Reír llorando” de Juan de Dios Peza (aquello de “Viendo a Garrick, actor de la Inglaterra…”).
MAESTRO DE CEREMONIAS: Niños, ahora pónganse todos de pie porque voy a leerles, del mismo autor del poema que Benito Santaella acaba de declamar, unas breves palabras que resumen gran parte de lo que hizo con sus Leyes de Reforma el gran prócer que tenemos aquí.
BENITO: (Poniéndose de pie y dirigiéndose al maestro de ceremonias; le pide el micrófono y dice): No, no, siéntense niños por favor. Yo los autorizo. Ya son muchos años en que por mi culpa involuntaria tienen que ponerse de pie. Esta vez pueden permanecer sentados. Gracias y disculpe la interrupción, maestro de ceremonias. Siga por favor. (Benito le da el micrófono y regresa a su sitio.)
MAESTRO DE CEREMONIAS (lee): “¿Qué disponían esas leyes? La nacionalización de los bienes del clero secular y regular; independencia del Estado y de la Iglesia; la supresión de las órdenes de religiosos regulares, archicofradías, etc.; el establecimiento del matrimonio civil, haciendo cesar la intervención del clero en la economía de cementerios y panteones; la desvinculación de capellanías y redención de sus capitales; la supresión de muchos días festivos del orden religioso, que entorpecían la marcha de los negocios; la derogación de las disposiciones sobre asistencia del gobierno a funciones religiosas; la disposición para que las casas de comercio pudieran ser abiertas los domingos y demás días festivos. El confesor de un testador, no puede ser su heredero o legatario. El sacrilegio no es ya circunstancia agravante en los delitos. Se deroga el tratamiento oficial a personas y corporaciones eclesiásticas. Y se decreta la libertad de cultos”.
PREGUNTA (a la salida de la escuela): “¿Qué opina de que algunos niños cuando no tienen que estar en la escuela le dicen Beno, por no usar Benito al creer que es un diminutivo cariñoso como ‘Juanito’?, y esto porque usted no a todos los niños les cae bien o incluso los harta como machacado personaje histórico?”.
BENITO: Los niños siempre tendrán la razón. Que hagan lo que quieran con mi nombre. Y se me hace inigualable lo que cantan desde hace muchos años poniéndole letra a la música de aquella habanera (Benito canta, divertido): “Benito Juárez / Vendía tamales/ En los portales/ De La Merced…”. Es inigualable, simplemente inigualable.
PREGUNTA: ¿No atenta contra su imagen?
BENITO: No, contra mi imagen sólo puede atentar la imparcial, la fría posteridad. Pero en materia de estos atentados no me ha ido tan mal en el score, ¿o sí?

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Comida con los presidentes y cúpulas de los partidos políticos de México.
PREGUNTA: Benito, ¿usted es de derecha o de izquierda?
BENITO: Yo soy del Partido Liberal, con afiliación y todo.
PREGUNTA: Pero ¿eso es ser de derecha o de izquierda?
BENITO: Muchacha: eso es ser liberal, simplemente liberal.
PREGUNTA: O sea, de derecha.
BENITO: Liberal, muchacha, liberal.
PREGUNTA: ¿Entonces nos va a salir con que usted también es de centro? Ya todos son de centro.
BENITO: Yo no sé qué sean todos. Yo soy puro liberal. Bueno, no sé si puro, pero moderado en todo caso. Gracias muchacha. Gracias muchachos.

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Visita al Instituto Federal Electoral. “Muy buena reunión”, dirá Benito al salir. “Y esos sistemas cuenta-votos son magníficos”.
PREGUNTA: ¿Es cierto que usted sólo quería reelegirse y reelegirse y reelegirse; que habría sido el primer Porfirio Díaz si no es porque la muerte se le atraviesa?
BENITO: ¿Porfirio Díaz? ¿Dijiste, muchacho, Porfirio Díaz? Gran coronel. Espléndido militar. Sin el coronel Porfirio Díaz el desempeño de nuestras fuerzas nacionales habría tenido algunas deficiencias. No sé qué haya hecho después.
PREGUNTA: ¿Usted sólo quería reelegirse o no?
BENITO: Mire, la reelección es un asunto espinado, o de “corazón espinado”, como dijo Santa Anna. Quiero decir, Santa Anna el bueno, el rockero de Jalisco.
PREGUNTA: Es Santana.
BENITO: Ése. “Corazón espinado”. Muy buena canción.
PREGUNTA: Pero ¿usted quería reelegirse, SÍ o NO?
BENITO: Yo sólo fui presidente de México mientras pude. Y no siempre pude, ¿eh? Gracias muchachos. Debo irme. La agenda aprieta más que ustedes, condenadotes.

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Núcleo de la carta que envía el equipo de colaboradores de Benito Juárez al periódico que puso esta mañana el encabezado Juárez, traidor en relación a la broma que hizo Benito sobre él y el mismo Melchor Ocampo “cuando trabajaban en la fábrica de puros”:
En servicio de la verdad ofrecemos la versión exacta de ese episodio, que Benito Juárez tanto de modo juguetón como por modestia inventó, puesto que nunca le hizo “traición” alguna a Ocampo, ni siquiera “volándose un turno”. Benito nunca faltó a sus deberes, ni siquiera en la fábrica de puros, y por lo demás Ocampo no trabajó en la Cigar Store mencionada. (Ocampo más bien fue ollero durante el exilio en Nueva Orleáns.) La verdad sobre los puros y Benito y Ocampo es que Ocampo le hizo una broma de mal gusto cuando Benito le regaló un puro. “No, señor, gracias”, rehusó Ocampo: “Por aquello de que ‘Indio que chupa puro, ladrón seguro’ ”. Benito le contestó: “En cuanto a lo de indio, no lo puedo negar; pero con lo segundo, no estoy conforme”. Ocampo se deshizo una y mil veces en disculpas y la amistad quedó salva. No pedimos al periódico una disculpa, por su encabezado de hoy (ayer), como las que dio Ocampo. Simplemente que los lectores juzguen si la palabra “traidor” estuvo bien empleada por el periódico que usted atinadamente dirige.

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Visita a la Secretaría de Gobernación.
PREGUNTA: ¿Qué habló usted con el secretario?
BENITO: De todo y nada. Fue una conversación casual.
PREGUNTA: ¿Qué piensa usted del articulista que dijo que usted no cesa de revolcarse en su tumba, o ahora mismo, por ver cómo se conducen los políticos de hoy?
BENITO: ¿Revolcarme, yo, que fui adjetivado “el impasible”? ¿Revolcarme,por qué? Mi humilde legado es irreversible. Bueno (riéndose), irreversible si ustedes, con estos carruajes modernos, no deciden “meter reversa”.
PREGUNTA: ¿Y la masonería?
BENITO: ¿Los amantes del abogado Perry Mason? ¿Han repuesto esa serie en la tele? Desde mi corta eternidad yo nunca me la perdía.
PREGUNTA: No, que si es usted masón.
BENITO: ¿Masón? Dios mío, qué cosa más anticuada. Hace siglos que no oía esa palabra. ¿Y los Caballeros de Colón? ¿No me diga que todavía existe eso? Ya desde mi época esas divisiones eran tan arcaicas como cuando López Velarde habla en sus versos de los “católicos de Pedro el ermitaño” y los “jacobinos de la era terciaria”. Gran poeta López Velarde, ¿eh? ¿Lo han leído?

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Aparición televisiva en el talk-show con variedades artísticas de la noche. Mientras suenan los acordes del danzón “Juárez” vemos en la pantalla al
CONDUCTOR: No me lo van a creer. Es-que-NO-me-lo-van-a-creeeer. Nuestro invitado de hoy es cosa aparte. Démosle la bienvenida al Banana Split de la Soberanía, al Ubicuo Diyéi de la Justicia, al Cultivador de la Azucena en el Jardín de las Turbulencias; al Chaplin, al Pelé, al Nijinski, al Caruso, al Juan Camaney de la Historia: ¡Don Benito Juárez!
Benito aparece entre aplausos, silbidos y gritos y se dirige al sillón de los invitados. Mientras le ponen el micrófono Benito saluda al público blandiendo las manos y abrazándose él mismo para dar a entender que los abraza a todos.
CONDUCTOR: ¿Qué se siente esta recepción, don Benito? ¿Qué se siente estar aquí hoy con nosotros?
BENITO: Si me permites usar la tercera persona del singular, muchacho, diré que para el Benemérito es un Beneplácito.
CONDUCTOR: ¡Así se habla don Benito!
BENITO: Gracias muchacho. Oye, qué buena música sonaba cuando entré. ¿Qué era?
CONDUCTOR: ¿Cómo? ¿No me diga que no la ha oído? ¡Pero si es su danzón! ¡El dedicado a usted mismísimo!
BENITO: No, no lo he oído.
CONDUCTOR (al staff de producción): A ver muchachos pongan el danzón otra vez. En la parte cantada.
Oímos entonces: “Juáaarez, no debió de moorir, ay, de moorir… Porque si Juárez no hubiera muerto…”
BENITO (sonriente y fingiendo incredulidad): ¿Qué pasó? ¿Qué ya me mataron?
CONDUCTOR: De ninguna manera, don Benito. Es la prueba de que sigue usted vivo como nunca.
BENITO: No, pues qué buen danzón. Gracias a todos.
El programa transcurre con preguntas sobre temas de vida cotidiana, de cómo lo han tratado durante su estancia, etc. Quince minutos antes del final:
CONDUCTOR: Don Benito. Agárrese porque le tenemos una gran sorpresa.
BENITO: ¿Sorpresa? Me dan miedo las sorpresas, muchacho. No me gustan. Recuerda los tiempos que viví.
CONDUCTOR: ¿Pero sí le gustan las serenatas o las cantadas?
BENITO: Supongo que sí, aunque nunca tuve tiempo para eso.
CONDUCTOR: Pues ahora lo tendrá, don Benito.
Se oye un mariachi con los primeros acordes de la canción “Llegando a ti”. Por el lado derecho del estudio televisivo vemos entrar a la cantante LOLA BELTRÁN quien comienza a entonar:
LOLA: Poco a poco me voy acercando a ti…
Y por el lado izquierdo vemos entrar a JOSÉ ALFREDO JIMÉNEZ, quien canta a su vez:
JOSÉ ALFREDO: Poco a poco, la distancia se va haciendo menos…
Se van acercando y se miran a los ojos mientras cantan a dúo:
LOLA y JOSÉ ALFREDO: Yo no sé si tú vivas pensando en mí…
Ahora se voltean hacia Benito mientras completan:
LOLA y JOSÉ ALFREDO: Porque yo, sólo pienso en tu amor y en tus besos…
Al fin de la canción se dirigen al sitio donde está Benito, que aplaude y luego los saluda:
BENITO: ¡Lola! ¡José Alfredo! ¡Qué maravilla! ¡Están ustedes vivos, o en vivo! ¿Cómo se dice?
LOLA: Las dos cosas: vivos y en vivo como usted, don Benito.
Sigue un intercambio de saludos y palabras de admiración; luego LOLA y JOSÉ ALFREDO se levantan, van al escenario y dicen que le dedicarán la siguiente canción, con todo cariño, a Benito. Y cantan a dúo:
LOLA y JOSÉ ALFREDO: Solamente la mano de Dios podrá separarnos… Nuestro amor es más grande que todas las cosas del mundo…
Al terminar, invitan a Benito a unirse a ellos para cantar una canción. Benito se rehúsa tímida y amablemente pero el público empieza a exigirle que cante. Benito va al escenario y se coloca entre LOLA y JOSÉ ALFREDO.
JOSÉ ALFREDO: Don Benito, háganos usted el favor de acompañarnos con “El Rey”.
BENITO: Ésa no, muchacho. Es una gran canción, pero como que no es adecuada para mí.
LOLA: No sea modesto, don Benito. ¿Quién mejor que usted para cantarla?
BENITO: No, muchacha, de veras. Se vería mal de mi parte. Y aquello del “trono y la reina” y lo de “y mi palabra es la ley…” como que se prestaría a malentendidos republicanos. En cambio…
LOLA y JOSÉ ALFREDO (entusiasmados y solícitos): En cambio, ¿qué, don Benito?
BENITO: En cambio, ¿me podrían complacer… perdón: nos podríamos complacer con “Un mundo raro”?
LOLA: ¡Sus deseos son órdenes, don Benito!
JOSÉ ALFREDO: ¡Y sus órdenes son nuestro deseo! (al mariachi): Muchachos, ya saben cuál.
Empiezan a cantar.
LOLA: Cuando te hablen de amor y de ilusiones…
JOSÉ ALFREDO: Y te ofrezcan un sol y un cielo entero…
GRITO DE UN MARIACHI: ¡Éntrale, Benito!
BENITO: Si te acuerdas de mí, no me menciones… Porque vas a sentir amor del bueno…
Siguen cantando alternamente toda la canción hasta concluir en trío:
LOLA, BENITO y JOSÉ ALFREDO: …Cuando te hablen de amor… yyy de iiiluuusiooooneees…
El conductor cierra el programa:
CONDUCTOR: ¿Qué podemos decir? ¿Qué-po-de-mos-de-cir? Sólo esto: Ojalá que les vaya bonito, que diga: ¡benito!

FIN DEL DOCUMENTO n

 

Un comentario en “Benito en campaña

  1. Excelente artículo, ingenioso y digerible, me gusta; vaya que la historia nacional es divertida….