Contemplar la trayectoria larga y prolífica de la indomable Elena Poniatowska inevitablemente me lleva a pensar en su edad. Me asusta la idea de la muerte de Poniatowska, en parte porque perderemos a una pensadora importante por su escritura y su activismo. Esa ausencia me asusta por otra razón. Un panteón de héroes nacionales al día precisa de una mexicana del siglo XX a quien reverenciar, una que no se volviera loca ni puta ni adicta ni fuera políticamente ambiciosa.
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