No resulta nuevo decir que uno de los anhelos masculinos más comunes, prueba inequívoca tanto de nuestro morbo como de nuestro ego, es saber qué opinan realmente las mujeres de nosotros. Lo podemos columbrar o intuir, por supuesto, sobre todo si llevamos una relación de pareja signada por la complicidad y la franqueza, pero no me equivoco al afirmar que siempre habrá -y por fortuna- una zona que nos estará vedada y que forma parte del encanto, del enigma femenino.
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